miércoles, 30 de septiembre de 2009

El taller de la página

Cuando decidí tomar el taller de la página web allá por 2007 lo tomé con la idea de explorar un campo poco conocido por mí, los sitios "web". Como para ser coordinador de un taller no es requisito "saber" de la temática decidí tomarlo y revisar las "páginas" de mi vida: las que conozco, las que están en blanco y también, ¿porqué no? dar vuelta alguna página..... Así comencé, en el desierto, pero muy acompañada y estimulada por la confianza recibida de mis compañeros y compañeras.

En el camino fui encontrando vecinos generosos con los que aprendí a manejar la "tecnología" y así mantener actualizado el listado de los talleres en nuestra página institucional www.talleresdelpirovano.com.ar integrándola, junto a otros animadores, como "taller" del Programa.

Lo grandioso del "Piro" es que dentro de la red de ayuda mutua uno se anima a muchas cosas. Y me animé. El año pasado, luego de compartir ideas e investigar el universo virtual surgió el deseo de comunicar y mostrar al mundo (virtual) el entusiasmo de animadores y talleristas. Así nació el "blog" www.talleresdelpirovano.blogspot.com al que estamos alimentando con contenidos desde el mes de octubre 2008.

Mi deseo es invitar a los animadores que tengan ideas, textos, relatos, fotos, vivencias y emociones que contagien a otros vecinos. Invito a quienes tengan ganas de aprovechar un medio más que nos permite mostrar el corazón del programa.

Con lo que fueron aportando los participantes del taller se abrieron (hasta ahora) las siguientes líneas temáticas:

"Los talleres en palabras de sus animadores"

"Los talleres en palabras de sus talleristas"

"¿Porqué abro este taller?"

"Recordando a entrañables compañeros" y,

"Editoriales del Coordinador General del PSMB"


Dentro de cada una de estas etiquetas pueden leerse textos y verse fotos que decidimos compartir con el barrio y los visitantes. Es simple, con sólo un click en www.talleresdelpirovano.blogspot.com

Por ser un Taller-Comisión está abierto a coordinadores/animadores del PSMB y, por si aún no quedó claro, NO es necesario ningún conocimiento informático.

Me afirmo en que me animo a más y quiero que me acompañen.

Los espero jueves 19hs en el Bar Galeno.

Graciela Contreras
Animadora del Web-taller "Mi página, Tu página, Nuestra página"

viernes, 4 de septiembre de 2009

EL CLUB DE LOS QUEJOSOS

Haciendo un poco de memoria y recordando que mi infancia fue bastante complicada porque tuve que enfermarme de asma para recibir un poco de atenciòn de mis padres adoptivos....todo enfermo se convierte en el centro de atención de la familia y a la vez en un tirano. Cada ataque de asma traia aparejado un juguete u otro regalo. Hoy me doy cuenta que pagaba un alto precio por ello. Pero bueno, esas fueron las circunstancias de mi vida en ese momento y crecí con muy poca tolerancia a la frustración, con una mamá muy sobreprotectora y muy disconforme con su vida.

El tiempo fue pasando y cuando llegué a la adolescencia me fui de mi casa rompiendo la cajita de cristal en que me habían puesto mis padres, por miedo. Fue muy difícil cuando te dicen que no podés todo el tiempo tratar de poder. Me esforcé tanto por conseguirlo que me fui al otro extremo y me convertí en esa persona que todo lo puede, que en realidad es lo mismo, porque no hubo una elección.

Algunos años después me casé, enviudé y con la responsabilidad de 3 hijas no me permití parar para revisar qué estaba pasando en mi vida que yo seguía siendo asmática y además de víctima, disconforme con todo, eso sí muy exitosa en cuanto a la capacidad de conseguir dinero, pero en las relaciones afectivas un desastre.

Un dia un amigo muy querido me recomendó el programa y decidi ir al taller de la víctima. Compartiendo las vivencias de cada vecino pude con el tiempo solucionar el tema del asma y me curé. Pero seguía con problemas en mis vínculos y me di cuenta que los hijos habían crecido, estaban haciendo su propia vida y yo me estaba quedando sola.

Hacia un tiempo que habìa dejado el programa y decidí volver. Esta vez recorrí varios talleres y fui descubriendo en mi que el denominador común de todo lo que no me hacia feliz era el lugar en donde yo estaba instalada: el lugar de la queja. Me di cuenta que en realidad la queja me servía para no hacerme cargo de nada de lo que sucedía y culpar siempre a los demas.

Un dia resolví hacer el curso de coordinadores y después de un tiempo apareció mi deseo de abordar este tema seriamente poniendo un taller para quejosos porque seguramente a más de un vecino le deben pasar cosas parecidas a las mías y me parece bueno que compartamos nuestras vivencias.

Y el deseo se hace realidad el próximo lunes 7 de setimbre, a las 19,15 hs espero vengan todos los vecinos que sientan que este tema los atraviesa para enriquecernos juntos.


Gracias.
Iris Pérez
Coordinadora de "El Club de los quejosos"
Lunes 19:15hs Hall Pretección de Salud Sector "C" (PB)

LA PRIMERA VEZ

Desde la década del 80, cuando Carlos Campelo empezó esta “movida” de los talleres, la llegada de los vecinos que venían por primera vez al programa (bueno, en realidad entonces no era aún un “programa”) fue muy importante y marcaba un estilo de recepción muy particular.
No voy a historiar demasiado acerca de cómo se recibía a los “nuevos”, pero diré que siempre se trató a quienes se arrimaban al hospital y a los grupos de manera respetuosa aunque, convengamos, no muy tradicional. Esto significa que siempre se vio a los “llegantes” como potentes y respetables y no como pobres quejosos, impotentes ante sus circunstancias.
Generalmente desde siempre se convocó a los recién llegados a grupos de orientación, en los que se transparenta lo que “sintonizan” (o no) el programa con las expectativas que ellos traigan.
Cuando esas expectativas no se cumplen, es decir: cuando lo que los aspiran encontrar no coincide con lo que el programa propone, ocurren dos tipos de fenómenos:
1- Con desilusión y a veces bronca, el vecino se retira del grupo con la idea de que se equivocó o, inclusive, que el programa está equivocado por ser como es y no cumplir con su idea de lo que es un Programa de Salud Mental Barrial.
2- La persona deja caer sus expectativas y siente algo fundamental: curiosidad por saber de qué se trata la cosa. En esos casos, muchas veces los vecinos que sienten ganas de conocer más del programa encuentran (así lo dicen muchas veces) alternativas que ni se les había ocurrido y que los benefician inclusive más de lo que hubieran pensado en un principio.

No hay un modelo de “primera vez”, sino que cada uno diseña esa instancia, sin darse casi cuenta, a partir del cómo ha vivido antes y qué actitudes adopta frente a las cosas.
Aquel que desea que el mundo gire en su derredor pretenderá que el programa actúe según su criterio y a veces hasta sentirá como una ofensa el hecho de que no se le de tanta bolilla a sus ideas de cómo son las cosas. Aquel que ha tenido una actitud receptiva y curiosa en su vida seguramente encontrará más facilidad para escuchar lo que se le dice, sin considerar que eso es una ofensa por no dar con el perfil de lo que pensaba que la cosa debía ser.

A la vez, como programa de vecinos reunidos en derredor de una idea solidaria de la Salud Mental, aprendemos con aquellos que, viniendo por primera vez, a veces con sus dolores a cuestas e inclusive aturdidos por algunas cosas que les pudiera haber pasado, aún así, digo, sacan fuerza de flaquezas y se la juegan para traerse con autenticidad.
Ellos, los nuevos, nos despiertan del letargo de escucharnos siempre a nosotros mismos diciendo las mismas cosas, generando códigos de palabras que, por el hecho de ser repetidas como letanía, corren el riesgo de perder su savia.
Los valores del programa habitan a veces en formas del decir que sólo en apariencia no coinciden con lo que solemos enunciar que las cosas son. Poder recibir a los nuevos, con esa mirada fresca y a veces dura sobre el programa es algo que vitaliza, despierta, rejuvenece, sea o no justo lo que se diga, sea o no sabio y, también, sea o no dicho con “buena leche”.
Antes venían más nuevos que ahora. Desconocemos las razones. En épocas pasadas, sea por las crisis económicas, por ciertas condiciones sociales de aquellas épocas, porque éramos más “locos” o porque éramos novedad para los medios y éstos nos ubicaban siempre en lugares mediáticos de privilegio, los grupos de orientación estaban más “llenos”. Hoy en día, más gente viene directo a los grupos de base, quizás ayudado ésto por la existencia de nuestra página web, que está funcionando, junto al lindo Blog que armó Graciela Contreras, muy pero muy bien.
En estas circunstancias, en el Comité de conducción sentimos muchas ganas de agrandar la familia con más vecinos que vengan a participar de lo que tanto disfrutamos y que disfrutaremos más aún con lo que, quienes vengan por vez primera, traigan como novedad.
Estamos con ganas de seguir revisando si tenemos puertas cerradas, si está en nuestra órbita generar una fiesta de la salud comunitaria de tal luminosidad que le de ganas a más vecinos de venir a sumarse a ella. O si es una cuestión de ciclos que van más allá de nosotros. No es que nos falten compañeros de ruta, es que nos sobran ganas de compartir con la gente de Buenos Aires y alrededores lo que día a día tanto bien nos hace.
El Programa honra su propia ética. Es como un gran taller y, como tal, revisa sus maneras y su deseo convocante. Cuando un coordinador abre un taller, generalmente éste se llena con gente, o no, a partir de la índole del deseo que ese coordinador tenga.
En ese sentido, y de igual modo que lo hace un taller que quiere potenciarse con los que vienen por primera vez, estamos con ganas de poner en alto la lámpara para que sea vista por más gente. Y la luz que genere esa lámpara tendrá la intensidad de nuestro propio deseo, de nuestras ganas de compartir y escuchar la palabra fresca del recién llegado para darle la bienvenida.
Al fin y al cabo, cada día es una primera vez para quien sabe darse cuenta. No importa si somos o no “dinosaurios” del programa, la frescura la tendremos, o no, de acuerdo a cómo abramos la puerta a la curiosidad respecto de los otros vecinos nuevos, que se arrimen a nuestro hospital, sepan valorar lo que encuentren y se sientan en casa.


MIGUEL ESPECHE
Coordinador General PSMB

sábado, 29 de agosto de 2009

”Entre luminarias, música y nuestro deseo compartido vamos encontrando el rumbo”


Es sábado a la mañana, un típico sábado de agosto, fresco, de a ratos nublado y de a ratos un sol esquivo que pareciera quedarse y luego se va. Es el barrio de Villa Urquiza un lindo lugar de la ciudad de Buenos Aires, que comienza a despertarse lentamente al ritmo de un barrio, a ritmo de sábado, los kioscos de diarios con su movimiento, las panaderías listas y una multitud de negocios armando sus lugares en la vereda y así vamos llegando al club “Sin Rumbo” (un club de tango) los vecinos que participamos del taller “Piedra libre los que queremos bailar”.

Falta todavía para que empiece el taller, entramos y el lugar parece estar mas frío que en la calle, uno a uno vamos subiendo al primer piso entre chistes cargadas y risas esas cosas que los vecinos solemos hacer cuando nos divertimos, el lugar es la antesala del teatro, por cierto un lugar muy lindo, lleno de fotos y pósters de la compañía de teatro “Luminarias 77” un grupo de fotos de actores, actores-vecinos que nos miran desde esos planos lugares y parecen disfrutan de lo que hacemos en silenciosa complicidad.

Ahí estamos todos Héctor, Mabel, Irene, Olga, Maty, Jorge, Kuky (María de Carmen) y yo, todos con esa dinámica de barrio que nos va envolviendo, alguien trajo un mate, alguien que prende la estufa, mientras vamos armando el equipo de música, otro que acomoda una alguna silla y así surgen los comentarios de las vivencias de la semana, de alguno que no puede venir, de otro que esta enfermo, de la gripe y el alcohol y todas esas cosas.

Sin darnos cuenta el taller ya comenzó, y sin darnos cuenta ya encendimos nuestro pequeño fueguito el de nuestro taller, que vamos alimentando con lo que trae cada uno, hacemos una ronda y lentamente nos vamos callando para escuchar la música. La idea es seguir la música y tomar el movimiento del otro “o” dejar que el otro tome nuestro movimiento.

El tema musical es el que me surge poner en ese momento, buscando sintonía con la vivencia del grupo y es así como lentamente todos empezamos a jugar este juego grupal: “Seguir la música, tomar del otro………, seguir la música, tomar del otro………” y así nos vamos soltando, sin inhibiciones, sin prejuicios, tratando de sentir la música al tiempo que el movimiento surge sin un paso determinado, el que nuestro cuerpo elija.

A veces acompañando a otro, a veces solos nos metemos en algún camino interno, en alguna vivencia, a veces nos perdemos para volvernos a encontrar y así mientras damos vueltas, danzamos ritmos y melodías en un hermoso dialogo corporal grupal.

Es en este contexto que los que participamos del taller vamos transitando diferentes sensaciones, estados de ánimo, podemos jugar como el niño que fuimos, sentir que estamos volando, o sentir enojo, alegría, desconcierto. Lo hacemos en un lugar de cuidado, en este espacio que es el taller, donde lentamente vamos reencontrándonos con nuestra capacidad de movernos al son de un ritmo o de una melodía y la pasamos muy bien.


Daniel Frías
Coordinador del taller
“Piedra libre los que queremos bailar”
Un taller de expresión corporal
sábados 10hs – club Sin Rumbo

miércoles, 12 de agosto de 2009

Mauricio Aisemberg



Mauricio Aisemberg:

Pediatra, "embajador" del Programa de Salud Mental Barrial, compañero querido. Estas palabras son para decirte que vas a seguir estando muy presente en nuestro taller.

La última reunión te recordamos con gran cariño y alegría, más allá de la pena que nos dió tu partida. Yo voy a extrañar especialmente tu jovialidad y nuestro intercambio de poesías.

Nancy López
Taller de animadores Viernes 17hs
Miguel Espeche - Ricardo Neves


Se fue el embajador
Lo queremos mucho a Mauricio. Y más nos damos cuenta que lo queremos ahora que se fue.
El era nuestro Embajador. Lo era porque nos representaba lealmente en todos lados, porque era alguien que conocía y era conocido en los ambientes hospitalarios en los cuales promovía nuestro programa con un amor tan grande como sobrio y callado.
Hacía muchos pero muchos años que andaba por el Programa. Ya había amagado irse años atrás, cuando le agarró no recuerdo qué pataleta que lo tuvo internado un tiempo, pero no...volvió no sólo sanito sino que con una lucidez lacónica e implacable que nos sorprendía cada tarde los días viernes, en el grupo de animadores de las 17 horas.
Era medio cimarrón, y era vecino entero...le gustaba hacer lo que quería, y en ese querer estábamos presentes siempre nosotros, sus compañeros.
Me daba textos para ser leídos acerca de algunos temas de los que habíamos hablado en el grupo, a veces chapeaba un poco (muy poco) con eso de que era médico, pero poco importaba, porque al final de cada reunión, su saludo era tan sobrio como cariñoso, propio del caballero que era.
Todavía no pasé a esa etapa de saberlo presente entre nosotros aunque se haya ido. Todavía estoy incrédulo ante su partida.....y triste.

MIGUEL ESPECHE
Coordinador General PSMB

martes, 4 de agosto de 2009

EL CUIDADO DEL PROGRAMA

Hace unos días ocurrió de nuevo. En un taller del programa varios vecinos indignados clamaron por el envío de un coordinador al barrio de Palermo (lugar en donde estaba el taller), dado que el coordinador anterior había dejado la animación del mismo.
Los vecinos del caso estaban bastante enojados. Decían que era injusto que se cerrara ese taller, que implicaba una discriminación que iba en detrimento de quienes vivían lejos del Hospital Pirovano, y, algunos de ellos hasta decían, con razón, que nada impedía que se juntaran los participantes de dicho grupo para continuar con sus reuniones, pero, claro está, sin llevar el apellido “Pirovano” como atributo de identidad.
En algunos textos de protesta que se hicieron circular acerca de esta situación (clara lámina de un equívoco bastante habitual), también se clamaba por un derecho que, suponían, merecían quienes creían haber sido maltratados por nuestro programa: el derecho a que se les designara un coordinador en el taller hoy cerrado, un animador que se dirigiera a Palermo (aunque podría haber sido en cualquier lado, inclusive en el hospital mismo) para reemplazar al ausente coordinador.
Al leer esos correos que circulaban a diestra y siniestra, no podía más que pensar acerca de las diferencias entre ser coordinador de un programa de voluntarios y un General del Ejército.
Imaginaba un General ordenando a un teniente, por ejemplo, a que se desplace hacia el objetivo sito en Palermo a los fines de dar por solucionada la situación generada ante la partida del coordinador anterior. “Obediencia Debida” mediante, el teniente debería dirigirse al lugar y tomar posesión del objetivo. Claro…yo soy tan solo coordinador, es decir: coordino voluntades, no puedo prescindir (y que se me perdone la obviedad) de las voluntades de los voluntarios (debo, eso sí, coordinar con autoridad esas voluntades), y es así que, en esas ocasiones, si no hay quien desee coordinar algún taller, este se cierra.
En general intentamos que haya quien reemplace a algún coordinador que se va, pero no siempre eso se da. Y, siendo gente grande y potente como consideramos que son los vecinos que forman parte del programa, será parte de la capacidad inherente a todos el aceptar las cuestiones que nos frustran sabiendo que no podemos ordenarle a la realidad que sea como nuestra mente quiere, imperativamente, que sea. Bueno…en verdad podemos ordenarle eso, pero de allí a que nos haga caso hay un buen trecho… A su vez, y como ejemplo de otra situación que también es habitual que llame a equívocos, algunas veces un taller se cierra porque su coordinador no cumple con requisitos que hacen que el programa sea eso: un programa, y no un mero rejunte de gente que se reúne sin un marco que les de orden y sentido comunitario.
En esos casos, recordamos a los vecinos que la manera de cuidar que tiene el programa es a través de las reuniones de animadores, en las que se transparentan las actitudes de los voluntarios quienes tienen a su cargo los diferentes talleres de base, lo que permite no sólo ayudar a apuntalar su labor, sino a saber de sus intenciones y su real deseo de pertenecer a una red de ayuda mutua. Recordamos también, en ese sentido, que muchas veces se pretende mal usar al programa con fines egoístas, de mero regodeo narcisista,
usando la capacidad de convocatoria del programa y la confiabilidad que éste tiene tras tantos años de labor, para vivir un momento de gloria muchas veces demagógica, que impide que la tarea se desarrolle en salud y de manera perdurable. Muchas veces hay coordinadores que son como esos “tíos piolas”, solterones y adolescentes eternos que llegan a la casa de sus sobrinos, los “manijean”, les ofrecen alternativas poco sustentables de felicidad, les dan de comer tan solo postres ricos en azúcar pero sin alimento real y, luego, cuando está hecho el daño, se van, dejando a los padres la tarea de reordenar las cosas y sostener al hijo que se ha quedado en banda.
Estas cosas pasan, y forman parte del crecimiento personal y comunitario que promueve el Programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano. Siempre han ocurrido cosas del estilo y son oportunidad para aprender todos de ellas llevando las escenas para nuestra vida personal y familiar.
No siempre es agradable, pero estar allí para promover un orden sustentable de amor comunitario es lo que deseamos, y, en definitiva, es lo que venimos haciendo desde hace muchos años con entusiasmo.
Que se enojen algunos vecinos no nos produce placer precisamente, pero creemos que muchos de ellos, viendo de qué se trata este programa y reconociendo el respeto que significa saberlos potentes y no “necesitados” o incapaces, sabrán valorar esta actitud que es la que marca la originalidad y la perduración en el tiempo de nuestra red de talleres de ayuda mutua.
MIGUEL ESPECHE
Publicado en el Boletin del PSMB. Agosto/09

jueves, 11 de junio de 2009

DE CANTO Y TULIPANES

A veces la vida te da sorpresas. Eso imagino debe haber pensado Andrea Ottolini cuando de repente le comunicamos que su taller “Quiero vivir como canto” sería visitado por una delegación de médicos holandeses que querían conocer nuestro programa.

Andrea, a quien conozco desde hace muchos años, fue coordinadora de un ya legendario taller para tímidos, y, a primera vista, pareciera ser eso: tímida, por más que su paso por el programa haya demostrado que, si es tímida, eso no le impide tener su temperamento.

El taller de Andrea es uno más de los muchos del programa. Y eso de ser “uno más” implica, por supuesto, que, como todos los otros, es un universo en sí mismo, haya muchos o haya pocos integrantes en él.

Si Andrea estaba sorprendida por el hecho de que irían los holandeses, más imagino que se debe haber sorprendido al saber que eran 16 los mismos y que, como suele pasar, varios otros vecinos del programa nos “colaríamos” en su grupo para cantar junto a los visitantes y los “habitués” del taller en cuestión.

Como Coordinador General había propuesto el taller de Andrea para que lo visitaran los holandeses porque creí que, dado el tema del idioma, la música sería una vía regia para el entendimiento de lo que es el programa, una vez que, en un encuentro previo en el taller de Animadores de Adriana Bresler, hubiésemos explicado a nuestros visitantes, a través del perfecto inglés de nuestra traductora oficial, Stephanie Berwick, la filosofía, la ética y las formas del Programa de Salud Mental.

Ya a esa altura, Andrea empezaba a recibir presiones del Coordinador General, quien quería darle al taller un sesgo que él consideraba acorde a la situación especial que se vivía. Claro, la coordinadora era ella y, a no dudarlo, tenía sus propias ideas al respecto. Al principio creí que todo sería un fiasco. Andrea no me daba bolilla y parecía seguir su línea habitual, en la que ella colocaba un cassette (en este caso, una canción de Yupanqui), lo escuchaban todos, leían y analizaban su letra…yo pensaba: “estamos en el horno, los holandeses quedan afuera y no tienen idea de lo que significa huella y camino”. Mientras los tres o cuatro habitués cantaban, y los varios visitantes argentinos intentábamos hacerlo con timidez, veía a los holandeses observar con cierto azoramiento lo que ocurría.

Les dijimos a los holandeses en algún momento que había un conflicto entre Andrea y yo, o, al menos, una suerte de desacuerdo pero que, llegado el caso, lo que valía era lo que fuera coordinando Andrea. Mostramos en acto lo que es un taller, con eso de “juntos aunque no estemos de acuerdo”.

A la vez, de repente Andrea dice unas palabras mágicas: “qué sienten ustedes con nuestra canción”. Y allí empezó todo…

Los holandeses empezaron a relacionar: la nostalgia de la música les sugirió sus propias nostalgias, todas ella traducidas maravillosamente por Stephanie a nivel de las palabras y entendidas, desde el gesto y el sentir, por todos. Una holandesa (a esa altura, ya era vecina) saca un mp3 o cosa similar y, emocionada, pone un tema que le evoca la ciudad en la cual vivió su embarazo. La escuchamos enternecidos. Luego salieron otras canciones, en un ping pong maravilloso en el que los profesionales de la salud europeos mostraban que el Barrio es el Barrio, no importa dónde quede el lugar físico.

Nos reímos mucho. Apareció “Estoy hecho un demonio” ya con baile incluído. Ellos, los de “allá”, sacaron canciones de la galera que ni ellos mismo podían creer estar cantando ya que, se suponía, eran gente seria. Nosotros nos prendíamos muertos de risa, porque, convengamos, las canciones tradicionales de Holanda son graciosas dado que a veces vienen acompañados por gestos también tradicionales que marcan un estilo muy particular.

Los temas de Francis Smith o los oriundos de los lejanos pagos de los Orange, el baile a capella, la risa, llegaron a su paroxismo. A esta altura ya es difícil relatar lo que iba ocurriendo, porque los hechos se mezclan en la memoria debido al shock de endorfinas que sufrimos debido a la risa y la alegría.

Solo puedo decir que terminamos preguntando acerca de Máxima Zorreguieta y, al final de los finales, cantamos dos preciosas canciones: los himnos de Argentina y de Holanda, abrazados en ronda.

Los holandeses se fueron contentos, abrazando a diestro y siniestro, dándonos regalitos divertidos y riendo por lo que sería traducir a lenguaje “serio” lo vivido. Nosotros, quizás más acostumbrados a nuestras “locuras”, reíamos con ellos.

Repito, el Barrio es el Barrio, y cuando hay vecinos de ley, el lenguaje es el del gozo, el de compartir y el respeto por nuestra humanidad. De los temores, la tentación totalitaria del Coordinador General, la generosidad de un taller pequeño que, en realidad, vivió con grandeza su momento especial, pasamos a la fiesta.

Nadie, pero nadie, nos quitará lo bailado…


MIGUEL ESPECHE

Publicado en Boletín Junio 2009

sábado, 30 de mayo de 2009

Taller “Entre Madres e Hijas”

Mis queridas, queridísimas tallerista:
(Ma.Teresa, Marta y Cía)

Les hago unas líneas para despedirme, porque el martes 31 de Marzo vengo por última vez, o última vez de esta temporada.

Quiero agradecerles inmensamente que me hayan aceptado y permitido participar del Taller “Entre Madres e Hijas” … Me ayudó mucho a ver cosas, cosas que sabía de algún modo que desde mí no funcionaban, pero no tenía muy claro qué tenía que hacer. Oír otras historias me ayudó muchísimo a entender qué me pasa con mi hija mayor. Y pude contarles cosas de mi familia sintiendo que eran escuchadas con verdadero respeto, sin juzgamientos ni etiquetarme por lo que decía.

Nunca había participado de un “taller” de este tipo. Y me hizo tanto tanto bien que quisiera poder reproducir esta experiencia en Ushuaia, donde no existe. Me gustaría colaborar para que dos personas que trabajan en prevención puedan replicar alguno de los talleres en el hospital Ushuaia, o en alguna escuela.

Me parece que un taller no funciona como una psicoterapia individual, pero ofrece un marco de contención adecuado para poder reflexionar sobre cuestiones propias y de las personas más allegadas… no es una simple charla entre amigas, un “descargarse” de cosas dolorosas, es mucho más… y ayuda desde lo más profundo.

Por haberme permitido participar de sus encuentros, a todas y cada un abrazo muy fuerte.

María Cristina

Participante del Taller “Entre Madres e hijas”
Coordinadora María Teresa Luque
Ayudante Marta Carvajal

lunes, 4 de mayo de 2009

Taller “Alegrata Folklórica”.

Mi nombre: Felisa Gliksman y desde hace catorce años soy coordinadora del taller “Alegrata Folklórica”.

En todos estos años he vivido con el taller muchas alegrías con el mismo entusiasmo de siempre. Cada sábado el taller me depara una alegría nueva viendo cómo se acercan los vecinos que dicen: “yo no se dar ni un paso” y al poco tiempo ya están bailando gato, chacarera, escondido…..y hasta una zamba. Cómo el bailar les cambia el ánimo. “Bailar es una dosis de bien-estar”, “llegué un poco bajoneada y ahora estoy contenta”, dicen.

Bailar es poner el alma y el cuerpo en cada danza, es poner alas a la música, alas en nuestros pies y volar por caminos soñados.
Bailar es animarse y poner el cuerpo en un lugar más hermoso, es palpitar con la danza. Cada nuevo paso, cada figura que sacamos nos alegra el alma y entre aquel primer “no sé dar un paso” y el ahora en que bailamos nuestras danzas –tan hermosas ellas- hay un mundo que se nos llenó de mariposas.

Así es como siento yo la danza y me gusta compartirla con los vecinos que quieran acercarse a este taller, ya que ALEGRATA es una alegría que compartimos aprendiendo y bailando nuestras danzas. Si te gusta y tenés ganas te espero los sábados a las 18 horas en el Hall de Pediatría.

Felisa.

lunes, 13 de abril de 2009

“ES UN GUSTO”

La anécdota es en la calle Holmberg, allí cerca del hospital. Volvía un viernes a la tardecita del taller de coordinadores de las 17 horas. Iba en mi auto, que ya había dado algunas muestras de que algo le estaba pasando porque un par de veces, en esa semana, se había plantado por un rato, arrancando luego de manera misteriosa. Esa mañana misma había pasado por lo de un mecánico que me dijo que había que escanear todo el motor o algo así, porque era un tema de computadora bastante complejo por cierto, al menos según pude entender yo, que no soy experto en ese tipo de talleres.

Pues bien, esa tardecita pasó lo mismo que en los días anteriores. Con un tremendo ruido del escape, el motor se detuvo de manera inapelable, mientras los vecinos se asustaban y miraban a un lado y a otro temiendo que ese ruido furibundo fuera algún disparo de esos de los que tanto se habla en los noticieros. Pero no, el ruido era el de mi auto, que, como dije, se detuvo allí, justo en la esquina de la farmacia, en la que estaba la señora con la bolsa de compras y su nieta, y, del otro lado, el hombre de shorts, muy de entrecasa él, arreglando algo de la luz de la entrada de su PH.

Les hice señas de que no eran disparos, sino mi auto. Dejé la máquina a medio estacionar y bajé, maldiciendo el destino. Repuesta del julepe, la señora se me acercó y me preguntó qué pasaba. “Es algo del motor, señora, no sabría decirle más porque de mecánica no se nada”, le dije. El hombre se cruzó y me dijo: “¿qué pasó che?”, le contesté, por decir algo, “quizás sea algo de la combustión o las bujías”, con cara de que al menos conocía esas palabras del léxico mecánico.

“Te lo empujo”, me dijo. Lo hizo, por unos metros, pero nada, el motor estaba muertísimo.

Le agradecí, mientras el hombre me decía que cualquier cosa él estaba allí, en esa casa de enfrente, y que lo llamara si lo necesitaba. Me subí al auto y me puse a pensar qué hacer, dado que me daba mucha pereza tener que llamar al remolque y todo el tramiterío que eso significa.

Mientras pensaba y me iba haciendo la idea de que mi destino era el de llamar y esperar al mencionado auxilio, se volvió a acercar la señora de la nieta y la bolsa de compras.

“Mire señor, ahí a unos metros hay un taller mecánico”, señalando para el lado de las vías. “Gracias señora”, le respondí, pensando que ella era muy gentil, pero que mi auxilio sería más confiable que ese ignoto taller barrial.

Pasé unos minutos más dentro del auto, mientras atendía un llamado telefónico y seguía en vano intentanto resucitar el maldito auto.

Al final, opté por probar. Caminé unos veinte metros y ví el tallercito. Dentro de él, tres muchachos tomando mate y de gran charla. Me acerqué y les dije: “Tengo mi auto muerto ahí en la esquina y una vecina tuya me dijo que acá arreglan coches”. El que tenía las manos engrasadas se rió y dijo “bué, eso intentamos…¿dónde lo tenés?”.

Caminamos los veinte metros y durante unos tres minutos miré cómo el mecánico tomaba una pieza del motor, la abría y cerraba, la limpiaba con los dedos y….

“Listo hermano, ya está, ahora encendelo”.

Lo encendí, y maravilla, el motor sonó como sinfonía. El hombre reía, yo reía, y la vecina del bolso y la nieta, también.

Nada de escanear la computadora como había dicho el otro mecánico, el problema era la tapa de no se qué cosa que se había abierto y se cortaba el flujo eléctrico del motor, según me decía el muy idóneo muchacho.

Feliz y contento, el hombre se me iba. “Pará”, le dije, “dejame que te pague”.

“No hermano, ¿qué me vas a pagar?...fue un gusto”.

Y se fue contento a seguir con el mate y sus amigos. Y yo a mi casa pensando que quería escribir una editorial que se llamara “Es un gusto”.

Un editorial para decir que el programa no es una isla en un mar de miedos y soledades, sino que es una representación de lo que somos como Gran Barrio. Lo que pasa en el Programa de Salud Mental Barrial pasa todo el tiempo en todos lados, no es una excepción.

Si fuera el programa un lugar aislado de lo que somos como comunidad, como país, no valdría mucho la pena jugar a la utopía de los únicos iluminados. Lo lindo es que en muchos lugares, muchas situaciones, muchos momentos, mucha gente dice: “es un gusto”. Y con eso se siente pagada.

Y hay vecinas con bolsas de compras y nieta en mano, y hombres arreglando en musculosa las luces de la entrada de su casa, y mecánicos tomando mate que se levantan a arreglar un auto averiado, y barrios enteros que son felices sin a veces siquiera darse cuenta, entretejidos por la solidaridad. Porque la felicidad es ese “gusto”, el gusto de dar una mano, de sentirse algo más que un engranaje o un mero peón de un ajedrez sin alma.

Los talleres de nuestro programa representan esa dimensión de la vida. Esa vida que da gusto. Y que genera ganas de seguir por allí, silbando bajito una melodía linda y sencilla, que espanta los demonios del desencanto y la desazón que hoy creen dominar al mundo, pero no, no lo dominan.


MIGUEL ESPECHE
Abril 2009, Boletín Nro. 120