viernes, 7 de septiembre de 2012

COMPARTIR NO ES POLEMIZAR


Editorial


COMPARTIR NO ES POLEMIZAR

Hay mucha gente a la que le encanta la palabra “polemizar”. De buena fe creen que, polemizar sobre una cuestión, mejora el acceso a la verdad acerca de esa cuestión.
Nunca me pareció que eso fuera atinado. De hecho, en los talleres considero que más que polemizar se intercambian puntos de vista sobre las cuestiones, de manera tal que una mirada suma a la otra mirada. No creo que deban competir ambas, sino ayudarse mutuamente para enriquecer las perspectivas y, así, ser más eficaces en la vida.
 Por eso es “taller”, porque “forjamos” un saber compartido allí, “in situ”, incorporando las perspectivas de los presentes, de diferentes maneras, sumando no solo las ideas, sino los estados de ánimo que subyacen al sostén de esas ideas.
Me puse a buscar en el diccionario y me di cuenta del por qué de mi falta de simpatía por la polémica. Miren ustedes sino:
Según el Diccionario de la Real academia, “polémica” se define como  Arte que enseña los ardides con que se debe ofender y defender cualquier plaza”.
Busqué un poco más y en un diccionario de Santillana encontré lo siguiente referido a la palabra “polémica”:

1.(s. f.) Discusión entre personas que sostienen opiniones o ideas distintas y atacan las del otro u otros.
En otro lugar, dice lo siguiente: polémico, ca
del gr. polemikos, referente a la guerra

1.(adj.) Que provoca controversia.

Es interesante lo que nos pasa cuando no polemizamos y,  en cambio, compartimos, no solo ideas, sino nuestro ánimo.
De hecho, compartir generativamente  y no beligerantemente es lo que corresponde a una tarea civil de construcción comunitaria, es decir, cuando no “militarizamos” situaciones que no son guerreras. En la guerra debe ser diferente, pero no es el caso, al menos, en nuestro programa, que habla de buen vecinalismo, fraternidad y sano orden, más que de competencia bélica o pulseada peleadora.
Quizás por eso en los talleres no hay temas tabú, aunque sí es tabú compartir sin ánimo de buena vecindad que permita respetar, sentir curiosidad y dar pertinencia al sano pensar y sentir del compañero de ruta.
En algunos lugares dicen que no hay que hablar de política, de religión o de fútbol. Yo diría que no debería polemizarse sobre esas cuestiones que tanto crispan los nervios cuando son tratadas desde la idea de generar “… ardides con que se debe ofender y defender cualquier plaza”.
Sin embargo, bendigo la posibilidad de poner sobre la mesa nuestra mirada sobre todas las cuestiones que sean pertinentes de acuerdo a la dinámica, el objetivo y el espíritu de cada taller, sin excluir temas, pero sí excluyendo la mezquindad, los ardides y la idea guerrera del “polémikos” de la que habla el diccionario.
La realidad es tan pero tan grande, compleja, multidimensional….no se trata de pensar que la parte que nos toca ver de ella es la totalidad. Se trata de saber que la estamos abordando desde otro lugar, como aquel cuento de los ciegos y el elefante, cuando cada uno de ellos tocaba una parte del animal y creía que dicha parte era la totalidad del toqueteado  paquidermo.
Por eso, mientras demoramos en darnos cuenta que estamos en el fondo de acuerdo (tantas veces lo estamos, sin percatarnos de ello sólo porque la vía de acceso que elegimos es diferente a la del compañero) en los talleres custodiamos no la verdad, sino la buena fe, no la razón, sino el respeto y las ganas de compartir. El optimismo está en creer que hay algo que merece habitarnos de aquello que trae el compañero, no que eso que nos comparte merece ser eliminado sin más, vencido a fuerza de polémica.
Carlos Campelo solía decir que es mejor lograr consenso que tener razón. El sabría por qué lo decía. Las razones han ido, vuelto, y retornado a lo largo de la historia. Lo que, sin embargo,  siempre perduró es aquello que hacía que las comunidades siguieran siéndolo, y no se transformaran en una masa de polemizadores sin fe y a la defensiva. Era el amor comunitario, la amalgama solidaria que hacía que cada uno tuviera su lugar y no tuviera que andar siempre compitiendo para lograrlo forzadamente.
En tiempos de polémica, nada como un buen taller en el cual investigamos lo que somos y pensamos, a través de compartir lo nuestro con lo que otros traen para poner sobre la mesa.
No es con guerra, es con ganas de estar juntos, que hacemos Barrio. Las conversaciones van y vienen en nuestros talleres, y tejen redes de amor comunitario. Ese que abunda entre nosotros, sólo que, en medio de tanta polémica, parece poco, cuando lo es todo. 



                                                                                               MIGUEL ESPECHE
                                                                                       Coordinador General

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