miércoles, 12 de agosto de 2009

Mauricio Aisemberg



Mauricio Aisemberg:

Pediatra, "embajador" del Programa de Salud Mental Barrial, compañero querido. Estas palabras son para decirte que vas a seguir estando muy presente en nuestro taller.

La última reunión te recordamos con gran cariño y alegría, más allá de la pena que nos dió tu partida. Yo voy a extrañar especialmente tu jovialidad y nuestro intercambio de poesías.

Nancy López
Taller de animadores Viernes 17hs
Miguel Espeche - Ricardo Neves


Se fue el embajador
Lo queremos mucho a Mauricio. Y más nos damos cuenta que lo queremos ahora que se fue.
El era nuestro Embajador. Lo era porque nos representaba lealmente en todos lados, porque era alguien que conocía y era conocido en los ambientes hospitalarios en los cuales promovía nuestro programa con un amor tan grande como sobrio y callado.
Hacía muchos pero muchos años que andaba por el Programa. Ya había amagado irse años atrás, cuando le agarró no recuerdo qué pataleta que lo tuvo internado un tiempo, pero no...volvió no sólo sanito sino que con una lucidez lacónica e implacable que nos sorprendía cada tarde los días viernes, en el grupo de animadores de las 17 horas.
Era medio cimarrón, y era vecino entero...le gustaba hacer lo que quería, y en ese querer estábamos presentes siempre nosotros, sus compañeros.
Me daba textos para ser leídos acerca de algunos temas de los que habíamos hablado en el grupo, a veces chapeaba un poco (muy poco) con eso de que era médico, pero poco importaba, porque al final de cada reunión, su saludo era tan sobrio como cariñoso, propio del caballero que era.
Todavía no pasé a esa etapa de saberlo presente entre nosotros aunque se haya ido. Todavía estoy incrédulo ante su partida.....y triste.

MIGUEL ESPECHE
Coordinador General PSMB

martes, 4 de agosto de 2009

EL CUIDADO DEL PROGRAMA

Hace unos días ocurrió de nuevo. En un taller del programa varios vecinos indignados clamaron por el envío de un coordinador al barrio de Palermo (lugar en donde estaba el taller), dado que el coordinador anterior había dejado la animación del mismo.
Los vecinos del caso estaban bastante enojados. Decían que era injusto que se cerrara ese taller, que implicaba una discriminación que iba en detrimento de quienes vivían lejos del Hospital Pirovano, y, algunos de ellos hasta decían, con razón, que nada impedía que se juntaran los participantes de dicho grupo para continuar con sus reuniones, pero, claro está, sin llevar el apellido “Pirovano” como atributo de identidad.
En algunos textos de protesta que se hicieron circular acerca de esta situación (clara lámina de un equívoco bastante habitual), también se clamaba por un derecho que, suponían, merecían quienes creían haber sido maltratados por nuestro programa: el derecho a que se les designara un coordinador en el taller hoy cerrado, un animador que se dirigiera a Palermo (aunque podría haber sido en cualquier lado, inclusive en el hospital mismo) para reemplazar al ausente coordinador.
Al leer esos correos que circulaban a diestra y siniestra, no podía más que pensar acerca de las diferencias entre ser coordinador de un programa de voluntarios y un General del Ejército.
Imaginaba un General ordenando a un teniente, por ejemplo, a que se desplace hacia el objetivo sito en Palermo a los fines de dar por solucionada la situación generada ante la partida del coordinador anterior. “Obediencia Debida” mediante, el teniente debería dirigirse al lugar y tomar posesión del objetivo. Claro…yo soy tan solo coordinador, es decir: coordino voluntades, no puedo prescindir (y que se me perdone la obviedad) de las voluntades de los voluntarios (debo, eso sí, coordinar con autoridad esas voluntades), y es así que, en esas ocasiones, si no hay quien desee coordinar algún taller, este se cierra.
En general intentamos que haya quien reemplace a algún coordinador que se va, pero no siempre eso se da. Y, siendo gente grande y potente como consideramos que son los vecinos que forman parte del programa, será parte de la capacidad inherente a todos el aceptar las cuestiones que nos frustran sabiendo que no podemos ordenarle a la realidad que sea como nuestra mente quiere, imperativamente, que sea. Bueno…en verdad podemos ordenarle eso, pero de allí a que nos haga caso hay un buen trecho… A su vez, y como ejemplo de otra situación que también es habitual que llame a equívocos, algunas veces un taller se cierra porque su coordinador no cumple con requisitos que hacen que el programa sea eso: un programa, y no un mero rejunte de gente que se reúne sin un marco que les de orden y sentido comunitario.
En esos casos, recordamos a los vecinos que la manera de cuidar que tiene el programa es a través de las reuniones de animadores, en las que se transparentan las actitudes de los voluntarios quienes tienen a su cargo los diferentes talleres de base, lo que permite no sólo ayudar a apuntalar su labor, sino a saber de sus intenciones y su real deseo de pertenecer a una red de ayuda mutua. Recordamos también, en ese sentido, que muchas veces se pretende mal usar al programa con fines egoístas, de mero regodeo narcisista,
usando la capacidad de convocatoria del programa y la confiabilidad que éste tiene tras tantos años de labor, para vivir un momento de gloria muchas veces demagógica, que impide que la tarea se desarrolle en salud y de manera perdurable. Muchas veces hay coordinadores que son como esos “tíos piolas”, solterones y adolescentes eternos que llegan a la casa de sus sobrinos, los “manijean”, les ofrecen alternativas poco sustentables de felicidad, les dan de comer tan solo postres ricos en azúcar pero sin alimento real y, luego, cuando está hecho el daño, se van, dejando a los padres la tarea de reordenar las cosas y sostener al hijo que se ha quedado en banda.
Estas cosas pasan, y forman parte del crecimiento personal y comunitario que promueve el Programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano. Siempre han ocurrido cosas del estilo y son oportunidad para aprender todos de ellas llevando las escenas para nuestra vida personal y familiar.
No siempre es agradable, pero estar allí para promover un orden sustentable de amor comunitario es lo que deseamos, y, en definitiva, es lo que venimos haciendo desde hace muchos años con entusiasmo.
Que se enojen algunos vecinos no nos produce placer precisamente, pero creemos que muchos de ellos, viendo de qué se trata este programa y reconociendo el respeto que significa saberlos potentes y no “necesitados” o incapaces, sabrán valorar esta actitud que es la que marca la originalidad y la perduración en el tiempo de nuestra red de talleres de ayuda mutua.
MIGUEL ESPECHE
Publicado en el Boletin del PSMB. Agosto/09

jueves, 11 de junio de 2009

DE CANTO Y TULIPANES

A veces la vida te da sorpresas. Eso imagino debe haber pensado Andrea Ottolini cuando de repente le comunicamos que su taller “Quiero vivir como canto” sería visitado por una delegación de médicos holandeses que querían conocer nuestro programa.

Andrea, a quien conozco desde hace muchos años, fue coordinadora de un ya legendario taller para tímidos, y, a primera vista, pareciera ser eso: tímida, por más que su paso por el programa haya demostrado que, si es tímida, eso no le impide tener su temperamento.

El taller de Andrea es uno más de los muchos del programa. Y eso de ser “uno más” implica, por supuesto, que, como todos los otros, es un universo en sí mismo, haya muchos o haya pocos integrantes en él.

Si Andrea estaba sorprendida por el hecho de que irían los holandeses, más imagino que se debe haber sorprendido al saber que eran 16 los mismos y que, como suele pasar, varios otros vecinos del programa nos “colaríamos” en su grupo para cantar junto a los visitantes y los “habitués” del taller en cuestión.

Como Coordinador General había propuesto el taller de Andrea para que lo visitaran los holandeses porque creí que, dado el tema del idioma, la música sería una vía regia para el entendimiento de lo que es el programa, una vez que, en un encuentro previo en el taller de Animadores de Adriana Bresler, hubiésemos explicado a nuestros visitantes, a través del perfecto inglés de nuestra traductora oficial, Stephanie Berwick, la filosofía, la ética y las formas del Programa de Salud Mental.

Ya a esa altura, Andrea empezaba a recibir presiones del Coordinador General, quien quería darle al taller un sesgo que él consideraba acorde a la situación especial que se vivía. Claro, la coordinadora era ella y, a no dudarlo, tenía sus propias ideas al respecto. Al principio creí que todo sería un fiasco. Andrea no me daba bolilla y parecía seguir su línea habitual, en la que ella colocaba un cassette (en este caso, una canción de Yupanqui), lo escuchaban todos, leían y analizaban su letra…yo pensaba: “estamos en el horno, los holandeses quedan afuera y no tienen idea de lo que significa huella y camino”. Mientras los tres o cuatro habitués cantaban, y los varios visitantes argentinos intentábamos hacerlo con timidez, veía a los holandeses observar con cierto azoramiento lo que ocurría.

Les dijimos a los holandeses en algún momento que había un conflicto entre Andrea y yo, o, al menos, una suerte de desacuerdo pero que, llegado el caso, lo que valía era lo que fuera coordinando Andrea. Mostramos en acto lo que es un taller, con eso de “juntos aunque no estemos de acuerdo”.

A la vez, de repente Andrea dice unas palabras mágicas: “qué sienten ustedes con nuestra canción”. Y allí empezó todo…

Los holandeses empezaron a relacionar: la nostalgia de la música les sugirió sus propias nostalgias, todas ella traducidas maravillosamente por Stephanie a nivel de las palabras y entendidas, desde el gesto y el sentir, por todos. Una holandesa (a esa altura, ya era vecina) saca un mp3 o cosa similar y, emocionada, pone un tema que le evoca la ciudad en la cual vivió su embarazo. La escuchamos enternecidos. Luego salieron otras canciones, en un ping pong maravilloso en el que los profesionales de la salud europeos mostraban que el Barrio es el Barrio, no importa dónde quede el lugar físico.

Nos reímos mucho. Apareció “Estoy hecho un demonio” ya con baile incluído. Ellos, los de “allá”, sacaron canciones de la galera que ni ellos mismo podían creer estar cantando ya que, se suponía, eran gente seria. Nosotros nos prendíamos muertos de risa, porque, convengamos, las canciones tradicionales de Holanda son graciosas dado que a veces vienen acompañados por gestos también tradicionales que marcan un estilo muy particular.

Los temas de Francis Smith o los oriundos de los lejanos pagos de los Orange, el baile a capella, la risa, llegaron a su paroxismo. A esta altura ya es difícil relatar lo que iba ocurriendo, porque los hechos se mezclan en la memoria debido al shock de endorfinas que sufrimos debido a la risa y la alegría.

Solo puedo decir que terminamos preguntando acerca de Máxima Zorreguieta y, al final de los finales, cantamos dos preciosas canciones: los himnos de Argentina y de Holanda, abrazados en ronda.

Los holandeses se fueron contentos, abrazando a diestro y siniestro, dándonos regalitos divertidos y riendo por lo que sería traducir a lenguaje “serio” lo vivido. Nosotros, quizás más acostumbrados a nuestras “locuras”, reíamos con ellos.

Repito, el Barrio es el Barrio, y cuando hay vecinos de ley, el lenguaje es el del gozo, el de compartir y el respeto por nuestra humanidad. De los temores, la tentación totalitaria del Coordinador General, la generosidad de un taller pequeño que, en realidad, vivió con grandeza su momento especial, pasamos a la fiesta.

Nadie, pero nadie, nos quitará lo bailado…


MIGUEL ESPECHE

Publicado en Boletín Junio 2009

sábado, 30 de mayo de 2009

Taller “Entre Madres e Hijas”

Mis queridas, queridísimas tallerista:
(Ma.Teresa, Marta y Cía)

Les hago unas líneas para despedirme, porque el martes 31 de Marzo vengo por última vez, o última vez de esta temporada.

Quiero agradecerles inmensamente que me hayan aceptado y permitido participar del Taller “Entre Madres e Hijas” … Me ayudó mucho a ver cosas, cosas que sabía de algún modo que desde mí no funcionaban, pero no tenía muy claro qué tenía que hacer. Oír otras historias me ayudó muchísimo a entender qué me pasa con mi hija mayor. Y pude contarles cosas de mi familia sintiendo que eran escuchadas con verdadero respeto, sin juzgamientos ni etiquetarme por lo que decía.

Nunca había participado de un “taller” de este tipo. Y me hizo tanto tanto bien que quisiera poder reproducir esta experiencia en Ushuaia, donde no existe. Me gustaría colaborar para que dos personas que trabajan en prevención puedan replicar alguno de los talleres en el hospital Ushuaia, o en alguna escuela.

Me parece que un taller no funciona como una psicoterapia individual, pero ofrece un marco de contención adecuado para poder reflexionar sobre cuestiones propias y de las personas más allegadas… no es una simple charla entre amigas, un “descargarse” de cosas dolorosas, es mucho más… y ayuda desde lo más profundo.

Por haberme permitido participar de sus encuentros, a todas y cada un abrazo muy fuerte.

María Cristina

Participante del Taller “Entre Madres e hijas”
Coordinadora María Teresa Luque
Ayudante Marta Carvajal

lunes, 4 de mayo de 2009

Taller “Alegrata Folklórica”.

Mi nombre: Felisa Gliksman y desde hace catorce años soy coordinadora del taller “Alegrata Folklórica”.

En todos estos años he vivido con el taller muchas alegrías con el mismo entusiasmo de siempre. Cada sábado el taller me depara una alegría nueva viendo cómo se acercan los vecinos que dicen: “yo no se dar ni un paso” y al poco tiempo ya están bailando gato, chacarera, escondido…..y hasta una zamba. Cómo el bailar les cambia el ánimo. “Bailar es una dosis de bien-estar”, “llegué un poco bajoneada y ahora estoy contenta”, dicen.

Bailar es poner el alma y el cuerpo en cada danza, es poner alas a la música, alas en nuestros pies y volar por caminos soñados.
Bailar es animarse y poner el cuerpo en un lugar más hermoso, es palpitar con la danza. Cada nuevo paso, cada figura que sacamos nos alegra el alma y entre aquel primer “no sé dar un paso” y el ahora en que bailamos nuestras danzas –tan hermosas ellas- hay un mundo que se nos llenó de mariposas.

Así es como siento yo la danza y me gusta compartirla con los vecinos que quieran acercarse a este taller, ya que ALEGRATA es una alegría que compartimos aprendiendo y bailando nuestras danzas. Si te gusta y tenés ganas te espero los sábados a las 18 horas en el Hall de Pediatría.

Felisa.

lunes, 13 de abril de 2009

“ES UN GUSTO”

La anécdota es en la calle Holmberg, allí cerca del hospital. Volvía un viernes a la tardecita del taller de coordinadores de las 17 horas. Iba en mi auto, que ya había dado algunas muestras de que algo le estaba pasando porque un par de veces, en esa semana, se había plantado por un rato, arrancando luego de manera misteriosa. Esa mañana misma había pasado por lo de un mecánico que me dijo que había que escanear todo el motor o algo así, porque era un tema de computadora bastante complejo por cierto, al menos según pude entender yo, que no soy experto en ese tipo de talleres.

Pues bien, esa tardecita pasó lo mismo que en los días anteriores. Con un tremendo ruido del escape, el motor se detuvo de manera inapelable, mientras los vecinos se asustaban y miraban a un lado y a otro temiendo que ese ruido furibundo fuera algún disparo de esos de los que tanto se habla en los noticieros. Pero no, el ruido era el de mi auto, que, como dije, se detuvo allí, justo en la esquina de la farmacia, en la que estaba la señora con la bolsa de compras y su nieta, y, del otro lado, el hombre de shorts, muy de entrecasa él, arreglando algo de la luz de la entrada de su PH.

Les hice señas de que no eran disparos, sino mi auto. Dejé la máquina a medio estacionar y bajé, maldiciendo el destino. Repuesta del julepe, la señora se me acercó y me preguntó qué pasaba. “Es algo del motor, señora, no sabría decirle más porque de mecánica no se nada”, le dije. El hombre se cruzó y me dijo: “¿qué pasó che?”, le contesté, por decir algo, “quizás sea algo de la combustión o las bujías”, con cara de que al menos conocía esas palabras del léxico mecánico.

“Te lo empujo”, me dijo. Lo hizo, por unos metros, pero nada, el motor estaba muertísimo.

Le agradecí, mientras el hombre me decía que cualquier cosa él estaba allí, en esa casa de enfrente, y que lo llamara si lo necesitaba. Me subí al auto y me puse a pensar qué hacer, dado que me daba mucha pereza tener que llamar al remolque y todo el tramiterío que eso significa.

Mientras pensaba y me iba haciendo la idea de que mi destino era el de llamar y esperar al mencionado auxilio, se volvió a acercar la señora de la nieta y la bolsa de compras.

“Mire señor, ahí a unos metros hay un taller mecánico”, señalando para el lado de las vías. “Gracias señora”, le respondí, pensando que ella era muy gentil, pero que mi auxilio sería más confiable que ese ignoto taller barrial.

Pasé unos minutos más dentro del auto, mientras atendía un llamado telefónico y seguía en vano intentanto resucitar el maldito auto.

Al final, opté por probar. Caminé unos veinte metros y ví el tallercito. Dentro de él, tres muchachos tomando mate y de gran charla. Me acerqué y les dije: “Tengo mi auto muerto ahí en la esquina y una vecina tuya me dijo que acá arreglan coches”. El que tenía las manos engrasadas se rió y dijo “bué, eso intentamos…¿dónde lo tenés?”.

Caminamos los veinte metros y durante unos tres minutos miré cómo el mecánico tomaba una pieza del motor, la abría y cerraba, la limpiaba con los dedos y….

“Listo hermano, ya está, ahora encendelo”.

Lo encendí, y maravilla, el motor sonó como sinfonía. El hombre reía, yo reía, y la vecina del bolso y la nieta, también.

Nada de escanear la computadora como había dicho el otro mecánico, el problema era la tapa de no se qué cosa que se había abierto y se cortaba el flujo eléctrico del motor, según me decía el muy idóneo muchacho.

Feliz y contento, el hombre se me iba. “Pará”, le dije, “dejame que te pague”.

“No hermano, ¿qué me vas a pagar?...fue un gusto”.

Y se fue contento a seguir con el mate y sus amigos. Y yo a mi casa pensando que quería escribir una editorial que se llamara “Es un gusto”.

Un editorial para decir que el programa no es una isla en un mar de miedos y soledades, sino que es una representación de lo que somos como Gran Barrio. Lo que pasa en el Programa de Salud Mental Barrial pasa todo el tiempo en todos lados, no es una excepción.

Si fuera el programa un lugar aislado de lo que somos como comunidad, como país, no valdría mucho la pena jugar a la utopía de los únicos iluminados. Lo lindo es que en muchos lugares, muchas situaciones, muchos momentos, mucha gente dice: “es un gusto”. Y con eso se siente pagada.

Y hay vecinas con bolsas de compras y nieta en mano, y hombres arreglando en musculosa las luces de la entrada de su casa, y mecánicos tomando mate que se levantan a arreglar un auto averiado, y barrios enteros que son felices sin a veces siquiera darse cuenta, entretejidos por la solidaridad. Porque la felicidad es ese “gusto”, el gusto de dar una mano, de sentirse algo más que un engranaje o un mero peón de un ajedrez sin alma.

Los talleres de nuestro programa representan esa dimensión de la vida. Esa vida que da gusto. Y que genera ganas de seguir por allí, silbando bajito una melodía linda y sencilla, que espanta los demonios del desencanto y la desazón que hoy creen dominar al mundo, pero no, no lo dominan.


MIGUEL ESPECHE
Abril 2009, Boletín Nro. 120

martes, 24 de marzo de 2009

TALLER Sensualidad, Erotismo y Fantasías

Nos juntamos todos los martes a las 18.15 hs en Bar TV Monroe 3602 1* piso y durante 1,30 hora hablamos fundamentalmente de nuestras emociones para sentirnos bien o lo mejor que podamos.-

Tener una buena sexualidad o transitar por nuestras fantasías es uno de nuestros propósitos.-

Es diferente la sexualidad del hombre o de la mujer ?

Considero que necesito viagra para tener una pareja ?

Busco un compañero/a ?

Cuando hablamos de sexualidad abordamos dos aspectos: Por placer o para procrear
- Por el placer que nos brinda el vernos acompañados o en búsqueda de ese enamoramiento que nos permita disfrutar de estos hermoso momentos, plenos de erotismo.-
- Para procrear es pensar en dar nuevas vidas. Sentimos el deseo de ser padres.-

Hablamos también de vínculos: Como nos relacionamos con todos nuestros seres queridos.-

Sabemos comunicarnos correctamente o solemos gritar o expresarnos grotesca o violentamente? Muchas veces nos ocurre que de determinados temas no nos animamos a hablar o tenemos vergüenza. Que importante es cuando podemos decir lo que nos gusta o lo que no nos gusta y así la otra persona sabe lo que pensamos y no tiene que estar adivinando.-

Entre todos es más fácil ayudarnos a descubrirnos. Escuchando lo que le pasa al otro solemos aclarar lo que en soledad es mucho mas complicado. Solos pensamos y nos contestamos nosotros mismos; no tenemos la opinión o las experiencias que tuvieron otras personas.-

Los invitamos a acercarse y de esta manera compartir las vivencias, experiencias y fantasías.-

Mario Perfumo, Animador del taller Sensualidad, Erotismo y Fantasías
Martes 18:15hs en Bar TV

jueves, 26 de febrero de 2009

VISITAS EN EL COMITÉ DE CONDUCCIÓN

Los coordinadores de los talleres del Programa de Salud Mental Barrial saben que pueden participar como oyentes de las reuniones del Comité de Conducción (también llamado Comité de Ética, ya que el corazón del PSMB es de orden ético y no “físico”) todos los miércoles a las 12.30 horas, en el Guido Bar, frente al hospital.

A su vez, si los coordinadores de los talleres quieren saber algo de lo que pasa en el Comité sin tener que ir hasta allí para averiguarlo, pueden hacer uso de Internet, ya que se hacen circular las crónicas de dichas reuniones vía e-mail para que la mayor parte de las personas tengan acceso a lo que surge en el taller que da referencia al programa en su conjunto.

El hecho de que exista la intención de que la reunión del Comité de Conducción sea abierta a todos los animadores no es menor, ya que representa una idea de autoridad y una manera de construir la vivencia de lo público, que es para nosotros muy importante y esencial.

“Todo en el programa es público” se dice desde los inicios del programa, y la intención de que los coordinadores de los talleres puedan presenciar el Comité de Conducción tiene la intención de honrar esa premisa.

Es sabido que el Comité de Conducción está conformado por el Coordinador General y quienes coordinan los talleres de coordinadores. También forman parte de ese comité los coordinadores de las Orientaciones y los de los talleres –comisión (boletín, prensa, Familia y Justicia, etc.) . Lo que quizás no es tan conocido es que también forman parte del comité los que a veces llamamos “invitados con voz”, es decir, coordinadores que son invitados durante seis semanas a participar en forma plena hablando, participando, diciendo lo suyo como un miembro más del comité.

¿Cómo se invita a esos compañeros?, hasta el momento hubo varios tipos de invitados. Gente interesante y piola, gente que discutía mucho los ordenamientos del programa sin conocer al Comité (quienes a veces igual eran interesantes y piolas), gente que nos caía simpática, gente que nos parecía antipática pero que queríamos conocer por su carisma y también gente que pedía ser invitada porque sí, porque tenía ganas de venir al comité y con esas ganas contagiaba al coordinador de coordinadores quien entonces le decía el consabido “dale, vení”.

A veces hablan mucho (las menos), otras la juegan de callados, a veces dicen cosas piolas, otras burradas…., bueno…nada muy diferente a los miembros “dinosaurios” del comité. Su presencia, sin embargo, y mucho más allá del estilo personal de participación que tengan, nos hace sentir, a los miembros más veteranos del comité, la existencia del “otro”, en el sentido de que hay siempre una ventana abierta a través de la cual nos miran, y a través de la cual entra aire nuevo, aire despojado de rutinas y vejez en la mirada. Para eso, el Comité se muestra y se nutre, para no dormirse o enamorarse de su propia imagen en el espejo, recordando que es parte de un todo mayor que sí mismo.

A la vez, nos interesa que quienes participan del Comité (invitados, sea con voz o sin ella, o los que leen las crónicas) sean muchos y transmitan una vivencia del Comité que tenga un palpitar humano, algo que despoje al mismo del aura extraña y lejana que suele aparecer en derredor de los lugares desde los cuales se referencia la autoridad.

Este procedimiento existe desde hace muchos años y es uno entre muchos usos y costumbres cotidianos del programa. Sin embargo, como digo al inicio, sirve para entender de qué se trata esta comunidad de deseos y de sueños que es el PSMB.

La idea es la circulación de la energía, la vitalidad, la salud. La apertura a lo público es parte de esa circulación, evita quistes en el alma y genera confianza, despejando los temores que lo oculto suele generar.

Todo lo del programa es público. Todos pueden estar (pero no de cualquier manera, claro está) y conectarse con la vitalidad de la buena vecindad. Las visitas en el Comité son tan sólo una muestra de esa manera de ver y hacer las cosas dentro de nuestro programa, para no quedarnos dormidos frente al espejo, mirándonos, aburridos, a nosotros mismos.

MIGUEL ESPECHE
Editorial publicado en Boletín del PSMB Nro 119, febrero 2009

viernes, 6 de febrero de 2009

El cuento de Luis

U N CU E N T O

Atribuyo mi gusto por los cuentos a los relatos que de chico me dedicaba mi abuelo, de su boca salían historias atrayentes que le habían sucedido de joven en España. Celebro que entonces no hubiera televisión, ¡lo que me hubiese perdido! Pasados los cuarenta un día empecé a escribir cuentos, más adelante me animé a leerlos en público, y también a contarlos.
¿Le cuento uno?

Había una vez . . . una vieja casa, construida por mi abuelo, cerca de lo que mucho tiempo después se denominó Fuerte Apache. Allí debía quedarme solo, de noche, para cuidarla, hacer de sereno digamos. Cierta vez me decidí a escribir las sensaciones de miedo que sentía. Diré casi terror cuando escuché pasos que parecían venir de la galería o del patio. Por supuesto yo estaba en el interior con las persianas cerradas, y al oír los ruidos apagué todas las luces de adentro y encendí las del exterior; luego espié por las mirillas. No vi a nadie. Habrán sido pasos en la calle que resonaron en la galería, me dije para calmarme. Pero . . . luego de unos minutos oí pasos en la terraza, serán gatos pensé para tranquilizarme. En fin poco pude escribir y para poder dormir me tomé una ginebra.

Por la mañana mientras tomaba unos mates recorrí la casa para observar si había algo distinto de lo habitual, no noté nada diferente, hasta que de pronto un detalle llamo mi atención; junto a la rejilla había un pucho de cigarrillo, yo no fumo ni nadie de la casa, ¿ cómo es esto ? me pregunté.

En eso sonó el timbre, fui hasta la puerta de calle, era el vecino que venía a pedirme prestada una pala, me pareció que tenía ganas de conversar. Yo no, estaba muy preocupado. Luego reflexioné y llegué a tramar una inocente mentira, cuando volviera con la pala para ahuyentar mi temor compartiría con él unas palabras.

Cuando regresó a devolverme la pala le conté: sabe Don Antonio anoche, oí ruidos y esta mañana encontré rota la puerta del galpón - estoy asustado.

Me contesto: peor estoy yo, Don Luis, ¿ Sabe porque le pedí la pala?

Para arreglar el jardín - dije por decir algo.

¡ No ! ¡ No ! para enterrar al perro ¡ anoche me lo degollaron !


¿ Qué le pareció ? ¿ Quiere opinar ? ¿ Qué SINTIÓ ?
Eso me importa. Ahora que coordino el taller “Mi vida es un cuento, contame el tuyo” lo invito a compartir juntos qué sentimos, nada culturoso, ni técnico, no importa si no escribe, algo tiene para contarnos. Dele, anímese y venga a pasar un momento en compañía.-

L U I S J O R G E G A R C Í A, animador


Taller “Mi vida es un cuento, contame el tuyo”
Jueves 20hs en Galeno Restó Bar

Tengo el corazón contento..........

Crónica de la fiesta del taller "El placer de cantar" en la plaza Carlos Campelo

¡Hola, queridos compañeros!: ¿Cómo están? Yo, pleno y feliz. Ayer, sábado 6 de diciembre, hicimos el cierre anual del taller en la Plaza Campelo y es-tuvo maravilloso.

Encontramos un lindo lugar, bajo los árboles y a eso de las 19.30, nos juntamos todos, para cantar, comer, tomar y pasarla bien y fue hermoso, porque terminó siendo un real taller de salud mental barrial.

Ni bien llegamos, pelamos la viola y empezamos a cantar canciones viejas, nuevas, de todo un poco y a medida que pasaban los temas, la gente que paseaba por la plaza se empezaba a acercar y a querer participar con nosotros.

Primero fue un muchacho joven, tipo rockero, que nos preguntó de donde éramos y nos dijo que le gustaba mucho lo que hacíamos y si podía tocar el también la guitarra.

Así, que me acompañó en un rock, haciendo los punteos y luego nos pidió algo de folklore y entonces cantamos la zamba, "Zamba y acuarela", que está buenísima. El quedó chocho y le dieron ganas de venir al taller.

Después, un señor mayor pidió si podía cantar una milonga y le arremetió con guitarra y todo a una milonguita hecha y derecha.

Luego llegaron los integrantes del "Dúo Alondra", Nora y Enrique, que ya tienen otro nivel y nos presentaron temas de su último CD.

No parábamos de disfrutar y asombrarnos cuando pasó un cartonero con carro y todo y nos regaló, siendo del sur, una canción que habla de los pueblos indígenas olvidados y nos dijo que estuvo en contacto con ellos y que eso lo llenó de experiencias espirituales, que lo hicieron un "guerrero" y ahora tiene mucha fuerza y nunca se cansa.

También hubo tiempo para los niños, porque el sobrinito de Nora, de nueve años, se cantó "Garufa" con una gracia y una prestancia increíbles.

Hablando de garufa, la pasamos bomba y nos cagamos de risa cuando Armando, un tallerista, cantó, "La corbata rojo punzó", de Hugo Varela.

La gente que estaba sentada en los alrededores, nos aplaudió bastante y nos agradeció mucho el momento vivido.

Y a eso de las 0.30 horas emprendimos la vuelta, para que "no se nos haga de noche".

Tengo el corazón contento, el corazón contento lleno de alegría...

Claudio Sehmsdorf, animador del Programa.


Taller "El placer de cantar"
Viernes 21hs en Guido bar