jueves, 29 de octubre de 2009
LEALTAD
¿A quién somos leales? Es una pregunta que aparece en nuestra vida muchas veces y, como el programa es parte de esa vida nuestra, la pregunta también surge, y mucho, en relación a nuestras actividades.
Pensaba que la palabra que generalmente usamos como antónimo de “lealtad” es la palabra “traición”. El golpe que significa esa palabra cuando nos la adjudicamos o nos la adjudican es muy fuerte, tan fuerte como lo es la valoración de la lealtad a la hora de las decisiones importantes.
Hace un tiempo, Mariángeles, una coordinadora de nuestro programa, se pronunció en desacuerdo con Cristina, su amiga de años y compañera de grupo de animadores, quien estaba teniendo un conflicto grande en dicho grupo. Al hacerlo, recibió la furiosa mirada de esa compañera con quien había compartido años de cercanía y afecto. “Sos una traidora”, le dijo Cristina., con una furia honda y lapidaria en la mirada. Mariángeles dio un respingo. Pensaba que su amiga erraba en su manera de hacer las cosas y lo decía en el grupo, frente a los otros compañeros y el coordinador, pero no imaginaba, ni remotamente, que eso significaba traicionarla ni mucho menos.
El ejemplo vale porque muestra una de muchas escenas en las que ese tipo de valores se pone en juego, produciendo intensos tironeos y permitiendo que podamos poner en claro lo que sentimos, pensamos y deseamos en relación a cuestiones a veces duras. Es que el desarrollo de situaciones de vida, que es lo que entre otras cosas produce el programa, permite poner en escena lo que, de otra manera, nunca sabríamos de nosotros mismos.
Decimos muchas veces que hay que ser leales al programa. Eso, es claro, podría ser algo que, de inmediato, nos transforme en una secta. La “bajada de línea” se acata por lealtad vertical, y se acabó. Esa sería una lealtad que nos transforma en objetos, “obedecedores automáticos” y, en ciertos contextos, “buchones” y nada más.
Para evitar lo antedicho podemos decir que hay que ser “leales a nosotros mismos”, lo que nos sumerge en el riesgo de ser meros cimarrones, atados a nuestro propio emocionalismo, sin tener en cuenta nada que no sea “lo que nos viene en gana”, egoístas sin más…
También leales a la amistad, pero acá podemos discernir y decidir que ser leales a la amistad no es ser leal al hacer o decir del amigo de turno. Para el caso, recuerdo haber callado barbaridades que hacían “amigos” en el colegio, por aquello de no ser buchón, traicionando de esa manera mi noción de justicia. En realidad, no quería ser leal: es que no soportaba la idea de que me despreciaran los compañeros que, refugiados en esa idea “corporativa” de la amistad, me proponían, extorsión emocional mediante, ser cómplice de sus macanas.
Reproduzco en los párrafos anteriores mucho de lo que apareció en nuestros grupos cuando surgieron escenas de “lealtad” y “traición”. Esas reflexiones compartidas en el programa, me llevaron a pensar que, en verdad, si los conceptos de “programa”, “uno mismo” o “amigo” son generosos y, en vez de competir entre sí, se vinculan desde el amor, todo cambia.
Es que ser leal al programa es serlo con los vecinos y con el valor de la buena vecindad. Es que ser leal con nosotros mismos es saber que, como decimos muchas veces, allá en lo profundo de nuestro corazón habita el prójimo, porque no hay “uno mismo” sin “prójimo”. Y ser leal con un amigo es, como dice Ricardo Neves, decirle que tiene mal aliento si lo tiene, porque, dice Ricardo, se sabe que solamente quien te quiere te dice ese tipo de cosas, dado que el que no te quiere prefiere huir de la posibilidad de pronunciar esas verdades.
La lealtad automática, algo que no tengo en claro si merece el nombre de “lealtad” dado lo cercano que es ese concepto al de complicidad, genera no pocos conflictos y nos violenta a todos, sobre todo, porque nos desdibuja como personas.
Pensaba en esas madres que entregaron a sus hijos a la justicia porque éstos habían cometido un crimen. Madres leales a su función. Paridoras de hijos que se deben hacer responsables de sus actos y no cómplices de chicos que traicionan la solidaridad social.
Pensaba en la lealtad de la misma Mariángeles, cuando me decía, años atrás, que estaba muy enojada conmigo, y lo hacía frontalmente, en formal y total desacuerdo, sin perdonarme nada y sin una pizca de temor. Su mirada y su palabra de profundo enojo, allí, sobre la mesa del taller. Decía lo que su corazón dictaba, y ese corazón estaba habitado por la lealtad a un valor: el valor de la buena vecindad, por el “juntos aunque no estemos de acuerdo”, sin obsecuencias ni violencia: pura autenticidad compartida en el grupo.
Son escenas de un tema eterno. Como cuando aparecen tironeos entre la lealtad al programa versus la lealtad al taller. O entre el sentir y el pensar, o entre miembros de un grupo que desacuerdan y piden alineamientos a partir de una idea de lealtad que termina por ser extorsiva.
Seguiremos sumando escenas. El Barrio sigue su camino, tejiendo circunstancias que nos dan imagen de lo que somos, y mientras eso ocurre me pongo filosófico y pienso que quizás el programa apueste a que seamos leales al deseo, un deseo que para ser tal es con otros: los vecinos, los compañeros de ruta, sin los cuales nada vale la pena.
Miguel Espeche
Coordinador General
Pensaba que la palabra que generalmente usamos como antónimo de “lealtad” es la palabra “traición”. El golpe que significa esa palabra cuando nos la adjudicamos o nos la adjudican es muy fuerte, tan fuerte como lo es la valoración de la lealtad a la hora de las decisiones importantes.
Hace un tiempo, Mariángeles, una coordinadora de nuestro programa, se pronunció en desacuerdo con Cristina, su amiga de años y compañera de grupo de animadores, quien estaba teniendo un conflicto grande en dicho grupo. Al hacerlo, recibió la furiosa mirada de esa compañera con quien había compartido años de cercanía y afecto. “Sos una traidora”, le dijo Cristina., con una furia honda y lapidaria en la mirada. Mariángeles dio un respingo. Pensaba que su amiga erraba en su manera de hacer las cosas y lo decía en el grupo, frente a los otros compañeros y el coordinador, pero no imaginaba, ni remotamente, que eso significaba traicionarla ni mucho menos.
El ejemplo vale porque muestra una de muchas escenas en las que ese tipo de valores se pone en juego, produciendo intensos tironeos y permitiendo que podamos poner en claro lo que sentimos, pensamos y deseamos en relación a cuestiones a veces duras. Es que el desarrollo de situaciones de vida, que es lo que entre otras cosas produce el programa, permite poner en escena lo que, de otra manera, nunca sabríamos de nosotros mismos.
Decimos muchas veces que hay que ser leales al programa. Eso, es claro, podría ser algo que, de inmediato, nos transforme en una secta. La “bajada de línea” se acata por lealtad vertical, y se acabó. Esa sería una lealtad que nos transforma en objetos, “obedecedores automáticos” y, en ciertos contextos, “buchones” y nada más.
Para evitar lo antedicho podemos decir que hay que ser “leales a nosotros mismos”, lo que nos sumerge en el riesgo de ser meros cimarrones, atados a nuestro propio emocionalismo, sin tener en cuenta nada que no sea “lo que nos viene en gana”, egoístas sin más…
También leales a la amistad, pero acá podemos discernir y decidir que ser leales a la amistad no es ser leal al hacer o decir del amigo de turno. Para el caso, recuerdo haber callado barbaridades que hacían “amigos” en el colegio, por aquello de no ser buchón, traicionando de esa manera mi noción de justicia. En realidad, no quería ser leal: es que no soportaba la idea de que me despreciaran los compañeros que, refugiados en esa idea “corporativa” de la amistad, me proponían, extorsión emocional mediante, ser cómplice de sus macanas.
Reproduzco en los párrafos anteriores mucho de lo que apareció en nuestros grupos cuando surgieron escenas de “lealtad” y “traición”. Esas reflexiones compartidas en el programa, me llevaron a pensar que, en verdad, si los conceptos de “programa”, “uno mismo” o “amigo” son generosos y, en vez de competir entre sí, se vinculan desde el amor, todo cambia.
Es que ser leal al programa es serlo con los vecinos y con el valor de la buena vecindad. Es que ser leal con nosotros mismos es saber que, como decimos muchas veces, allá en lo profundo de nuestro corazón habita el prójimo, porque no hay “uno mismo” sin “prójimo”. Y ser leal con un amigo es, como dice Ricardo Neves, decirle que tiene mal aliento si lo tiene, porque, dice Ricardo, se sabe que solamente quien te quiere te dice ese tipo de cosas, dado que el que no te quiere prefiere huir de la posibilidad de pronunciar esas verdades.
La lealtad automática, algo que no tengo en claro si merece el nombre de “lealtad” dado lo cercano que es ese concepto al de complicidad, genera no pocos conflictos y nos violenta a todos, sobre todo, porque nos desdibuja como personas.
Pensaba en esas madres que entregaron a sus hijos a la justicia porque éstos habían cometido un crimen. Madres leales a su función. Paridoras de hijos que se deben hacer responsables de sus actos y no cómplices de chicos que traicionan la solidaridad social.
Pensaba en la lealtad de la misma Mariángeles, cuando me decía, años atrás, que estaba muy enojada conmigo, y lo hacía frontalmente, en formal y total desacuerdo, sin perdonarme nada y sin una pizca de temor. Su mirada y su palabra de profundo enojo, allí, sobre la mesa del taller. Decía lo que su corazón dictaba, y ese corazón estaba habitado por la lealtad a un valor: el valor de la buena vecindad, por el “juntos aunque no estemos de acuerdo”, sin obsecuencias ni violencia: pura autenticidad compartida en el grupo.
Son escenas de un tema eterno. Como cuando aparecen tironeos entre la lealtad al programa versus la lealtad al taller. O entre el sentir y el pensar, o entre miembros de un grupo que desacuerdan y piden alineamientos a partir de una idea de lealtad que termina por ser extorsiva.
Seguiremos sumando escenas. El Barrio sigue su camino, tejiendo circunstancias que nos dan imagen de lo que somos, y mientras eso ocurre me pongo filosófico y pienso que quizás el programa apueste a que seamos leales al deseo, un deseo que para ser tal es con otros: los vecinos, los compañeros de ruta, sin los cuales nada vale la pena.
Miguel Espeche
Coordinador General
martes, 6 de octubre de 2009
En algún rincón cerquita del Pirovano donde la vida se expresa y las Fantasías se diluyen.
Allá por el mes de julio estaba yo por el bar Galeno tomando un café y organizando la distribución de los volantes de propaganda de mi nuevo taller “Piedra libre los que queremos bailar” un taller de expresión corporal, digo nuevo taller porque nos fuimos con la música a otra parte, otro día y otro horario, cosas de la vida vio…………
Estaba yo en esas cuestiones cuando me percato de que en la mesa de arlado estaba Graciela Contreras coordinadora del Web Taller “Mi pagina, tu pagina, nuestra pagina”, me acerqué a ella, le di un volante y le pregunté si podía promocionar mi taller en la Web. Ella me sugirió que me arrimara al taller y que lo trabajáramos juntos. La idea me pareció buena, pero en ese momento no me imaginaba lo que ésta experiencia iba representar para mi. Pensaba concurrir a un par de reuniones armar un espich y publicarlo en el blog. Acto seguido el jueves siguiente a las 19hs concurrí al bar galeno al Web-Taller. Allí estaba Graciela con la simpatía de siempre coordinado el taller y no había nada extraño o especial que lo diferenciara de otros talleres.
No había computadoras, cables, routers, switchs, ni servidores, sólo lo de siempre: una mesa, un par de cafés y un grupo de vecinos coordinadores del programa prendidos en una animada conversación. ¿Lenguaje?, el de siempre no era ni Fortran, ni Cobol, ni html, etc. Una animada conversación. ¿Y protocolo? El de siempre, el que dicta la ética del programa. No había protocolos Ethernet, Linux, Novell, ni TCP / IP.
En definitiva no había nada extraño en este cibernético taller que diera lugar a las fantasias que uno construye en su imaginación tales como:
--Ah no!! la computación no es para mi…………… .
--. Internet ? no entiendo nada, mejor le pregunto a mi nieto………..
--¿Hablar con una máquina……? No !!!!! yo prefiero hablar con una persona………
-- Esto lo manejan los jóvenes, no es para nosotros………………
Y así, como éstas, muchas otras.... Excusas que nada tienen que ver con la realidad sino con nuestras fantasias y/o prejuicios; por cierto, los cafes no los trajo Bill Gates sino Fernando el mozo de siempre.
A lo largo de varias reuniones fui trabajando un texto en borrador. En algunos momentos se entusiasmaban con mi relato en otros, parecían confusos o sorprendidos por no entender lo que yo quería expresar. Esto me llevó a repensar, revisar lo escrito, volver a redactar. Ahí vi la diferencia que hay entre sentir algo, expresarlo y, ponerlo en palabras para subirlo al blog.
En este proceso de releer y revisar lo escrito fui encontrándome, algunas veces sorprendido, otras confuso pensando en ese ocasional lector tan sorprendido y confuso como yo. Sí. “Ese Otro” que estaría ubicado en algún remoto lugar de la Web o un vecino de acá a la vuelta, que nada sabía de mi taller y al cual yo quería llegar.
Este proceso me llevó a resignificar mi taller de base pues fui tomando conciencia de las muchas cosas, personas y situaciones, que estaban a mi lado, y de las que no me había percatado, cosas que forman parte de mi taller y que disfruto a diario. Pude al fin publicar la nota con la esperanza de que a través del blog pueda llegar a muchas personas.
En definitiva El Web Taller es un lindo rincon del Programa de Salud Mental Barrial donde las computadoras y todos los engendros ciberneticos son sólo elementos ( La Forma ) que vamos encontrando para comunicarnos con “Ese otro”.
Y lo que buscamos, ( La Vida ) es eso que se da entre café y café servidos por “Fernando” nuestro vecino, el mozo de siempre.
En conclusión, máquina mas, máquina menos, la vida sigue pasando por nuestro corazón y, en algún rincón aledaño al Pirovano habrá un grupo de vecinos tachando y redactando un borrador quizas con una birome medio mordida, en medio de una animada conversación, cosas de la vida vio………
Estaba yo en esas cuestiones cuando me percato de que en la mesa de arlado estaba Graciela Contreras coordinadora del Web Taller “Mi pagina, tu pagina, nuestra pagina”, me acerqué a ella, le di un volante y le pregunté si podía promocionar mi taller en la Web. Ella me sugirió que me arrimara al taller y que lo trabajáramos juntos. La idea me pareció buena, pero en ese momento no me imaginaba lo que ésta experiencia iba representar para mi. Pensaba concurrir a un par de reuniones armar un espich y publicarlo en el blog. Acto seguido el jueves siguiente a las 19hs concurrí al bar galeno al Web-Taller. Allí estaba Graciela con la simpatía de siempre coordinado el taller y no había nada extraño o especial que lo diferenciara de otros talleres.
No había computadoras, cables, routers, switchs, ni servidores, sólo lo de siempre: una mesa, un par de cafés y un grupo de vecinos coordinadores del programa prendidos en una animada conversación. ¿Lenguaje?, el de siempre no era ni Fortran, ni Cobol, ni html, etc. Una animada conversación. ¿Y protocolo? El de siempre, el que dicta la ética del programa. No había protocolos Ethernet, Linux, Novell, ni TCP / IP.
En definitiva no había nada extraño en este cibernético taller que diera lugar a las fantasias que uno construye en su imaginación tales como:
--Ah no!! la computación no es para mi…………… .
--. Internet ? no entiendo nada, mejor le pregunto a mi nieto………..
--¿Hablar con una máquina……? No !!!!! yo prefiero hablar con una persona………
-- Esto lo manejan los jóvenes, no es para nosotros………………
Y así, como éstas, muchas otras.... Excusas que nada tienen que ver con la realidad sino con nuestras fantasias y/o prejuicios; por cierto, los cafes no los trajo Bill Gates sino Fernando el mozo de siempre.
A lo largo de varias reuniones fui trabajando un texto en borrador. En algunos momentos se entusiasmaban con mi relato en otros, parecían confusos o sorprendidos por no entender lo que yo quería expresar. Esto me llevó a repensar, revisar lo escrito, volver a redactar. Ahí vi la diferencia que hay entre sentir algo, expresarlo y, ponerlo en palabras para subirlo al blog.
En este proceso de releer y revisar lo escrito fui encontrándome, algunas veces sorprendido, otras confuso pensando en ese ocasional lector tan sorprendido y confuso como yo. Sí. “Ese Otro” que estaría ubicado en algún remoto lugar de la Web o un vecino de acá a la vuelta, que nada sabía de mi taller y al cual yo quería llegar.
Este proceso me llevó a resignificar mi taller de base pues fui tomando conciencia de las muchas cosas, personas y situaciones, que estaban a mi lado, y de las que no me había percatado, cosas que forman parte de mi taller y que disfruto a diario. Pude al fin publicar la nota con la esperanza de que a través del blog pueda llegar a muchas personas.
En definitiva El Web Taller es un lindo rincon del Programa de Salud Mental Barrial donde las computadoras y todos los engendros ciberneticos son sólo elementos ( La Forma ) que vamos encontrando para comunicarnos con “Ese otro”.
Y lo que buscamos, ( La Vida ) es eso que se da entre café y café servidos por “Fernando” nuestro vecino, el mozo de siempre.
En conclusión, máquina mas, máquina menos, la vida sigue pasando por nuestro corazón y, en algún rincón aledaño al Pirovano habrá un grupo de vecinos tachando y redactando un borrador quizas con una birome medio mordida, en medio de una animada conversación, cosas de la vida vio………
Daniel Frías, integrante del Web-taller "Mi página, Tu página, Nuestra página"
miércoles, 30 de septiembre de 2009
El taller de la página
Cuando decidí tomar el taller de la página web allá por 2007 lo tomé con la idea de explorar un campo poco conocido por mí, los sitios "web". Como para ser coordinador de un taller no es requisito "saber" de la temática decidí tomarlo y revisar las "páginas" de mi vida: las que conozco, las que están en blanco y también, ¿porqué no? dar vuelta alguna página..... Así comencé, en el desierto, pero muy acompañada y estimulada por la confianza recibida de mis compañeros y compañeras.
En el camino fui encontrando vecinos generosos con los que aprendí a manejar la "tecnología" y así mantener actualizado el listado de los talleres en nuestra página institucional www.talleresdelpirovano.com.ar integrándola, junto a otros animadores, como "taller" del Programa.
Lo grandioso del "Piro" es que dentro de la red de ayuda mutua uno se anima a muchas cosas. Y me animé. El año pasado, luego de compartir ideas e investigar el universo virtual surgió el deseo de comunicar y mostrar al mundo (virtual) el entusiasmo de animadores y talleristas. Así nació el "blog" www.talleresdelpirovano.blogspot.com al que estamos alimentando con contenidos desde el mes de octubre 2008.
Mi deseo es invitar a los animadores que tengan ideas, textos, relatos, fotos, vivencias y emociones que contagien a otros vecinos. Invito a quienes tengan ganas de aprovechar un medio más que nos permite mostrar el corazón del programa.
Con lo que fueron aportando los participantes del taller se abrieron (hasta ahora) las siguientes líneas temáticas:
"Los talleres en palabras de sus animadores"
"Los talleres en palabras de sus talleristas"
"¿Porqué abro este taller?"
"Recordando a entrañables compañeros" y,
"Editoriales del Coordinador General del PSMB"
Dentro de cada una de estas etiquetas pueden leerse textos y verse fotos que decidimos compartir con el barrio y los visitantes. Es simple, con sólo un click en www.talleresdelpirovano.blogspot.com
Por ser un Taller-Comisión está abierto a coordinadores/animadores del PSMB y, por si aún no quedó claro, NO es necesario ningún conocimiento informático.
Me afirmo en que me animo a más y quiero que me acompañen.
Los espero jueves 19hs en el Bar Galeno.
Graciela Contreras
Animadora del Web-taller "Mi página, Tu página, Nuestra página"
En el camino fui encontrando vecinos generosos con los que aprendí a manejar la "tecnología" y así mantener actualizado el listado de los talleres en nuestra página institucional www.talleresdelpirovano.com.ar integrándola, junto a otros animadores, como "taller" del Programa.
Lo grandioso del "Piro" es que dentro de la red de ayuda mutua uno se anima a muchas cosas. Y me animé. El año pasado, luego de compartir ideas e investigar el universo virtual surgió el deseo de comunicar y mostrar al mundo (virtual) el entusiasmo de animadores y talleristas. Así nació el "blog" www.talleresdelpirovano.blogspot.com al que estamos alimentando con contenidos desde el mes de octubre 2008.
Mi deseo es invitar a los animadores que tengan ideas, textos, relatos, fotos, vivencias y emociones que contagien a otros vecinos. Invito a quienes tengan ganas de aprovechar un medio más que nos permite mostrar el corazón del programa.
Con lo que fueron aportando los participantes del taller se abrieron (hasta ahora) las siguientes líneas temáticas:
"Los talleres en palabras de sus animadores"
"Los talleres en palabras de sus talleristas"
"¿Porqué abro este taller?"
"Recordando a entrañables compañeros" y,
"Editoriales del Coordinador General del PSMB"
Dentro de cada una de estas etiquetas pueden leerse textos y verse fotos que decidimos compartir con el barrio y los visitantes. Es simple, con sólo un click en www.talleresdelpirovano.blogspot.com
Por ser un Taller-Comisión está abierto a coordinadores/animadores del PSMB y, por si aún no quedó claro, NO es necesario ningún conocimiento informático.
Me afirmo en que me animo a más y quiero que me acompañen.
Los espero jueves 19hs en el Bar Galeno.
Graciela Contreras
Animadora del Web-taller "Mi página, Tu página, Nuestra página"
viernes, 4 de septiembre de 2009
EL CLUB DE LOS QUEJOSOS
Haciendo un poco de memoria y recordando que mi infancia fue bastante complicada porque tuve que enfermarme de asma para recibir un poco de atenciòn de mis padres adoptivos....todo enfermo se convierte en el centro de atención de la familia y a la vez en un tirano. Cada ataque de asma traia aparejado un juguete u otro regalo. Hoy me doy cuenta que pagaba un alto precio por ello. Pero bueno, esas fueron las circunstancias de mi vida en ese momento y crecí con muy poca tolerancia a la frustración, con una mamá muy sobreprotectora y muy disconforme con su vida.
El tiempo fue pasando y cuando llegué a la adolescencia me fui de mi casa rompiendo la cajita de cristal en que me habían puesto mis padres, por miedo. Fue muy difícil cuando te dicen que no podés todo el tiempo tratar de poder. Me esforcé tanto por conseguirlo que me fui al otro extremo y me convertí en esa persona que todo lo puede, que en realidad es lo mismo, porque no hubo una elección.
Algunos años después me casé, enviudé y con la responsabilidad de 3 hijas no me permití parar para revisar qué estaba pasando en mi vida que yo seguía siendo asmática y además de víctima, disconforme con todo, eso sí muy exitosa en cuanto a la capacidad de conseguir dinero, pero en las relaciones afectivas un desastre.
Un dia un amigo muy querido me recomendó el programa y decidi ir al taller de la víctima. Compartiendo las vivencias de cada vecino pude con el tiempo solucionar el tema del asma y me curé. Pero seguía con problemas en mis vínculos y me di cuenta que los hijos habían crecido, estaban haciendo su propia vida y yo me estaba quedando sola.
Hacia un tiempo que habìa dejado el programa y decidí volver. Esta vez recorrí varios talleres y fui descubriendo en mi que el denominador común de todo lo que no me hacia feliz era el lugar en donde yo estaba instalada: el lugar de la queja. Me di cuenta que en realidad la queja me servía para no hacerme cargo de nada de lo que sucedía y culpar siempre a los demas.
Un dia resolví hacer el curso de coordinadores y después de un tiempo apareció mi deseo de abordar este tema seriamente poniendo un taller para quejosos porque seguramente a más de un vecino le deben pasar cosas parecidas a las mías y me parece bueno que compartamos nuestras vivencias.
Y el deseo se hace realidad el próximo lunes 7 de setimbre, a las 19,15 hs espero vengan todos los vecinos que sientan que este tema los atraviesa para enriquecernos juntos.
Gracias.
Iris Pérez
Coordinadora de "El Club de los quejosos"
Lunes 19:15hs Hall Pretección de Salud Sector "C" (PB)
El tiempo fue pasando y cuando llegué a la adolescencia me fui de mi casa rompiendo la cajita de cristal en que me habían puesto mis padres, por miedo. Fue muy difícil cuando te dicen que no podés todo el tiempo tratar de poder. Me esforcé tanto por conseguirlo que me fui al otro extremo y me convertí en esa persona que todo lo puede, que en realidad es lo mismo, porque no hubo una elección.
Algunos años después me casé, enviudé y con la responsabilidad de 3 hijas no me permití parar para revisar qué estaba pasando en mi vida que yo seguía siendo asmática y además de víctima, disconforme con todo, eso sí muy exitosa en cuanto a la capacidad de conseguir dinero, pero en las relaciones afectivas un desastre.
Un dia un amigo muy querido me recomendó el programa y decidi ir al taller de la víctima. Compartiendo las vivencias de cada vecino pude con el tiempo solucionar el tema del asma y me curé. Pero seguía con problemas en mis vínculos y me di cuenta que los hijos habían crecido, estaban haciendo su propia vida y yo me estaba quedando sola.
Hacia un tiempo que habìa dejado el programa y decidí volver. Esta vez recorrí varios talleres y fui descubriendo en mi que el denominador común de todo lo que no me hacia feliz era el lugar en donde yo estaba instalada: el lugar de la queja. Me di cuenta que en realidad la queja me servía para no hacerme cargo de nada de lo que sucedía y culpar siempre a los demas.
Un dia resolví hacer el curso de coordinadores y después de un tiempo apareció mi deseo de abordar este tema seriamente poniendo un taller para quejosos porque seguramente a más de un vecino le deben pasar cosas parecidas a las mías y me parece bueno que compartamos nuestras vivencias.
Y el deseo se hace realidad el próximo lunes 7 de setimbre, a las 19,15 hs espero vengan todos los vecinos que sientan que este tema los atraviesa para enriquecernos juntos.
Gracias.
Iris Pérez
Coordinadora de "El Club de los quejosos"
Lunes 19:15hs Hall Pretección de Salud Sector "C" (PB)
LA PRIMERA VEZ
Desde la década del 80, cuando Carlos Campelo empezó esta “movida” de los talleres, la llegada de los vecinos que venían por primera vez al programa (bueno, en realidad entonces no era aún un “programa”) fue muy importante y marcaba un estilo de recepción muy particular.
No voy a historiar demasiado acerca de cómo se recibía a los “nuevos”, pero diré que siempre se trató a quienes se arrimaban al hospital y a los grupos de manera respetuosa aunque, convengamos, no muy tradicional. Esto significa que siempre se vio a los “llegantes” como potentes y respetables y no como pobres quejosos, impotentes ante sus circunstancias.
Generalmente desde siempre se convocó a los recién llegados a grupos de orientación, en los que se transparenta lo que “sintonizan” (o no) el programa con las expectativas que ellos traigan.
Cuando esas expectativas no se cumplen, es decir: cuando lo que los aspiran encontrar no coincide con lo que el programa propone, ocurren dos tipos de fenómenos:
1- Con desilusión y a veces bronca, el vecino se retira del grupo con la idea de que se equivocó o, inclusive, que el programa está equivocado por ser como es y no cumplir con su idea de lo que es un Programa de Salud Mental Barrial.
2- La persona deja caer sus expectativas y siente algo fundamental: curiosidad por saber de qué se trata la cosa. En esos casos, muchas veces los vecinos que sienten ganas de conocer más del programa encuentran (así lo dicen muchas veces) alternativas que ni se les había ocurrido y que los benefician inclusive más de lo que hubieran pensado en un principio.
No hay un modelo de “primera vez”, sino que cada uno diseña esa instancia, sin darse casi cuenta, a partir del cómo ha vivido antes y qué actitudes adopta frente a las cosas.
Aquel que desea que el mundo gire en su derredor pretenderá que el programa actúe según su criterio y a veces hasta sentirá como una ofensa el hecho de que no se le de tanta bolilla a sus ideas de cómo son las cosas. Aquel que ha tenido una actitud receptiva y curiosa en su vida seguramente encontrará más facilidad para escuchar lo que se le dice, sin considerar que eso es una ofensa por no dar con el perfil de lo que pensaba que la cosa debía ser.
A la vez, como programa de vecinos reunidos en derredor de una idea solidaria de la Salud Mental, aprendemos con aquellos que, viniendo por primera vez, a veces con sus dolores a cuestas e inclusive aturdidos por algunas cosas que les pudiera haber pasado, aún así, digo, sacan fuerza de flaquezas y se la juegan para traerse con autenticidad.
Ellos, los nuevos, nos despiertan del letargo de escucharnos siempre a nosotros mismos diciendo las mismas cosas, generando códigos de palabras que, por el hecho de ser repetidas como letanía, corren el riesgo de perder su savia.
Los valores del programa habitan a veces en formas del decir que sólo en apariencia no coinciden con lo que solemos enunciar que las cosas son. Poder recibir a los nuevos, con esa mirada fresca y a veces dura sobre el programa es algo que vitaliza, despierta, rejuvenece, sea o no justo lo que se diga, sea o no sabio y, también, sea o no dicho con “buena leche”.
Antes venían más nuevos que ahora. Desconocemos las razones. En épocas pasadas, sea por las crisis económicas, por ciertas condiciones sociales de aquellas épocas, porque éramos más “locos” o porque éramos novedad para los medios y éstos nos ubicaban siempre en lugares mediáticos de privilegio, los grupos de orientación estaban más “llenos”. Hoy en día, más gente viene directo a los grupos de base, quizás ayudado ésto por la existencia de nuestra página web, que está funcionando, junto al lindo Blog que armó Graciela Contreras, muy pero muy bien.
En estas circunstancias, en el Comité de conducción sentimos muchas ganas de agrandar la familia con más vecinos que vengan a participar de lo que tanto disfrutamos y que disfrutaremos más aún con lo que, quienes vengan por vez primera, traigan como novedad.
Estamos con ganas de seguir revisando si tenemos puertas cerradas, si está en nuestra órbita generar una fiesta de la salud comunitaria de tal luminosidad que le de ganas a más vecinos de venir a sumarse a ella. O si es una cuestión de ciclos que van más allá de nosotros. No es que nos falten compañeros de ruta, es que nos sobran ganas de compartir con la gente de Buenos Aires y alrededores lo que día a día tanto bien nos hace.
El Programa honra su propia ética. Es como un gran taller y, como tal, revisa sus maneras y su deseo convocante. Cuando un coordinador abre un taller, generalmente éste se llena con gente, o no, a partir de la índole del deseo que ese coordinador tenga.
En ese sentido, y de igual modo que lo hace un taller que quiere potenciarse con los que vienen por primera vez, estamos con ganas de poner en alto la lámpara para que sea vista por más gente. Y la luz que genere esa lámpara tendrá la intensidad de nuestro propio deseo, de nuestras ganas de compartir y escuchar la palabra fresca del recién llegado para darle la bienvenida.
Al fin y al cabo, cada día es una primera vez para quien sabe darse cuenta. No importa si somos o no “dinosaurios” del programa, la frescura la tendremos, o no, de acuerdo a cómo abramos la puerta a la curiosidad respecto de los otros vecinos nuevos, que se arrimen a nuestro hospital, sepan valorar lo que encuentren y se sientan en casa.
MIGUEL ESPECHE
Coordinador General PSMB
No voy a historiar demasiado acerca de cómo se recibía a los “nuevos”, pero diré que siempre se trató a quienes se arrimaban al hospital y a los grupos de manera respetuosa aunque, convengamos, no muy tradicional. Esto significa que siempre se vio a los “llegantes” como potentes y respetables y no como pobres quejosos, impotentes ante sus circunstancias.
Generalmente desde siempre se convocó a los recién llegados a grupos de orientación, en los que se transparenta lo que “sintonizan” (o no) el programa con las expectativas que ellos traigan.
Cuando esas expectativas no se cumplen, es decir: cuando lo que los aspiran encontrar no coincide con lo que el programa propone, ocurren dos tipos de fenómenos:
1- Con desilusión y a veces bronca, el vecino se retira del grupo con la idea de que se equivocó o, inclusive, que el programa está equivocado por ser como es y no cumplir con su idea de lo que es un Programa de Salud Mental Barrial.
2- La persona deja caer sus expectativas y siente algo fundamental: curiosidad por saber de qué se trata la cosa. En esos casos, muchas veces los vecinos que sienten ganas de conocer más del programa encuentran (así lo dicen muchas veces) alternativas que ni se les había ocurrido y que los benefician inclusive más de lo que hubieran pensado en un principio.
No hay un modelo de “primera vez”, sino que cada uno diseña esa instancia, sin darse casi cuenta, a partir del cómo ha vivido antes y qué actitudes adopta frente a las cosas.
Aquel que desea que el mundo gire en su derredor pretenderá que el programa actúe según su criterio y a veces hasta sentirá como una ofensa el hecho de que no se le de tanta bolilla a sus ideas de cómo son las cosas. Aquel que ha tenido una actitud receptiva y curiosa en su vida seguramente encontrará más facilidad para escuchar lo que se le dice, sin considerar que eso es una ofensa por no dar con el perfil de lo que pensaba que la cosa debía ser.
A la vez, como programa de vecinos reunidos en derredor de una idea solidaria de la Salud Mental, aprendemos con aquellos que, viniendo por primera vez, a veces con sus dolores a cuestas e inclusive aturdidos por algunas cosas que les pudiera haber pasado, aún así, digo, sacan fuerza de flaquezas y se la juegan para traerse con autenticidad.
Ellos, los nuevos, nos despiertan del letargo de escucharnos siempre a nosotros mismos diciendo las mismas cosas, generando códigos de palabras que, por el hecho de ser repetidas como letanía, corren el riesgo de perder su savia.
Los valores del programa habitan a veces en formas del decir que sólo en apariencia no coinciden con lo que solemos enunciar que las cosas son. Poder recibir a los nuevos, con esa mirada fresca y a veces dura sobre el programa es algo que vitaliza, despierta, rejuvenece, sea o no justo lo que se diga, sea o no sabio y, también, sea o no dicho con “buena leche”.
Antes venían más nuevos que ahora. Desconocemos las razones. En épocas pasadas, sea por las crisis económicas, por ciertas condiciones sociales de aquellas épocas, porque éramos más “locos” o porque éramos novedad para los medios y éstos nos ubicaban siempre en lugares mediáticos de privilegio, los grupos de orientación estaban más “llenos”. Hoy en día, más gente viene directo a los grupos de base, quizás ayudado ésto por la existencia de nuestra página web, que está funcionando, junto al lindo Blog que armó Graciela Contreras, muy pero muy bien.
En estas circunstancias, en el Comité de conducción sentimos muchas ganas de agrandar la familia con más vecinos que vengan a participar de lo que tanto disfrutamos y que disfrutaremos más aún con lo que, quienes vengan por vez primera, traigan como novedad.
Estamos con ganas de seguir revisando si tenemos puertas cerradas, si está en nuestra órbita generar una fiesta de la salud comunitaria de tal luminosidad que le de ganas a más vecinos de venir a sumarse a ella. O si es una cuestión de ciclos que van más allá de nosotros. No es que nos falten compañeros de ruta, es que nos sobran ganas de compartir con la gente de Buenos Aires y alrededores lo que día a día tanto bien nos hace.
El Programa honra su propia ética. Es como un gran taller y, como tal, revisa sus maneras y su deseo convocante. Cuando un coordinador abre un taller, generalmente éste se llena con gente, o no, a partir de la índole del deseo que ese coordinador tenga.
En ese sentido, y de igual modo que lo hace un taller que quiere potenciarse con los que vienen por primera vez, estamos con ganas de poner en alto la lámpara para que sea vista por más gente. Y la luz que genere esa lámpara tendrá la intensidad de nuestro propio deseo, de nuestras ganas de compartir y escuchar la palabra fresca del recién llegado para darle la bienvenida.
Al fin y al cabo, cada día es una primera vez para quien sabe darse cuenta. No importa si somos o no “dinosaurios” del programa, la frescura la tendremos, o no, de acuerdo a cómo abramos la puerta a la curiosidad respecto de los otros vecinos nuevos, que se arrimen a nuestro hospital, sepan valorar lo que encuentren y se sientan en casa.
MIGUEL ESPECHE
Coordinador General PSMB
sábado, 29 de agosto de 2009
”Entre luminarias, música y nuestro deseo compartido vamos encontrando el rumbo”

Es sábado a la mañana, un típico sábado de agosto, fresco, de a ratos nublado y de a ratos un sol esquivo que pareciera quedarse y luego se va. Es el barrio de Villa Urquiza un lindo lugar de la ciudad de Buenos Aires, que comienza a despertarse lentamente al ritmo de un barrio, a ritmo de sábado, los kioscos de diarios con su movimiento, las panaderías listas y una multitud de negocios armando sus lugares en la vereda y así vamos llegando al club “Sin Rumbo” (un club de tango) los vecinos que participamos del taller “Piedra libre los que queremos bailar”.
Falta todavía para que empiece el taller, entramos y el lugar parece estar mas frío que en la calle, uno a uno vamos subiendo al primer piso entre chistes cargadas y risas esas cosas que los vecinos solemos hacer cuando nos divertimos, el lugar es la antesala del teatro, por cierto un lugar muy lindo, lleno de fotos y pósters de la compañía de teatro “Luminarias 77” un grupo de fotos de actores, actores-vecinos que nos miran desde esos planos lugares y parecen disfrutan de lo que hacemos en silenciosa complicidad.
Ahí estamos todos Héctor, Mabel, Irene, Olga, Maty, Jorge, Kuky (María de Carmen) y yo, todos con esa dinámica de barrio que nos va envolviendo, alguien trajo un mate, alguien que prende la estufa, mientras vamos armando el equipo de música, otro que acomoda una alguna silla y así surgen los comentarios de las vivencias de la semana, de alguno que no puede venir, de otro que esta enfermo, de la gripe y el alcohol y todas esas cosas.
Sin darnos cuenta el taller ya comenzó, y sin darnos cuenta ya encendimos nuestro pequeño fueguito el de nuestro taller, que vamos alimentando con lo que trae cada uno, hacemos una ronda y lentamente nos vamos callando para escuchar la música. La idea es seguir la música y tomar el movimiento del otro “o” dejar que el otro tome nuestro movimiento.
El tema musical es el que me surge poner en ese momento, buscando sintonía con la vivencia del grupo y es así como lentamente todos empezamos a jugar este juego grupal: “Seguir la música, tomar del otro………, seguir la música, tomar del otro………” y así nos vamos soltando, sin inhibiciones, sin prejuicios, tratando de sentir la música al tiempo que el movimiento surge sin un paso determinado, el que nuestro cuerpo elija.
A veces acompañando a otro, a veces solos nos metemos en algún camino interno, en alguna vivencia, a veces nos perdemos para volvernos a encontrar y así mientras damos vueltas, danzamos ritmos y melodías en un hermoso dialogo corporal grupal.
Es en este contexto que los que participamos del taller vamos transitando diferentes sensaciones, estados de ánimo, podemos jugar como el niño que fuimos, sentir que estamos volando, o sentir enojo, alegría, desconcierto. Lo hacemos en un lugar de cuidado, en este espacio que es el taller, donde lentamente vamos reencontrándonos con nuestra capacidad de movernos al son de un ritmo o de una melodía y la pasamos muy bien.
Daniel Frías
Coordinador del taller
“Piedra libre los que queremos bailar”
Un taller de expresión corporal
sábados 10hs – club Sin Rumbo
miércoles, 12 de agosto de 2009
Mauricio Aisemberg

Mauricio Aisemberg:
Pediatra, "embajador" del Programa de Salud Mental Barrial, compañero querido. Estas palabras son para decirte que vas a seguir estando muy presente en nuestro taller.
La última reunión te recordamos con gran cariño y alegría, más allá de la pena que nos dió tu partida. Yo voy a extrañar especialmente tu jovialidad y nuestro intercambio de poesías.
Nancy López
Taller de animadores Viernes 17hs
Miguel Espeche - Ricardo Neves
Se fue el embajador
Lo queremos mucho a Mauricio. Y más nos damos cuenta que lo queremos ahora que se fue.
El era nuestro Embajador. Lo era porque nos representaba lealmente en todos lados, porque era alguien que conocía y era conocido en los ambientes hospitalarios en los cuales promovía nuestro programa con un amor tan grande como sobrio y callado.
Hacía muchos pero muchos años que andaba por el Programa. Ya había amagado irse años atrás, cuando le agarró no recuerdo qué pataleta que lo tuvo internado un tiempo, pero no...volvió no sólo sanito sino que con una lucidez lacónica e implacable que nos sorprendía cada tarde los días viernes, en el grupo de animadores de las 17 horas.
Era medio cimarrón, y era vecino entero...le gustaba hacer lo que quería, y en ese querer estábamos presentes siempre nosotros, sus compañeros.
Me daba textos para ser leídos acerca de algunos temas de los que habíamos hablado en el grupo, a veces chapeaba un poco (muy poco) con eso de que era médico, pero poco importaba, porque al final de cada reunión, su saludo era tan sobrio como cariñoso, propio del caballero que era.
Todavía no pasé a esa etapa de saberlo presente entre nosotros aunque se haya ido. Todavía estoy incrédulo ante su partida.....y triste.
MIGUEL ESPECHE
Coordinador General PSMB
martes, 4 de agosto de 2009
EL CUIDADO DEL PROGRAMA
Hace unos días ocurrió de nuevo. En un taller del programa varios vecinos indignados clamaron por el envío de un coordinador al barrio de Palermo (lugar en donde estaba el taller), dado que el coordinador anterior había dejado la animación del mismo.
Los vecinos del caso estaban bastante enojados. Decían que era injusto que se cerrara ese taller, que implicaba una discriminación que iba en detrimento de quienes vivían lejos del Hospital Pirovano, y, algunos de ellos hasta decían, con razón, que nada impedía que se juntaran los participantes de dicho grupo para continuar con sus reuniones, pero, claro está, sin llevar el apellido “Pirovano” como atributo de identidad.
En algunos textos de protesta que se hicieron circular acerca de esta situación (clara lámina de un equívoco bastante habitual), también se clamaba por un derecho que, suponían, merecían quienes creían haber sido maltratados por nuestro programa: el derecho a que se les designara un coordinador en el taller hoy cerrado, un animador que se dirigiera a Palermo (aunque podría haber sido en cualquier lado, inclusive en el hospital mismo) para reemplazar al ausente coordinador.
Al leer esos correos que circulaban a diestra y siniestra, no podía más que pensar acerca de las diferencias entre ser coordinador de un programa de voluntarios y un General del Ejército.
Imaginaba un General ordenando a un teniente, por ejemplo, a que se desplace hacia el objetivo sito en Palermo a los fines de dar por solucionada la situación generada ante la partida del coordinador anterior. “Obediencia Debida” mediante, el teniente debería dirigirse al lugar y tomar posesión del objetivo. Claro…yo soy tan solo coordinador, es decir: coordino voluntades, no puedo prescindir (y que se me perdone la obviedad) de las voluntades de los voluntarios (debo, eso sí, coordinar con autoridad esas voluntades), y es así que, en esas ocasiones, si no hay quien desee coordinar algún taller, este se cierra.
En general intentamos que haya quien reemplace a algún coordinador que se va, pero no siempre eso se da. Y, siendo gente grande y potente como consideramos que son los vecinos que forman parte del programa, será parte de la capacidad inherente a todos el aceptar las cuestiones que nos frustran sabiendo que no podemos ordenarle a la realidad que sea como nuestra mente quiere, imperativamente, que sea. Bueno…en verdad podemos ordenarle eso, pero de allí a que nos haga caso hay un buen trecho… A su vez, y como ejemplo de otra situación que también es habitual que llame a equívocos, algunas veces un taller se cierra porque su coordinador no cumple con requisitos que hacen que el programa sea eso: un programa, y no un mero rejunte de gente que se reúne sin un marco que les de orden y sentido comunitario.
En esos casos, recordamos a los vecinos que la manera de cuidar que tiene el programa es a través de las reuniones de animadores, en las que se transparentan las actitudes de los voluntarios quienes tienen a su cargo los diferentes talleres de base, lo que permite no sólo ayudar a apuntalar su labor, sino a saber de sus intenciones y su real deseo de pertenecer a una red de ayuda mutua. Recordamos también, en ese sentido, que muchas veces se pretende mal usar al programa con fines egoístas, de mero regodeo narcisista,
usando la capacidad de convocatoria del programa y la confiabilidad que éste tiene tras tantos años de labor, para vivir un momento de gloria muchas veces demagógica, que impide que la tarea se desarrolle en salud y de manera perdurable. Muchas veces hay coordinadores que son como esos “tíos piolas”, solterones y adolescentes eternos que llegan a la casa de sus sobrinos, los “manijean”, les ofrecen alternativas poco sustentables de felicidad, les dan de comer tan solo postres ricos en azúcar pero sin alimento real y, luego, cuando está hecho el daño, se van, dejando a los padres la tarea de reordenar las cosas y sostener al hijo que se ha quedado en banda.
Estas cosas pasan, y forman parte del crecimiento personal y comunitario que promueve el Programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano. Siempre han ocurrido cosas del estilo y son oportunidad para aprender todos de ellas llevando las escenas para nuestra vida personal y familiar.
No siempre es agradable, pero estar allí para promover un orden sustentable de amor comunitario es lo que deseamos, y, en definitiva, es lo que venimos haciendo desde hace muchos años con entusiasmo.
Que se enojen algunos vecinos no nos produce placer precisamente, pero creemos que muchos de ellos, viendo de qué se trata este programa y reconociendo el respeto que significa saberlos potentes y no “necesitados” o incapaces, sabrán valorar esta actitud que es la que marca la originalidad y la perduración en el tiempo de nuestra red de talleres de ayuda mutua.
MIGUEL ESPECHE
Publicado en el Boletin del PSMB. Agosto/09
Los vecinos del caso estaban bastante enojados. Decían que era injusto que se cerrara ese taller, que implicaba una discriminación que iba en detrimento de quienes vivían lejos del Hospital Pirovano, y, algunos de ellos hasta decían, con razón, que nada impedía que se juntaran los participantes de dicho grupo para continuar con sus reuniones, pero, claro está, sin llevar el apellido “Pirovano” como atributo de identidad.
En algunos textos de protesta que se hicieron circular acerca de esta situación (clara lámina de un equívoco bastante habitual), también se clamaba por un derecho que, suponían, merecían quienes creían haber sido maltratados por nuestro programa: el derecho a que se les designara un coordinador en el taller hoy cerrado, un animador que se dirigiera a Palermo (aunque podría haber sido en cualquier lado, inclusive en el hospital mismo) para reemplazar al ausente coordinador.
Al leer esos correos que circulaban a diestra y siniestra, no podía más que pensar acerca de las diferencias entre ser coordinador de un programa de voluntarios y un General del Ejército.
Imaginaba un General ordenando a un teniente, por ejemplo, a que se desplace hacia el objetivo sito en Palermo a los fines de dar por solucionada la situación generada ante la partida del coordinador anterior. “Obediencia Debida” mediante, el teniente debería dirigirse al lugar y tomar posesión del objetivo. Claro…yo soy tan solo coordinador, es decir: coordino voluntades, no puedo prescindir (y que se me perdone la obviedad) de las voluntades de los voluntarios (debo, eso sí, coordinar con autoridad esas voluntades), y es así que, en esas ocasiones, si no hay quien desee coordinar algún taller, este se cierra.
En general intentamos que haya quien reemplace a algún coordinador que se va, pero no siempre eso se da. Y, siendo gente grande y potente como consideramos que son los vecinos que forman parte del programa, será parte de la capacidad inherente a todos el aceptar las cuestiones que nos frustran sabiendo que no podemos ordenarle a la realidad que sea como nuestra mente quiere, imperativamente, que sea. Bueno…en verdad podemos ordenarle eso, pero de allí a que nos haga caso hay un buen trecho… A su vez, y como ejemplo de otra situación que también es habitual que llame a equívocos, algunas veces un taller se cierra porque su coordinador no cumple con requisitos que hacen que el programa sea eso: un programa, y no un mero rejunte de gente que se reúne sin un marco que les de orden y sentido comunitario.
En esos casos, recordamos a los vecinos que la manera de cuidar que tiene el programa es a través de las reuniones de animadores, en las que se transparentan las actitudes de los voluntarios quienes tienen a su cargo los diferentes talleres de base, lo que permite no sólo ayudar a apuntalar su labor, sino a saber de sus intenciones y su real deseo de pertenecer a una red de ayuda mutua. Recordamos también, en ese sentido, que muchas veces se pretende mal usar al programa con fines egoístas, de mero regodeo narcisista,
usando la capacidad de convocatoria del programa y la confiabilidad que éste tiene tras tantos años de labor, para vivir un momento de gloria muchas veces demagógica, que impide que la tarea se desarrolle en salud y de manera perdurable. Muchas veces hay coordinadores que son como esos “tíos piolas”, solterones y adolescentes eternos que llegan a la casa de sus sobrinos, los “manijean”, les ofrecen alternativas poco sustentables de felicidad, les dan de comer tan solo postres ricos en azúcar pero sin alimento real y, luego, cuando está hecho el daño, se van, dejando a los padres la tarea de reordenar las cosas y sostener al hijo que se ha quedado en banda.
Estas cosas pasan, y forman parte del crecimiento personal y comunitario que promueve el Programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano. Siempre han ocurrido cosas del estilo y son oportunidad para aprender todos de ellas llevando las escenas para nuestra vida personal y familiar.
No siempre es agradable, pero estar allí para promover un orden sustentable de amor comunitario es lo que deseamos, y, en definitiva, es lo que venimos haciendo desde hace muchos años con entusiasmo.
Que se enojen algunos vecinos no nos produce placer precisamente, pero creemos que muchos de ellos, viendo de qué se trata este programa y reconociendo el respeto que significa saberlos potentes y no “necesitados” o incapaces, sabrán valorar esta actitud que es la que marca la originalidad y la perduración en el tiempo de nuestra red de talleres de ayuda mutua.
MIGUEL ESPECHE
Publicado en el Boletin del PSMB. Agosto/09
jueves, 11 de junio de 2009
DE CANTO Y TULIPANES
A veces la vida te da sorpresas. Eso imagino debe haber pensado Andrea Ottolini cuando de repente le comunicamos que su taller “Quiero vivir como canto” sería visitado por una delegación de médicos holandeses que querían conocer nuestro programa.
Andrea, a quien conozco desde hace muchos años, fue coordinadora de un ya legendario taller para tímidos, y, a primera vista, pareciera ser eso: tímida, por más que su paso por el programa haya demostrado que, si es tímida, eso no le impide tener su temperamento.
El taller de Andrea es uno más de los muchos del programa. Y eso de ser “uno más” implica, por supuesto, que, como todos los otros, es un universo en sí mismo, haya muchos o haya pocos integrantes en él.
Si Andrea estaba sorprendida por el hecho de que irían los holandeses, más imagino que se debe haber sorprendido al saber que eran 16 los mismos y que, como suele pasar, varios otros vecinos del programa nos “colaríamos” en su grupo para cantar junto a los visitantes y los “habitués” del taller en cuestión.
Como Coordinador General había propuesto el taller de Andrea para que lo visitaran los holandeses porque creí que, dado el tema del idioma, la música sería una vía regia para el entendimiento de lo que es el programa, una vez que, en un encuentro previo en el taller de Animadores de Adriana Bresler, hubiésemos explicado a nuestros visitantes, a través del perfecto inglés de nuestra traductora oficial, Stephanie Berwick, la filosofía, la ética y las formas del Programa de Salud Mental.
Ya a esa altura, Andrea empezaba a recibir presiones del Coordinador General, quien quería darle al taller un sesgo que él consideraba acorde a la situación especial que se vivía. Claro, la coordinadora era ella y, a no dudarlo, tenía sus propias ideas al respecto. Al principio creí que todo sería un fiasco. Andrea no me daba bolilla y parecía seguir su línea habitual, en la que ella colocaba un cassette (en este caso, una canción de Yupanqui), lo escuchaban todos, leían y analizaban su letra…yo pensaba: “estamos en el horno, los holandeses quedan afuera y no tienen idea de lo que significa huella y camino”. Mientras los tres o cuatro habitués cantaban, y los varios visitantes argentinos intentábamos hacerlo con timidez, veía a los holandeses observar con cierto azoramiento lo que ocurría.
Les dijimos a los holandeses en algún momento que había un conflicto entre Andrea y yo, o, al menos, una suerte de desacuerdo pero que, llegado el caso, lo que valía era lo que fuera coordinando Andrea. Mostramos en acto lo que es un taller, con eso de “juntos aunque no estemos de acuerdo”.
A la vez, de repente Andrea dice unas palabras mágicas: “qué sienten ustedes con nuestra canción”. Y allí empezó todo…
Los holandeses empezaron a relacionar: la nostalgia de la música les sugirió sus propias nostalgias, todas ella traducidas maravillosamente por Stephanie a nivel de las palabras y entendidas, desde el gesto y el sentir, por todos. Una holandesa (a esa altura, ya era vecina) saca un mp3 o cosa similar y, emocionada, pone un tema que le evoca la ciudad en la cual vivió su embarazo. La escuchamos enternecidos. Luego salieron otras canciones, en un ping pong maravilloso en el que los profesionales de la salud europeos mostraban que el Barrio es el Barrio, no importa dónde quede el lugar físico.
Nos reímos mucho. Apareció “Estoy hecho un demonio” ya con baile incluído. Ellos, los de “allá”, sacaron canciones de la galera que ni ellos mismo podían creer estar cantando ya que, se suponía, eran gente seria. Nosotros nos prendíamos muertos de risa, porque, convengamos, las canciones tradicionales de Holanda son graciosas dado que a veces vienen acompañados por gestos también tradicionales que marcan un estilo muy particular.
Los temas de Francis Smith o los oriundos de los lejanos pagos de los Orange, el baile a capella, la risa, llegaron a su paroxismo. A esta altura ya es difícil relatar lo que iba ocurriendo, porque los hechos se mezclan en la memoria debido al shock de endorfinas que sufrimos debido a la risa y la alegría.
Solo puedo decir que terminamos preguntando acerca de Máxima Zorreguieta y, al final de los finales, cantamos dos preciosas canciones: los himnos de Argentina y de Holanda, abrazados en ronda.
Los holandeses se fueron contentos, abrazando a diestro y siniestro, dándonos regalitos divertidos y riendo por lo que sería traducir a lenguaje “serio” lo vivido. Nosotros, quizás más acostumbrados a nuestras “locuras”, reíamos con ellos.
Repito, el Barrio es el Barrio, y cuando hay vecinos de ley, el lenguaje es el del gozo, el de compartir y el respeto por nuestra humanidad. De los temores, la tentación totalitaria del Coordinador General, la generosidad de un taller pequeño que, en realidad, vivió con grandeza su momento especial, pasamos a la fiesta.
Nadie, pero nadie, nos quitará lo bailado…
MIGUEL ESPECHE
Publicado en Boletín Junio 2009
Andrea, a quien conozco desde hace muchos años, fue coordinadora de un ya legendario taller para tímidos, y, a primera vista, pareciera ser eso: tímida, por más que su paso por el programa haya demostrado que, si es tímida, eso no le impide tener su temperamento.
El taller de Andrea es uno más de los muchos del programa. Y eso de ser “uno más” implica, por supuesto, que, como todos los otros, es un universo en sí mismo, haya muchos o haya pocos integrantes en él.
Si Andrea estaba sorprendida por el hecho de que irían los holandeses, más imagino que se debe haber sorprendido al saber que eran 16 los mismos y que, como suele pasar, varios otros vecinos del programa nos “colaríamos” en su grupo para cantar junto a los visitantes y los “habitués” del taller en cuestión.
Como Coordinador General había propuesto el taller de Andrea para que lo visitaran los holandeses porque creí que, dado el tema del idioma, la música sería una vía regia para el entendimiento de lo que es el programa, una vez que, en un encuentro previo en el taller de Animadores de Adriana Bresler, hubiésemos explicado a nuestros visitantes, a través del perfecto inglés de nuestra traductora oficial, Stephanie Berwick, la filosofía, la ética y las formas del Programa de Salud Mental.
Ya a esa altura, Andrea empezaba a recibir presiones del Coordinador General, quien quería darle al taller un sesgo que él consideraba acorde a la situación especial que se vivía. Claro, la coordinadora era ella y, a no dudarlo, tenía sus propias ideas al respecto. Al principio creí que todo sería un fiasco. Andrea no me daba bolilla y parecía seguir su línea habitual, en la que ella colocaba un cassette (en este caso, una canción de Yupanqui), lo escuchaban todos, leían y analizaban su letra…yo pensaba: “estamos en el horno, los holandeses quedan afuera y no tienen idea de lo que significa huella y camino”. Mientras los tres o cuatro habitués cantaban, y los varios visitantes argentinos intentábamos hacerlo con timidez, veía a los holandeses observar con cierto azoramiento lo que ocurría.
Les dijimos a los holandeses en algún momento que había un conflicto entre Andrea y yo, o, al menos, una suerte de desacuerdo pero que, llegado el caso, lo que valía era lo que fuera coordinando Andrea. Mostramos en acto lo que es un taller, con eso de “juntos aunque no estemos de acuerdo”.
A la vez, de repente Andrea dice unas palabras mágicas: “qué sienten ustedes con nuestra canción”. Y allí empezó todo…
Los holandeses empezaron a relacionar: la nostalgia de la música les sugirió sus propias nostalgias, todas ella traducidas maravillosamente por Stephanie a nivel de las palabras y entendidas, desde el gesto y el sentir, por todos. Una holandesa (a esa altura, ya era vecina) saca un mp3 o cosa similar y, emocionada, pone un tema que le evoca la ciudad en la cual vivió su embarazo. La escuchamos enternecidos. Luego salieron otras canciones, en un ping pong maravilloso en el que los profesionales de la salud europeos mostraban que el Barrio es el Barrio, no importa dónde quede el lugar físico.
Nos reímos mucho. Apareció “Estoy hecho un demonio” ya con baile incluído. Ellos, los de “allá”, sacaron canciones de la galera que ni ellos mismo podían creer estar cantando ya que, se suponía, eran gente seria. Nosotros nos prendíamos muertos de risa, porque, convengamos, las canciones tradicionales de Holanda son graciosas dado que a veces vienen acompañados por gestos también tradicionales que marcan un estilo muy particular.
Los temas de Francis Smith o los oriundos de los lejanos pagos de los Orange, el baile a capella, la risa, llegaron a su paroxismo. A esta altura ya es difícil relatar lo que iba ocurriendo, porque los hechos se mezclan en la memoria debido al shock de endorfinas que sufrimos debido a la risa y la alegría.
Solo puedo decir que terminamos preguntando acerca de Máxima Zorreguieta y, al final de los finales, cantamos dos preciosas canciones: los himnos de Argentina y de Holanda, abrazados en ronda.
Los holandeses se fueron contentos, abrazando a diestro y siniestro, dándonos regalitos divertidos y riendo por lo que sería traducir a lenguaje “serio” lo vivido. Nosotros, quizás más acostumbrados a nuestras “locuras”, reíamos con ellos.
Repito, el Barrio es el Barrio, y cuando hay vecinos de ley, el lenguaje es el del gozo, el de compartir y el respeto por nuestra humanidad. De los temores, la tentación totalitaria del Coordinador General, la generosidad de un taller pequeño que, en realidad, vivió con grandeza su momento especial, pasamos a la fiesta.
Nadie, pero nadie, nos quitará lo bailado…
MIGUEL ESPECHE
Publicado en Boletín Junio 2009
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