sábado, 15 de diciembre de 2012

LIDERES Y SEGUIDORES


En nuestro programa damos mucha importancia al rol que ocupa y juega cada uno de los que participan en la red de talleres.
Lo hemos dicho muchas veces y es motivo de cotidianas charlas en los diferentes grupos: nos parece importante que el coordinador coordine, el ayudante ayude, que el usuario use en clave vecinal los talleres…cada uno en su lugar, atendiendo su juego, para jugar un juego conjunto  y más abarcativo que nos parece muy interesante y grato.
Cada lugar tiene la respetabilidad inherente a la condición humana y comunitaria de los que comparten la fiesta pirovanense. No hay superiores ni inferiores, pero sí los hay diferentes: personas que marcan, a través de su función, el lugar que les corresponde en la sinfonía.
En relación a lo antedicho, quisiera comentar que mirando las ofertas de cursos que existen en nuestra ciudad de Buenos Aires, percibí la innumerable cantidad de los que apuntan al tema del Liderazgo, así, con mayúsculas. Liderazgo de esto, liderazgo de aquello…todos los cursos apuntan a ser caciques, sin que parezca demasiado prestigiado el rol de indio, ya que no ví ningún curso ni libro acerca del arte de obedecer, de seguir, de aceptar el rol de subordinación, de ayudantía…., nada de nada, al punto que, en realidad, me da la impresión que los roles mencionados, que no son referidos al del liderazgo, son sinónimos de algo feo, servil, bajo, tonto, obsecuente, perdedor, etc.
Alguna vez me impresionó que Carlos Campelo trajera a modo de ejemplo para la tarea de nuestros talleres aquella frase que aparecía en el Poema del Mio Cid que decía “Qué buen vasallo sería si tuviera buen señor”. Me impresionó aquel relato que traía Campelo  porque poco y nada se han valorado  roles que no sean los de “jefe” de algo, como si “ontológicamente” fuera superior ser jefe que, por ejemplo, subalterno o, como decimos en los talleres, como si ser cacique diera una categoría esencialmente superior a quien cumple ese rol, que a quien es “indio” y cumple con otro rol, igualmente respetable, dentro de un grupo determinado.
 Es en el Programa nuestro que he visto elaborar de la más profunda manera el rol de aquel que no manda, pero no por ello se torna objeto inerte de la voluntad ajena, sino, por el contrario, honra profundamente su  propia voluntad desde el lugar que ocupa y en el que profundiza, sin anhelar el lugar del otro. Perseverar en el rol que toque, sea de cacique o de indio, nos hace crecer y encontrar recursos que no son los de desear usurpar el lugar ajeno sino enaltecer el propio, para que nuestro deseo sea parte de la función.
En diferentes ámbitos se tornaron insultantes algunos adjetivos que, de por sí, no son ofensivos ni mucho menos. Vuelvo al tema del Cid Campeador, que siendo “vasallo” de un rey, y sin jamás pelearse contra ese lugar que deseaba ocupar, desde hace siglos sigue siendo valorado como mito fundacional de la cultura hispana.
Ser “obediente”, por ejemplo, para muchos es sinónimo de ser “obsecuente”, lo que da por tierra la capacidad humana de obedecer, es decir, desvirtúa esa capacidad al verla como servil o claudicante en sí misma, lo que nos permite entender muchos de los problemas de organización que tenemos en Argentina.
Por eso, para nosotros no se trata de decir “cuando sea grande voy a ser coordinador, pero ahora me contento con ser ayudante”, sino que consideramos de igual importancia y jerarquía ambos roles, si bien sus atribuciones son diferentes.
Por esa causa tenemos, por ejemplo,  talleres en los que el coordinador y uno de los usuarios invierten roles en otro grupo. Como se entiende que se trata de cumplir funciones y no de ser uno “superior” al otro, esto se puede desplegar y, de hecho, se despliega, sin que existan mayores problemas.
   Con la dolorosa y desvirtuada noción de poder que generalmente tenemos, es entendible que todos crean que ser jefe es algo bueno, y  que no ser jefe es algo malo. En realidad, ambas cosas son buenas en esencia, aunque, como todo en la vida, se puede desnaturalizar y pervertir la función: tanto la de jefe como la de subordinado. No es la función, sino su mal uso lo que hace que sea “mala” la cosa.
Coordinar un grupo no es manipular un grupo, sino conducirlo, ofrecerle ritmo, eje, orden, referencia, enlace con el programa, nombre….No se trata de tener “personal a cargo” sino de poner las velas bien puestas y el timón bien rumbeado para aprovechar los vientos que trae la energía de los vecinos concurrentes. No se domina, se coordina, un grupo y, además, se lo anima.
En éste último sentido, la animación (el “ponerle alma” al asunto) es la parte intangible del rol de quien genera y comparte un taller desde su lugar de conducción. Ponerle alma al taller es tener contacto con la propia, y no es muy recomendable suscribir una idea de “dominio” (en el sentido de “cosificar” al otro) si es el entusiasmo lo que se desea compartir en el grupo en cuestión. Recordemos que, sin entusiasmo, los vecinos se van, y es bastante perspicaz la gente a la hora de percibir quién la respeta y quién la ve solamente como público a ser manipulado.
Creo que alguna vez he hecho mención a la ocasión en la que me dijeron algo así como “Llevá a tu gente a tal lugar”, con ánimo a hacer algún tipo de movilización. Yo siempre he respondido: “no soy un general, que manda tropa a cumplir una orden, independientemente de la voluntad de esa tropa. Soy un coordinador de voluntades, no un manejador –y menos- un generador de voluntades”. Es que el coordinador puede influír pero no generar los actos y deseos de los que asisten a su taller y se subordinan a su autoridad dentro del accionar del grupo. De hecho, la autoridad del coordinador refiere a su práctica y al orden fáctico dentro del taller, pero no avanza sobre el sentir de sus coordinados. Por eso, no se “lleva” gente a ningún lado, sino que se comparte con ellos en los talleres, organizando, vivenciando, sintiendo, deseando, todos juntos, y desde el lugar de cada uno, en clave de solidaridad.
Mucho hay y habrá para decir sobre estas cuestiones. Pero lo mejor es ir directamente a los talleres a vivirlas en carne propia, aprendiendo que el propio lugar es el que está bajo nuestros pies, ya que es desde allí que emprendemos el camino, siendo, entonces, el punto del poder que tenemos para ir avanzando.
Jugando desde nuestro rol de líderes o subordinados, acá en el programa todos somos potentes. Lo somos porque vamos creando nuestro propio lugar sin propiciar envidias ni confusiones respecto a las diferentes funciones. Lo hacemos desplegando nuestro juego, para crecer en un  bienestar que es solamente posible cuando amamos lo que hacemos junto a los vecinos que nos acompañan en el camino.


                                                           MIGUEL ESPECHE
                                                     Coordinador General PSMB

4 comentarios:

  1. El espíritu de Campelo30 de diciembre de 2012, 23:56

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  2. Todos los que formamos parte del Programa y lo queremos, sabemos el rol que cumple cada uno... y sabemos el rol importantísimo que cumple Miguel en él... tan importante como el que cumple cada vecino que participa! Estoy segura de que el verdadero "Espíritu de Campelo" esta muy contento con el desarrollo que ha tenido el Programa hasta acá!

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  3. mmmmmmm......el espirutu de Campelo jajjajaj tenemos espiritismo tambien. Este es un programa con mucha diversidad jajjaja
    Yo lo unico que puedo dar testimono de Campelo vivito es cuando eligio a Espeche para continuar su obra, ese fue su deseo y me siento feliz de su eleccion y asi acompaño a dos grandes hombres que la vida me puso en el camino. Tambien recuerdo cuando el maestro Campelo decia algo asi de no caer en eso de pensar que alguien es enfermo o hijo de puta que se puede ser las dos cosas al mismo tiempo.No se porque me acorde de esto ahora. Bueno esto es un programa de salud mental barrial no ? buen 2013 para todos los vecinos , mucho amor y armonia . Seguimos participando !!!! Claudia Florido

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  4. El espiritu del Programa es el honrar el lugar que cada uno elige ocupar en la vida....esa fue la idea de su fundador y sigue siendo para nostros luego de casi 30 años. Estoy feliz de pertenecer a este grupo de gente y les deseo a todos que tengan un buen año 2013 y que sigamos compartiendo juntos esta vocacion por lo barrial, la salud y lo público. Emilia Holmberg

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