lunes, 19 de septiembre de 2016

LO QUE SOMOS Y LO QUE NO SOMOS

Editorial
LO QUE SOMOS Y LO QUE NO SOMOS
Nunca es un exceso repetir algunas de las cosas que hacen que nuestros talleres sean lo que son.
No está de más recordar que los grupos del Programa de Salud Mental Barrial no están para curar, ni para solucionar problemas. Tampoco están para definir situaciones de la vida y ni siquiera para lograr acuerdos o generar acciones de tipo político o similares que puedan ir más allá del compartir anímico.

Es más relajado tener presente lo antedicho, y eso permite, justamente, que podamos hacer lo que tenemos que hacer: acompañar, no más que eso.
Charlar, compartir, sumar perspectivas, entretenernos, curiosear en la vida de los demás para no sentir que la nuestra es una isla y que somos los únicos que vivimos algunos problemas o circunstancias… todo menos pujar por ganar una polémica, sentirnos acreedores de algún tipo de trato “profesional” o pretender tener al grupo y al programa todo como tribuna para que podamos mostrar cuán esplendorosos somos, cuánto sabemos y cuán valiosas y sapienciales son nuestras palabras. Menos todavía pensar que el programa es un espacio para desarrollar una tarea profesional que no se logra plasmar en el ámbito privado y por eso se usa el medio público para compensar, de manera indebida,  esa incapacidad.

Es verdad que en los talleres hay de todo, y está bien que así sea. Somos una muestra de lo que existe en nuestra sociedad, y en tal sentido, apuntamos a, justamente, vivir a partir de esos valores que hacen que la salud ciudadana fluya, y lo haga con la energía que suman todos, inclusive aquellos que, en principio, pueden parecer “indigeribles”.
Siempre se verá que en las editoriales o en los textos del Programa de Salud Mental Barrial se explica una y otra vez lo antedicho. Los textos, de Campelo a ésta parte, dicen una y mil veces que el programa no es terapéutico, que los que a él asisten no son pacientes y que los coordinadores no son profesionales de la salud o, al menos, no es con ese título que ejercen la función de animar un grupo de los nuestros.

La recurrencia a este tipo de explicaciones no es en vano. Es que una y mil veces existen equívocos a la hora de definir qué es el programa y sus alcances. Por ello es esencial que los protagonistas y, sobre todo, aquellos que se acercan por primera vez a los talleres, tengan muy en claro que se trata de reuniones para charlar, compartir, divertirse, curiosear, entusiasmarse, sentir las emociones y poner sobre la mesa las ideas, todo ello en clave de bien común, teniendo en cuenta a los otros, y con un mínimo de autocrítica para que la cosa fluya y no sea solamente una suerte de “polémica en el bar” de mediopelo.
Compartimos siempre en un “taller”, es decir, un lugar en el cual se trabaja para transformar entre todos los presentes la “materia prima” de lo humano, cocinándola con el afecto, el sentimiento, la ética vecinal y la buena fe, solidariamente, como corresponde a cualquier sociedad que se precie de ser tal.

A veces se nos desboca algún coordinador y piensa que con su carisma logra su cometido, en desmedro de la red que lo sostiene. Son animadores que se embelesan de su propio poder de seducir, el que en sí mismo no está mal, salvo que en algunas ocasiones ese poder seductor rompe el nexo con la red comunitaria. Alguna vez, años atrás, comparamos ese tipo de situaciones con lo que ocurre con la flor más bella, pero…puesta en el florero, sin contacto con el humus que le da vida comunitaria.
También a veces ocurre que el prestigio del programa se ve en riesgo cuando se dice en los medios de prensa que los asistentes a los grupos son pacientes, o que se “tratan” algunas dolencias en nuestros talleres. Es por eso que, dada la facilidad con la que la prensa puede equivocarse en estas cosas, es importante que, en caso de algún contacto mediático, se puntualice al respecto, con el énfasis correspondiente.

Nos pasó hace poco, por ejemplo, cuando dos medios, uno nacional y otro extranjero, publicaron que algunos de nuestros talleres existen para hacer “tratamientos”. Esos talleres a los que referían las informaciones, para colmo, tienen que ver con ese tipo de temas (astrología por ejemplo) que en nuestro programa se abordan como entretenimiento, pero ni remotamente como método sanador o una terapia legalmente válida.

 Ahora tenemos que estar explicando que no, que no se trata de que el hospital público valida ahora esa disciplinas como método sanador/terapéutico, sino  que se trata de talleres de Promoción de la Salud, que comparten ese tipo de cuestiones( tantas otras), en clave cultural o lúdica y, en todo caso, usa las imágenes que surgen de astros y cartas para proyectar, con ánimo de crecer en autoconocimiento,  aspectos de lo que cada uno es, a modo de la literatura o las artes en general.
Pero no es queja. Vale explicarlo de nuevo, nunca está de más. Es lindo saber que talleres para “entre- tener” a los vecinos viven durante décadas gracias, justamente, a la sencillez honda y generosa de su propósito primordial.

Jamás nuestro programa ha deseado ocupar lugares que no le corresponden, o utilizar al hospital para otra cosa que no sea generar hospitalidad, salud comunitaria, mejora en la calidad de vida anímica de la población y una acción protagónica por parte de los vecinos en lo que hace a su propia salud anímica. Con eso tenemos suficiente como para andar por allí queriendo ser lo que no somos, por ejemplo, curanderos o pseudocientíficos que anhelan la validación del establishment  a través de “infiltrarse” en el hospital público.

Una y otra vez diremos lo que somos, lo que hacemos, lo que queremos, para no errar en el camino. La salud es del Pueblo, pero éste se rige a través de sus representantes, también, en lo que a prácticas saludables se refiere. Y sabemos que no hay Salud sin Ley, algo que es bueno recordar, para cumplir con el marco legal como corresponde. Para las prácticas terapéuticas, los profesionales. Para la Promoción de la Salud, la generación de entusiasmo, solidaridad vecinal, entretenimiento y cultura en su más amplio sentido, está el Barrio, del que, sin dudas, somos fieles representantes.

                                      MIGUEL ESPECHE
                                                                                                      Coordinador General

sábado, 27 de agosto de 2016

PREVENCION DE LA VIOLENCIA DE GENERO - HOSPITAL PIROVANO


Taller nuevo: Entretelones de familia

"La sopita"

Es viernes. Voy a buscar algunas letras de canciones para llevar al taller.
A ver, a ver… Ah…ésta está bien, me encantó! ¡Que hermosa es!
“La sopita”… de Alicia Crest, con música de Jorge Giuliano. Rápido! A sacar las fotocopias.
Ya está! Ahora subo al 8º 5 del edificio donde vivo, seguro que a Betty, que a sus 85 bien llevados, sigue cocinando para su familia y también  por encargo, le va a encantar.  
Y sí, le encantó!  -Sos un genio Clau!, no sabés lo que esto significa para mí, me dice; Y muy emo-cionada va a la heladera, saca del freezer un tupper, con dos platos de sopa casera , la suya, la que cocina con su afecto, con su amor cotidiano  y me los regala.
Me voy encantado al taller, me llevo la canción junto a toda esa magia vecinal.
A los compañeros les encanta. En un par de repeticiones la aprendemos todos y el sabor y el vaporcito del alma se nos cuela por todas partes.

15 días después:
Ahora, también es viernes. Estoy sentado en el Bar Meeting Point, esperando, que termine “Poesía y algo más (el alma está de fiesta)”, para animar el “El placer de Cantar”.
Y una vez más, me envuelve la magia!
 Bernardo, que participa de ambos talleres, está leyendo la letra de “La sopita”…
Que banquete para los corazones de los vecinos! Que manjar para compartir! pienso yo.
Me acerco a Ana Segovia, la animadora, le pido interrumpir un segundo el taller y les cuento la anéc-dota con Betty “la cocinera”. A lo cual Ana me agradece y me pide que al final, les haga escuchar la canción.
Es un momento lleno de alegría y satisfacción para la muchachada pirovanense. “Compartimos la sopita de los barrios” entre  un taller que empieza y un taller que termina. La pucha que vale la pena estar vivo!!!                                                                                                                                                      Claudio Sehmsdorf


LA SOPITA
Es una huella redonda, donde la niñez navega.
Barquito de zanahorias, papas como lunas llenas.
El perfume de las hojas del apio y la cebollita.
Rebelión de los sabores y alquimia de la cocina.
Es sangre de las abuelas, orgullo de las vecinas,
la sopita de los barrios, cotidiana y argentina.

Es sabia de los inviernos, cuando el viento cacarea
y las abejas preparan la miel de la primavera.
Pasa por los campanarios, sube a las constelaciones,
mariposeando los sueños en el vapor de la noche.
Es sangre de las abuelas, orgullo de las vecinas,
la sopita de los barrios, cotidiana y argentina.
Es sangre de las abuelas, orgullo de las vecinas,

la sopita de los barrios, cotidiana y argentina.

Hermanos: AMOR Y CONFLICTO

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