martes, 13 de diciembre de 2011

LOS CONFLICTOS EN LOS TALLERES

Cada tanto en nuestros talleres se arma jaleo. Le pasa a todo el mundo y nuestros grupos no son la excepción. Disensos, algún desubicado o desubicada que ejerce violencia, celos, competencia, rencores que se acumulan, maneras feas de plantear desacuerdos o lo que sea, son algunas de las formas que toma ese movimiento sísmico en un grupo que, como humano que es, no está excento de este tipo de circunstancias.

En el programa consideramos que está bueno que eso pase. No tememos el “despelote” ni remotamente. No le tenemos miedo porque tenemos mucha confianza en nuestra capacidad de digerir esos “despioles” y transformarlos en material fértil para nuestro crecimiento personal y comunitario.

Tenemos un dicho bien añejo de nuestro programa que es “juntos aunque no estemos de acuerdo”.

Es una frase que nos ha permitido no sólo atravesar “despioles” varios, sino salir enteros, contentos y enriquecidos de esos conflictos tan humanos y, a veces, tan difíciles.

El deseo de estar juntos hace la diferencia a la hora de los conflictos. El acuerdo en lo que hace a ideas, enfoques, perspectivas, etc., es secundario en relación al deseo de permanecer unidos como vecinos. Ese deseo de estar juntos, que es una entidad en sí mismo, inevitablemente nos lleva a aceptar que lo que el otro dice o hace tiene algo que ver con nosotros. No nos es ajeno eso que el otro dice o actúa porque, convengamos, por algo (y sobre todo, para algo) será que estamos con ese otro allí, en ese grupo.

Ese “por y para algo” tiene que ver con conocernos más, ampliar la conciencia y salir de nuestra soledad llena de razones implacables que, sin embargo,  nos llevan al infierno.

También se relaciona con  redescubrirnos como vecinos de alguien, prójimos, saliendo del exilio en el que tantas veces sentimos estar cuando creemos estar solos con nuestros temas más íntimos, como si a nadie más le pasara.

En clave solidaria (sin eso, no), los otros que nos acompañan en las experiencias grupales nos devolverán, directa o indirectamente y a modo de espejo, aspectos nuestros que antes ignorábamos y  que podremos usar para conocer más lo que somos.

Es más fácil la resolución de conflictos cuando uno está con más ganas de aprender que de ganar una competencia. Es más fácil dar cauce a un desacuerdo cuando lo que el otro muestra es tenido en cuenta y genera, aunque sea, curiosidad y nos “dejamos habitar” por lo que expresa, al menos, por un rato.

El conflicto muchas veces surge de creer que una mirada  sobre algún tema determinado entra en combate con otra puesta sobre la mesa por algún compañero. En realidad, muchas veces lo que pasa es que la Verdad es algo tan pero tan grande que, como humanos que somos, sólo vemos una parte de ella, y los otros ven otra parte de esa misma verdad. Es cuestión de tiempo, paciencia y curiosidad el percatarse que muchas veces estamos entrando a la misma casa por diferentes puertas.

En ese sentido y en línea con lo antedicho, acá en el programa decimos que en los grupos apostamos por la “conciencia ampliada”, que es la noción de que el otro acrecienta  mi conciencia, no la combate ni la sustituye.

La idea de pic nic es muy útil para la utilización fecunda de los conflictos que surjan en los talleres. Cada uno pone lo que trajo  sobre la mesa y todos se sirven, o no, de acuerdo a su deseo. No hay por qué convencer, eliminar o ganarle al otro....hay lugar para todos lo que realmente deseen compartir y crecer en conciencia.

El límite de este juego solidario está en la buena vecindad, el optimismo respecto de lo útil que es estar juntos, en la buena fe, en la capacidad de autocrítica y la solidaridad a la hora del compartir. Los coordinadores van viendo, con mucha ayuda de todos, quienes están tejiendo pedazos del alma con los compañeros de ruta para hacer el gran telar comunitario. También los coordinadores protegen al grupo de  quienes están “viajando de colados”, viendo en los otros “cosas” manipulables, cesto de basura donde largar lo propio sin siquiera pretender reciclarlo en el compartir generoso.

A eso último que hacen los coordinadores lo llamamos “cuidar el programa”. No es que se expulse gente del mismo, sino que en todo caso, lo que se hace, cuando hay algunos que toman al otro como objeto y no como persona, es certificar que esa persona en cuestión nunca entró en lo que es el espíritu del programa. No se lo expulsa, es que nunca entró.

En estas líneas solamente compartimos algunos de los muchos apuntes posibles respecto a cómo se llevan adelante los conflictos en el programa. Creo que hemos logrado algo muy original en ese sentido: un respeto recíproco que forma parte de nuestra cultura pirovanense y que pocas organizaciones sociales han logrado, y eso merece orgullo de nuestra parte.

Todo sirve para crecer, de allí que “todo está bien si estamos dispuestos a revisarlo” junto a nuestros compañeros.

El espíritu del programa es generoso, tanto como la generosidad del barrio. En la medida que sigamos perseverando por este lado, todo seguirá fluyendo de manera saludable, reciclando los conflictos y entreveros, convirtiéndolos en terreno sobre el cual como comunidad vamos a seguir sembrando nuestros mejores sueños, para cosechar lo mejor que somos: gente que goza de la vida al ir dejando atrás la esclavitud del miedo que el aislamiento propicia.  


                                                                                          Miguel Espeche

                                                                                      Coordinador General

1 comentario:

  1. En el Agedrez cuando se termina de jugar los peones y el rey se guardan en la misma caja. Frase encontrada en facebook jajajja Cada uno vera que se lleva y que pone .
    Claudia Florido

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