lunes, 16 de julio de 2012

ADIOS OMAR

Omar murió y nos dejó tristes. La última noche había sido acompañado por sus compañeras Paula Villarrubia y Claudia Florido a la parada del colectivo, tras haber participado en el millonésimo taller de su vida. Ellas lo recuerdan contento,  subiendo a ese colectivo que lo llevaría por última vez a su casa. Y sí…Omar estaba contento y su alegría, sobria siempre,  es, posiblemente, el más lindo recuerdo que nos queda de él.

Si quien está leyendo estas líneas se pregunta quién es Omar, le decimos que él es Galeano de apellido y es nuestro coordinador de enlace. Es el compañero que estaba en todas, que marcaba  su presencia en cada lugar con el clima de la buena vecindad y era el que más se dedicaba a cuidar a los vecinos recién llegados al Programa de Salud Mental Barrial con la mejor de las hospitalidades.

Es importante que se sepa que en Omar tenemos un referente de buen vecino, de compañero. El hombre no pretendía mucho, pero, quizás por eso,  logró mucho, sobre todo, en el corazón de sus compañeros de ruta en nuestro programa. Era siempre lindo verlo aceptar el afecto que él sabía ganarse, aunque parecía sorprenderse cuando alguien le devolvía con cariño lo que él ofrecía cada día con su estilo de presencia generosa.

Fue miembro del Comité de Conducción desde sus inicios. Carlos Campelo lo aceptó allí, posiblemente porque era la encarnadura misma del sentido común y la autenticidad barrial. Si hay algo que lamento es no haberlo conocido en épocas en las que regentaba su carnicería por el lado de Saavedra. Si la calidad de sus asados de tira y sus vacíos eran similares a la de su compañerismo, los asados hechos con sus productos habrían sido inolvidables.

Siempre fue Omar el anclaje que nos ayudaba a no psicologizar en demasía y a recordar lo de “juntos aunque no estemos de acuerdo”. Él  nos “despertaba” cuando irrumpía con un comentario que nos desconcertaba, obligando a que ahondáramos en lo que estábamos diciendo para salir de cualquier lugar común.

Ahora nos deberemos hacer cargo de “enlazar” al programa, cumpliendo de alguna manera nueva lo que él hacía de manera inmejorable. Será arduo hacerlo, sobre todo, porque nuestra cabeza voltea hacia el lugar que siempre ocupaba en nuestros grupos, como para preguntarle algo, para que nos corrobore alguna escena vivida en común con él (que siempre estaba) a la hora de contarla frente a otros, o para buscar simple apoyo en sus ojos leales y presentes, que podían o no acordar con lo nuestro, pero siempre estaban allí, mirando con luz propia la escena detrás de sus infaltables anteojos.

Todavía estamos ubicando en el lugar de recuerdo esa poderosa y cotidiana imagen presente en la que Omar está en los grupos, tutelando todo con su silencio o con su manito semi levantada, esa que nosotros gustábamos acusar de perezosa ya que el hombre se divertía al levantarla solo un poquito a la hora de pedir la palabra, obligándonos a adivinar si quería realmente hablar o tan solo estaba haciendo un jueguito con su mano de manera distraída.

Conocía todos los nombres e historias de sus compañeros. Nos traía la información de todo, enlazando al programa de punta a punta. Todos sus compañeros tenemos escenas de pasillo con él, cuando nos daba opiniones, apoyos, críticas y comentarios que, al final de la historia, nos damos cuenta que nos iban marcando con un ritmo especial, un ritmo que era el del pulsar del corazón querido del amigo.

Omar que nos entregaba lo que tenía: su parecer, su decir, su silenciar y su tejer afectos de manera permanente. 

La tristeza por su partida es la que hoy nos enlaza. Y nos seguirá enlazando su recuerdo, la noción de que hemos sido honrados por el amor de un caballero argentino, un señor de estirpe,  un tanguero de verdad….un hombre sencillo y profundo que caminó estas tierras y marcó huella en nuestros talleres.

Es un honor haberlo tenido entre nosotros. Es un honor haber sido merecedores de su afecto y su respeto. Porque él se lleva nuestro amor y el respeto que nos merece su conducta de buena persona y compañero de ley.

En sus hijos y en sus queridos nietos se hereda su estirpe orgullosa. Y nosotros heredamos las mil y una escenas que vivimos con él, esas que hoy aparecen de a una en nuestra mente y nos duele saberlas parte del pasado.

Ya llegará el tiempo de no dolerse tanto por su partida y agradecer con gratitud el haberlo conocido. Sin embargo, ahora, al menos en lo que a mí respecta, la alegría de  haberlo conocido aún compite con la bronca y la tristeza de saberlo en otro programa que no es el nuestro, más allá de que en ese otro programa estén tantos otros compañeros queridos que hoy están tallereando con Campelo.

Dirán con razón que hay que dejarlo ir. Es verdad….pero cuesta. Habrá que ir compartiendo mucho la tristeza para irla transformando en otra cosa. Él lo sabe y se ríe con picardía, para seguir  haciendo como siempre de las suyas, levantando levemente la mano para decir sus palabras de buen vecino también allá, en su nuevo barrio.





                                                                                                  MIGUEL ESPECHE  
                                                                                                Coordinador General

2 comentarios:

  1. Vamos por la alegria !!!!! sino Omar se va a enojar !!!! Claudia Florido

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  2. Con su permiso vecinos, ya hace mucho tiempo que no estoy por el barrio (digase talleres), y me encuentro con esta lamentable noticia.
    Omar, otro gran personaje de esta vida, compañero del taller de Silvia Marin, no solo una gran persona, capaz de las palabras justas en el momento justo, de hacerte reaccionar sin saber que pasa por tu cabeza pero sabiendo que algo te pasa, el amigo: que te esperaba antes del taller para tomar un cafe y de interesarse siempre por todo lo que traias en la mochila del alma, con la anecdota justa, la palabra exacta, y la risa escondida tras el bigote, el hermano mayor, nunca un enojo, serio si, pero nunca te dejaba afuera.
    Hay mucho mas, pero como dice Miguel (Espeche) "hay que dejarlo ir", y el tiempo que todo lo cura, nos dejara de doler su partida. Al igual que el inolvidable Jorge Nocetti que entre los dos estaran sacandole chispas a Don Carlos Campelo.
    Guillermo Rolla

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