domingo, 6 de septiembre de 2015

CARLOS CAMPELO NOS SIGUE ACOMPAÑANDO

Editorial
CARLOS CAMPELO NOS SIGUE ACOMPAÑANDO

Otro año más ha pasado desde aquel 15 de septiembre de 1997, cuando nos dejaba Carlos Campelo.
Es extraño, parece que fue hace tanto, y a la vez son tan vívidos los recuerdos de la parte de su vida que  compartió con nosotros, allá por los tiempos iníciales del Programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano.  

Desde aquel día, hace ya 18 años,  muchísimas personas se integraron a nuestro programa sin saber quién era aquel hombre que se nombra tanto en los talleres  y cuyas frases reales, y a veces apócrifas, nos tutelan cada día generando esa sensación  que nos sigue acompañando tras tanto tiempo de fallecido.

En general hemos sido sobrios en el recuerdo de su persona. Es que creo que es un deber priorizar la vitalidad de su legado expresado en actos, por sobre la noción “bronce” de su personalidad. A Carlos le gustaba ser reconocido, pero más le gustaba saber que su legado era una red comunitaria sustentable, que marcó y sigue marcando época dentro de lo que es la Salud Mental Pública de nuestro país. Por eso creo que la más noble y genuina memoria de Carlos Campelo se expresa en el hecho de que la red que fundó sigue vigente y saludable, en sintonía con su ética, la que ve al ser humano como un ser potente y deseante, unido a los otros de manera esencial a través de la “buena vecindad”.

Todavía cuesta imaginar desde dónde pudo sacar Carlos las fuerzas para ser tan original en su enfoque y en la puesta en práctica del mismo, dentro del paisaje de las instituciones ligadas a la salud mental en la órbita comunitaria. Para quienes nos interesa el trabajo desde la potencia ciudadana en clave de salud mental, es apasionante entender que, en un medio en el que lo comunitario muchas veces se asocia a la victimización y a la carencia, Carlos Campelo propuso hablar de lo que se puede, de lo que se tiene y, sobre todo, de lo que se quiere, a la hora de describir a una población que, aunque con problemas, no deja de ser saludable. Menos lucha, más gestación, civismo, ética, ganas, presencia, ley, amor… con esas u otras palabras similares en espíritu, Campelo generó una red que navega aun hoy  en esos valores, acumulando décadas con  gran entusiasmo.

Campelo en aquellos tiempos se las tuvo que ver también con el paradigma privatista de la Salud Mental, que veía en toda acción comunitaria un potencial  “filón” para derivar pacientes hacia consultorios individuales y pagos, como si esos nichos fueran la única manera de lograr salud. Él fue de los que prestigió el trabajo grupal y vecinal, promoviendo la salud desde un enfoque mucho más integral y abarcativo que el meramente asistencialista y profesionalista.
Demoraron los profesionales en darse cuenta de que promover la salud a través de una gesta solidaria de acompañamiento y ayuda recíproca no atenta contra nada, simplemente sintoniza con la esencia de la red anímica de cualquier pueblo, y desde allí, si alguien quiere hacer terapia, pues la hará, sin que jamás su participación en un grupo lo impida.
A la vez, como digo arriba, Carlos  navegó sin ahogarse entre voces que clamaban por lo popular, pero viendo en este concepto una lucha desde la queja y la descripción minuciosa de la impotencia, más que una acción ciudadana de solidaridad y afecto que pone en el compartir anímico la esencia de la salud comunitaria.

Campelo habló siempre de “gente pudiente”, lo que lo hizo sospechoso en los medios habituados a la condescendencia y a la victimización como rasgo de identidad de todo lo popular. Descubría el poder de la gente, ese poder cotidiano, franco, íntimo, básico, rotundo, que se ve en los grupos, en las acciones y afectos compartidos, y en la capacidad de potenciar el deseo de todos, que es lo mismo que potenciar las ganas de vivir, de crecer, de amar y trabajar para desplegar el alma en acción.
Describir a una persona o a un pueblo no es describir sus impedimentos y flaquezas solamente, sino sus deseos y posibilidades,  aun en medio del más adverso de los escenarios. Por eso creo que Carlos Campelo está todavía en vías de ser descubierto en su real dimensión, y será valorado del todo cuando no solamente se lo conozca por aquel que hizo los “talleres del Pirovano” sino como alguien que fue y sigue siendo uno de los pocos que, décadas atrás y cuando nadie promovía ese tipo de miradas, salió del discurso inteligente pero agobiado de la impotencia, para descubrir, aun dentro del dolor y la dificultad,  la semilla de salud que nos constituye.
Los que no lo conocieron, ven su obra y en ella descubren su espíritu. Lo ven también en la red de talleres, y en la vida misma, cuando ésta es percibida con los ojos del optimismo, la solidaridad, la capacidad de autocritica y la buena fe, valores del compartir que nos permiten estar juntos con entusiasmo.

Los años transcurridos nos corroboran que en ese estar juntos encontramos el sentido profundo de todo, sentido que no es una idea, sino una experiencia llena de vitalidad, sencilla, honda, cotidiana, trascendente y….linda, como un taller,  creado para compartir, pasarla bien, y oxigenar el alma al salir de la soledad,  junto a nuestros vecinos.

 MIGUEL ESPECHE
 Coordinador General

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