viernes, 4 de septiembre de 2009

LA PRIMERA VEZ

Desde la década del 80, cuando Carlos Campelo empezó esta “movida” de los talleres, la llegada de los vecinos que venían por primera vez al programa (bueno, en realidad entonces no era aún un “programa”) fue muy importante y marcaba un estilo de recepción muy particular.
No voy a historiar demasiado acerca de cómo se recibía a los “nuevos”, pero diré que siempre se trató a quienes se arrimaban al hospital y a los grupos de manera respetuosa aunque, convengamos, no muy tradicional. Esto significa que siempre se vio a los “llegantes” como potentes y respetables y no como pobres quejosos, impotentes ante sus circunstancias.
Generalmente desde siempre se convocó a los recién llegados a grupos de orientación, en los que se transparenta lo que “sintonizan” (o no) el programa con las expectativas que ellos traigan.
Cuando esas expectativas no se cumplen, es decir: cuando lo que los aspiran encontrar no coincide con lo que el programa propone, ocurren dos tipos de fenómenos:
1- Con desilusión y a veces bronca, el vecino se retira del grupo con la idea de que se equivocó o, inclusive, que el programa está equivocado por ser como es y no cumplir con su idea de lo que es un Programa de Salud Mental Barrial.
2- La persona deja caer sus expectativas y siente algo fundamental: curiosidad por saber de qué se trata la cosa. En esos casos, muchas veces los vecinos que sienten ganas de conocer más del programa encuentran (así lo dicen muchas veces) alternativas que ni se les había ocurrido y que los benefician inclusive más de lo que hubieran pensado en un principio.

No hay un modelo de “primera vez”, sino que cada uno diseña esa instancia, sin darse casi cuenta, a partir del cómo ha vivido antes y qué actitudes adopta frente a las cosas.
Aquel que desea que el mundo gire en su derredor pretenderá que el programa actúe según su criterio y a veces hasta sentirá como una ofensa el hecho de que no se le de tanta bolilla a sus ideas de cómo son las cosas. Aquel que ha tenido una actitud receptiva y curiosa en su vida seguramente encontrará más facilidad para escuchar lo que se le dice, sin considerar que eso es una ofensa por no dar con el perfil de lo que pensaba que la cosa debía ser.

A la vez, como programa de vecinos reunidos en derredor de una idea solidaria de la Salud Mental, aprendemos con aquellos que, viniendo por primera vez, a veces con sus dolores a cuestas e inclusive aturdidos por algunas cosas que les pudiera haber pasado, aún así, digo, sacan fuerza de flaquezas y se la juegan para traerse con autenticidad.
Ellos, los nuevos, nos despiertan del letargo de escucharnos siempre a nosotros mismos diciendo las mismas cosas, generando códigos de palabras que, por el hecho de ser repetidas como letanía, corren el riesgo de perder su savia.
Los valores del programa habitan a veces en formas del decir que sólo en apariencia no coinciden con lo que solemos enunciar que las cosas son. Poder recibir a los nuevos, con esa mirada fresca y a veces dura sobre el programa es algo que vitaliza, despierta, rejuvenece, sea o no justo lo que se diga, sea o no sabio y, también, sea o no dicho con “buena leche”.
Antes venían más nuevos que ahora. Desconocemos las razones. En épocas pasadas, sea por las crisis económicas, por ciertas condiciones sociales de aquellas épocas, porque éramos más “locos” o porque éramos novedad para los medios y éstos nos ubicaban siempre en lugares mediáticos de privilegio, los grupos de orientación estaban más “llenos”. Hoy en día, más gente viene directo a los grupos de base, quizás ayudado ésto por la existencia de nuestra página web, que está funcionando, junto al lindo Blog que armó Graciela Contreras, muy pero muy bien.
En estas circunstancias, en el Comité de conducción sentimos muchas ganas de agrandar la familia con más vecinos que vengan a participar de lo que tanto disfrutamos y que disfrutaremos más aún con lo que, quienes vengan por vez primera, traigan como novedad.
Estamos con ganas de seguir revisando si tenemos puertas cerradas, si está en nuestra órbita generar una fiesta de la salud comunitaria de tal luminosidad que le de ganas a más vecinos de venir a sumarse a ella. O si es una cuestión de ciclos que van más allá de nosotros. No es que nos falten compañeros de ruta, es que nos sobran ganas de compartir con la gente de Buenos Aires y alrededores lo que día a día tanto bien nos hace.
El Programa honra su propia ética. Es como un gran taller y, como tal, revisa sus maneras y su deseo convocante. Cuando un coordinador abre un taller, generalmente éste se llena con gente, o no, a partir de la índole del deseo que ese coordinador tenga.
En ese sentido, y de igual modo que lo hace un taller que quiere potenciarse con los que vienen por primera vez, estamos con ganas de poner en alto la lámpara para que sea vista por más gente. Y la luz que genere esa lámpara tendrá la intensidad de nuestro propio deseo, de nuestras ganas de compartir y escuchar la palabra fresca del recién llegado para darle la bienvenida.
Al fin y al cabo, cada día es una primera vez para quien sabe darse cuenta. No importa si somos o no “dinosaurios” del programa, la frescura la tendremos, o no, de acuerdo a cómo abramos la puerta a la curiosidad respecto de los otros vecinos nuevos, que se arrimen a nuestro hospital, sepan valorar lo que encuentren y se sientan en casa.


MIGUEL ESPECHE
Coordinador General PSMB

2 comentarios:

  1. Leyendo la editorial "La primera vez", me da gusto comprobar que formo parte del fenómeno 2.
    Mi "primera vez" en el Programa fue meterme directamente de lleno en un curso- taller de coordinadores. No había tenido contacto alguno con talleres de base ni orientaciones. Sabía del Programa por la TV y allí fuí, en un malón de 8 o 10 mujeres recien recibidas de psicólogas sociales. De ese grupo solo quedamos la mitad. Confieso que no me demandó mucho esfuerzo dejar caer mis expectativas, la curiosidad me atrapó y, en aquel momento sin saberlo (ahora lo sé), ya compartía mucho de lo que Campelo predicaba. Como dirían mis hijos quedé "flasheada" con la propuesta.
    Lo que siguió después fue una experiencia de vida única y riquísima. Aprendí que el Programa si bien recibe a todos, no es para cualquiera. Las personas con egos muy gordos, por ejemplo, no encuentran su lugar en él, porque no hay lugar en sus corazones o no perciben cuando se les brinda una mano hospitalaria. Quizá ese fue uno de nuestros aprendizajes en todos estos años.Saludos. Maria Emilia

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