martes, 6 de septiembre de 2011

PACIENTES

Hace unos minutos mantuve contacto con una periodista que me preguntaba acerca del rol estigmatizador de los diagnósticos psicopatológicos. A la vez, me pedía que procurara testimonios de asistentes a nuestro programa que hubieran recibido alguna vez un diagnóstico de esa naturaleza y ahora hubieran “salido” de la situación psiquiátrica, trascendiendo la misma a partir del hecho de no quedarse “pegados” a una palabra que los definiera de por vida como inhábiles.
Ante el pedido de la amable periodista, me sentí un tanto desconcertado. Es que, me dí cuenta, no se si los asistentes a los grupos tienen o no diagnóstico en su “foja de servicios de vida”, casi por la misma razón por la que desconozco muchas veces a qué equipo de fútbol apoyan como simpatizantes. Ocurre que, en general, no viene al caso, y por eso el vínculo con los integrantes de los grupos tiene un enfoque centrado en lo que se comparte, lo que se hace, lo que se siente, y no tanto en lo que se trae como historia clínica.
No es que en el Programa estemos en contra de los diagnósticos, sólo que no los usamos porque no sabemos qué hacer con ellos. Por eso, ni preguntamos sobre la cuestión y, en general la gente prefiere decirnos su nombre antes que el diagnóstico que hayan recibido alguna vez por parte de algún profesional de la salud mental. Bueno...me corrijo, a veces sí, hay quienes prefieren decir que son depresivos, bipolares, esquizofrénicos y ese tipo de cosas, antes que darnos su nombre, pero acá, en el barrio pirovanense, preferimos nombres, porque de eso entendemos, aunque no tanto de nomencladores que sirven generalmente más a los profesionales que a los vecinos.
Es por eso que poco estoy pudiendo ayudar a la periodista a la hora de recurrir a vecinos que hayan recibido diagnósticos y ahora ejerzan su salud en el Pirovano o en donde sea. Eso se debe a que no conozco ese aspecto de su historia y porque, a mi entender,  llamar a un vecino para que diga que, aunque en otros espacios sea catalogado de loco, neurótico, bipolar etc.  en realidad es una persona y, como tal, tiene una dignidad y una vida, paradojalmente lo pone en un lugar en el que aparece como un “enfermo redimido” más que como “sano gozador de la vida”, tal como es el título que preferimos ofrecer a los que vienen a nuestros talleres.
Es verdad que conozco en nuestra historia muchos casos de personas que al ser tratadas como vecinos potentes y no como pacientes impotentes, o como personas que tienen deseos y asumen responsabilidades y no como víctimas de su vida, víctimas de su inconciente o víctimas de lo que sea, han podido y, sobre todo, querido, hacer cosas muy lindas, de esas que se suele creer que los “enfermos mentales” no hacen. Pero el conocimiento de esa situación es lateral ya que, en realidad, lo sustancial es que esos compañeros y compañeras hicieron lo que querían hacer (por ejemplo, talleres, eventos, generar vivencias compartidas, etc.). El hecho es importante y para ello ayudó mucho el acompañamiento de un programa que promueve su salud y poco sabe de su enfermedad, pero más importante es que “la enfermedad no impide la salud”, como bien se dice desde hace décadas en nuestro programa y que la salud de esos vecinos implicó que hicieran las cosas que querían hacer junto a gente que los trató como se trata a la gente sana, no a la gente impotente.
Creo que la periodista me va a entender. Se dará cuenta de que prescindir de diagnósticos médicos es eso: prescindir de ellos. Seguramente hable con ella y le comente las cosas lindas que pasan cuando nos manejamos desde la salud, lo que, insisto, no es ir en contra de los sistemas profesionales que usa la Salud institucional para cumplir con lo suyo, sino que es un ir a favor de la libertad de las personas para poner en juego su deseo, potenciando el mismo a través del contacto solidario con los otros.
Esos “otros”, o, al menos, algunos de ellos, se encuentran en los grupos del Pirovano, unidos en la voluntad de potenciar ganas y acompañamiento.
Será por eso que cada día son más los profesionales de la salud mental que sugieren a sus pacientes a que vengan a los grupos del Pirovano, sabiendo que la red social/vecinal es esencial a la hora de humanizar a quien sino quedaría preso de sí mismo. Saben esos profesionales que acá esos pacientes dejan de serlo, por suerte, y pasan a ser agentes y promotores de su propia salud y de la de los otros con los que se vinculan.
El título de vecino es más pleno que el diagnóstico, sin dudas, y abre juego a  un juego mucho más entretenido que en nuestro Programa estamos con ganas de seguir jugando junto a todos los que se quieran arrimar al fogón. 

MIGUEL ESPECHE
Coordinador General

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