lunes, 7 de mayo de 2018

domingo, 8 de abril de 2018

Taller de ingreso a la animación - Sumate !

SUMATE A LA EXPERIENCIA COMUNITARIA DE CONSTRUIR LA SALUD MENTAL. SE TRATA DE UNA RED DE ANIMADORES "VECINOS" VOLUNTARIOS ORGANIZADOS. ES GRATUITO Y NO SE RINDE EXAMEN. TE ESPERAMOS.



sábado, 7 de abril de 2018

LA FUENTE DE LOS DESEOS

EDITORIAL

LA FUENTE DE LOS DESEOS

No sé a ciencia cierta si Alicia por fin abrirá el taller “La fuente de los deseos”. Estamos ahí, dándole las vueltas del caso a su intuición, procurando, entre todos los integrantes del taller de coordinadores de los viernes a la mañana, ofrecerle miradas, reflexiones, espejos, que permitan que ella, compañera de sonrisa perpetua, defina qué es lo que quiere a la hora de abrir su nuevo taller. 

En su nonato taller ella quiere hablar del desear y, por lo que entiendo, del hacer a partir de ese desear. Vaya uno a saber para dónde despuntará la cosa pero, mientras va tomando forma, entre todos ensayamos pensamientos y sentimientos respecto de ese título (“la fuente de los deseos”), más allá de que, quizás, a la hora de las definiciones luego la cuestión vaya para otro lado. 

El camino originado en el chispazo inicial que nos ofreció Alicia es para mí maravilloso. La idea de fuente, de algo que surge desde el misterio de la tierra y nos transforma con esa fuerza a la que llamamos deseo es, quizás, una de las más poderosas con las que contamos en la vida y, en particular, en nuestro programa.

Me daba vueltas por la cabeza ese taller que todavía no existe y quizás no exista nunca, al menos, no así como lo estoy imaginando. Y pienso que, dado que en el Programa hablamos de ser motorizados por el deseo, y dado que entre todos, a la hora de abrir un nuevo taller, abrevamos en la fuente del deseo de aquel que emprende su camino como coordinador, el tema atraviesa a todos, y en particular, a quienes estamos por acá, haciendo cosas que queremos de verdad.

Creo que no hay mejor forma de entender que es aquello que realmente queremos que compartiendo ideas y acciones con otros para que, a partir de ese intercambio, se separe la paja del trigo. Es en el intercambio con otros que podemos discernir respecto de lo que es un genuino querer, diferenciándolo de aquello que es un espejismo o un imperativo infiltrado en la mente.

En los años compartidos en los talleres he visto con enorme gozo la transformación del rostro de tanto que se han acercado creyendo querer algo, pero que, en realidad, querían otra cosa y descubrían eso a través del compartir. Sin dudas he sido yo uno de esos. Allá por el año 1991 creía que quería aprender técnicas de manejos de grupos en el espacio público, y por eso me acerqué. Y el compartir me hizo ahondar en mi “fuente de los deseos”, para encontrar (y seguir encontrando) mis ganas y mi entusiasmo genuino, ese que, como la fuente de la vida, no se agota nunca y que tiene la forma del encuentro cotidiano y sencillo con el entusiasmo, compartido de manera comunitaria. 

No nos pondremos románticos diciendo que la fuente siempre es clara, límpida, visible y accesible. No es así, por cierto. A veces hay que desenredar madejas complejas, o desalojar ideas que “taponan” esa fuente. Cuando pensamos algo y lo hacemos dar vueltas por nuestra mente, no sentimos su sonido, su convicción, y, sobre todo, no tenemos en cuenta cuánto está el cuerpo dispuesto a moverse en función de eso que habita nuestros pensamientos. 

Cuando por fin lo ponemos sobre la mesa (y si hay algo que hacemos en el programa es poner las cosas sobre la mesa), hablamos con un determinado tono de voz, surge una suerte de musicalidad que puede estar más o menos afinada, y de ello nos damos cuenta solamente cuando lo hacemos salir a la luz, a la mirada de los otros. 

Me ha pasado tener ideas que parecían maravillosas pero que, al decirlas frente a los otros, transparentaban su fragilidad o zoncera. He visto personas que llegaban a los talleres creyendo que su deseo era asistir a los pobres de este mundo, cuando en realidad lo que querían era lograr algo de luz para sus vidas (y, quizás, desde allí, ayudar de verdad a los otros). Y eso lo percibían cuando se escuchaban a sí mismos al compartir esa primer idea y la voz les salía magra, rígida, vacía, mientras que quizás su voz lograba tono vital cuando se referían a sus miedos, su gusto por la literatura o por el hablar de los hijos, o a la hora de  vérselas con esa vieja piedra en el zapato que los tenía a maltraer desde siempre ( sus miedos, sus dolores, sus heridas viejas…). Lo habitual es que el grupo ayude al devolver en espejo un parecer respecto de la letra y la música del enunciado, una vía de validar si el mismo proviene de la “fuente” o viene de otro lado, como ocurre, por ejemplo, cuando se trata de un mandato disfrazado de “ganas”. 

Asimismo, una manera de descifrar si algo es o no un deseo genuino pasa por la acción. Decir que queremos algo es, también, un hacer, y ese hacer, entre nosotros (en particular entre los coordinadores) se plasma en guardar una mínima sintonía con la ética de la buena vecindad que acá se propone y, por supuesto, la puesta en práctica de ese deseo enunciado. Esa puesta en práctica se llama “taller”. Si decimos querer algo, y el cuerpo no acompaña, ese querer (suponemos) no es tan real.

Creo que el programa parte de la base de que todos tenemos nuestra fuente de los deseos. A ella arrojamos nuestra moneda (algo hay que dar, para poder recibir) para lograr que el agua de la surgente bañe nuestra acción y nos lleve por el camino más genuino y potente. Cada vecino que se acerca tiene su fuente, lo sepa o no y honre o no esa riqueza que lo habita. Es como si tuviéramos una nota musical que nos distingue, que nos nombra y ofrece lugar en el mundo, y la forma de escucharla es a través del poner en común nuestros primeros balbuceos hasta que salga afinada la cuestión. 

Siempre la primera agua sale barrosa. Tarda el agua clara en aparecer. Hay que soportar esos primeros tiempos. Para esos primeros momentos también está el grupo, la comunidad de aquellos que apuntan a llegar a la napa adecuada y que ayudan en el camino. 

Con Alicia estamos allí, ahondando en la fuente de un taller que va naciendo, pero que ya nos está alimentando y quitando la sed. Con ella vamos todos adentrándonos en lo que de verdad queremos, separando aquello que nos confunde o distrae, compartiendo las peripecias del ir viajando a lo que realmente queremos. De eso se trata, y si sale o no el taller la cuestión se torna secundaria al lado de la riqueza que nos permite la conversación que ella propuso.
Así son las cosas en el programa. Cada taller es un camino a la fuente de nuestros deseos y una oportunidad de tomar contacto con ella para regar nuestra vida con algo sencillo, pero significativo, como lo es un taller: un espacio para compartir y disfrutar de ser quienes somos, con luces, sombras, miserias y santidades. Todo esto en medio de un territorio que nos permite atisbar aquel “cachito de Utopía”, del que tantas veces antaño hablábamos al referirnos a nuestra experiencia comunitaria. 
                                                                                                Miguel Espeche
                                                                                       Coordinador General

jueves, 6 de abril de 2017

APUNTES SOBRE LA AUTORIDAD EN EL PROGRAMA

EDITORIAL

APUNTES SOBRE LA AUTORIDAD EN EL PROGRAMA

En nuestro programa usamos una palabra que generalmente está mal vista por relacionársela con la palabra “autoritarismo”. Se trata, por supuesto, de la palabra “autoridad”.

El tipo de asociaciones que al respecto de esa palabra hacemos en nuestro país siempre van ligadas a regímenes autoritarios, crueldad, prepotencia, avasallamiento, abuso… es ése, y no otro, el estilo de imágenes que, lamentablemente, surgen cuando aparece esa palabra que, en realidad, es una buena palabra, sobre todo,  cuando entendemos su significado.

La autoridad es uno de los instrumentos del amor y, como tal, corresponde ejercerla cuando, por ejemplo, criamos un hijo, conducimos un auto o…cuando animamos un taller. Sin alguien que cumpla la función de autoridad la experiencia se trunca. Se pueden generar diversos sistemas de autoridad, pero no amputar dicha función sin que la cosa se aborte de la peor manera. El sistema elegido por el programa es el de animadores que tienen la “última palabra” dentro de su grupo. Esa última palabra, sabemos, no es tan última, porque continúa con la palabra del programa en su conjunto, como un aire que circula e impide el encierro de la autarquía.

En el curso-taller de ingreso a la conducción del programa, el que deben hacer todos aquellos que acceden en algún momento a coordinar un grupo, solemos abundar en el tema. Se enseña allí que nuestro programa se vincula al hospital, el hospital se vincula con el Ministerio de Salud de la Ciudad, el mismo con la Jefatura de Gobierno y, dicha jefatura, con el Pueblo, que vota en las elecciones del caso. Señalo esto para decir que todos nos debemos a algo o a alguien que está por fuera de nosotros, y que el sistema de autoridad no es un callejón sin salida (como sí lo es el del autoritarismo) sino que se “ventila” a través del hecho de que todos, pero todos, tienen que reportar a alguien o a algo al respecto de sus acciones.

Con esta salvedad, los animadores tienen una suerte de “jurisdicción” en lo que hace al ejercicio de su autoridad, que es el territorio de su taller. En el mismo, quien anima/coordina puede hacer varias cosas, generar su criterio para aplicarlo, tener cierto arte para marcar los ritmos, las cadencias, los lugares de cada uno, con ánimo de integrar y, a la vez, contextualizar la experiencia según los valores que el programa propone.

“Todo está bien siempre que estemos dispuestos a revisarlo” decía Carlos Campelo, y en tal sentido, los animadores del programa revisan lo suyo en su reunión de animadores, y los animadores de animadores lo hacen, a su vez, en el Comité de Etica y Conducción.
Este Comité, en particular el coordinador general, por su parte responde a las autoridades del hospital, es decir, no es el final de un recorrido sino un eslabón más dentro del mismo, lo que es un alivio, por cierto, porque detentar un poder autocrático, además de aburrido, es un esfuerzo narcisista sumamente estéril y poco estimulante en lo que a Salud comunitaria respecta.

En ocasiones dentro de los talleres existe lo que suelo llamar “conducciones paralelas”. Estas serían algo así como personas que, de manera metódica o solamente circunstancial, piensan que ellos, si fueran quien dirige el grupo, harían otra cosa ya que está mal lo que el coordinador está haciendo. Puede o no tener razón esa persona al respecto del proceder del coordinador del caso, pero lo que importa no es tanto el motivo del desacuerdo, sino que interesa más cómo se ubica ese participante y qué tipo de aporte hace ante esa circunstancia.  Algunos presentan batalla, se enojan, compiten. Otras manifiestan su sentir, hablan de su deseo, proponen desde el entusiasmo pero…mirando donde están, afinando su sonido respecto del sonido de los otros con ánimo de sinfonía, aceptando tiempos que no son solamente los de su impulso, escuchando con confianza lo que los otros, compañeros y coordinadores, tienen para decir.

Recién acá viene, a mi criterio, lo más interesante: el tema de la confianza. Si no hay confianza con el grupo de pertenencia y los animadores de ese grupo, habrá batalla, competencia, y no ayuda mutua. Si la hay, si se confía, habrá sentimientos, manifestación de deseos, escucha, paciencia, además de un fuego intenso, que no genera incendio, sino vitalidad en el grupo.

El deseo genuino que un participante puede traer al grupo va encontrando su camino, va contagiando, va pisando sobre el terreno que le corresponde y no sobre el que no le corresponde. Esa es la fuerza de aquellos que en nuestro programa llamamos “indios”, que son los participantes de los talleres que no coordinan, pero influyen desde la fuerza de su entusiasmo genuino.

Cada tanto sucumbimos a la tentación de plantear las cosas como conflicto de poder. Por ejemplo, en un taller puede venir alguien con propuestas al respecto de cómo debiera proceder el coordinador del caso en el manejo del grupo, y, cuando ese coordinador pone un límite y recuerda la naturaleza de la función de cada uno dentro del taller, el participante puede tener dos tipos de actitudes: señalar que ese coordinador es autoritario, desconfiando de su buena fe, adjudicando un deseo del coordinador de anularlo y “ningunearlo” para que no se le haga sombra, o, por el contrario,  puede preguntarse qué debe hacer para lograr su deseo sin avasallar al prójimo, respetando el juego y, además, qué  estarán viendo el animador y sus compañeros que él no está viendo, suponiendo que estos no le desean el mal, sino todo lo contrario.

Claro: si alguien supone que un coordinador o el grupo en su conjunto le desean el mal, el problema es otro, pero soy de la idea de que un programa como el nuestro no sobrevive tantos años con coordinadores y vecinos que le desean el mal a los vecinos, o animadores que pretenden anular toda iniciativa para generar obsecuentes aduladores sin deseo propio.

Todo lo que hacemos  en nuestro programa se revisa de manera comunitaria. Todo. Tarde o temprano se hace público nuestro proceder dentro de nuestra red, sea porque lo hablamos o sea porque percibimos los efectos de ese proceder.

Por eso, uno de los lemas del programa es “juntos, aunque no estemos de acuerdo”, porque sabemos que el hecho de estar juntos, pero no revueltos, nos ayuda a encontrar esos acuerdos que son esenciales, que a veces se ocultan tras los conflictos. Ese es, quizás, el optimismo del programa: el optimismo que cree que hay acuerdo en el deseo de pertenecer a un mismo valor y una misma vivencia comunitaria, en la cual las diferentes perspectivas, desde la buena fe, suman a la conciencia ampliada, sin tanta competencia, ya que, sabemos, nosotros somos más de colaborar que de competir, porque así es como las comunidades prosperan mejor, y nuestra salud mental también.

                                                                  Miguel  Espeche
                                                                 Coordinador  General

lunes, 27 de marzo de 2017

TALLER DE CROCHET: Una nueva vecina se suma al taller!

En el taller de crochet acabamos de sumar una nueva vecina cuya conmovedora historia nos confirma lo que decía Carlos Campelo: “El deseo inaugura la posibilidad”.
Y así fue como la vecina de enfrente se animó.

Un día apareció en el taller y nos contó que los lunes de todo el año pasado cuando compartíamos juntas en el taller, ella nos miraba desde su balcón ubicado en el edificio de enfrente. Que deseaba mucho venir pero no se decidía. Hasta que un día esperó que alguna de las señoras que salían del taller cruzara a su vereda cerca de la esquina y ahí la abordó y le preguntó cómo era el taller y que horario tenía.

La vecina quería venir pero no se animaba a cruzar la calle. Un día logró cruzar y se presentó en el taller contando que siempre había querido aprender a tejer crochet y que venía a preguntar cómo hacer para poder participar. Nos contó que hacía un año que nos miraba pero no se animaba a cruzar.

Cuando fue ganando confianza nos contó que sufría ataques de pánico y que por eso había tardado tanto en llegar. El dar ese paso o esos tantos pasos que la separaban de su deseo fue un triunfo tan importante para ella como para nosotros el sumar una vecina más al Programa. 

Nuestro querido Programa vuelve a enriquecerse con cada vecino que llega de cerca o de lejos con su potencia. Este taller (o tallercito como le llamamos cariñosamente), que cuando lo inicié en abril del 2015 comencé con el aprendizaje de unos cuantos puntos porque no sabía tejer crochet y convencida del dicho pirovanense: “Si querés aprender algo, abrí un taller” 
Y aprendí muchos puntos en estos dos años! 

Cada una de las mujeres que llegaba me enseñaba un punto nuevo y además traía un regalo para el grupo: Su experiencia de vida! 

Así fue como llegó Celeste que iba al Pirovano para tratarse un ACV y su terapeuta la envió al taller de crochet para trabajar la motricidad fina, y aunque parecía que no podía por su mano floja...empezó a tejer! 

Y así fueron llegando muchas mujeres potentes que comenzaron con aguja y lana a entretejer la vida al crochet con sus proyectos cotidianos!  

Ahora somos 15 personas. Hemos crecido en número y en saberes, con la esperanza de saber que se puede y, con la convicción de que "Nadie es tan pobre que no tiene nada para dar”.

Graciela Robredo
Coordinadora del taller de Crochet
Lunes a las 12hs – Bar TV arriba -

lunes, 23 de enero de 2017

invitación para hombres.......


DEJÁ POR UN RATO LA COMPU, APAGÁ LA TELE Y VENITE A BAILAR TANGO

LOS VIERNES A LAS 20,30 hs. 
EN EL HALL DE PEDIATRÍA DEL HOSPITAL PIROVANO


Aunque no sepas, aunque llueva o te de vergüenza
porque......


EL TANGO ES COMO LA VIDA, TIENE SUS "MILONGAS" Y ESTANDO JUNTOS LAS COMPARTIMOS, DISFRUTANDO DEL ENCUENTRO Y LA MELODÍA
 Animadora: Marta Fazio