martes, 18 de enero de 2011

LA ÚLTIMA PALABRA

Cuando alguien ingresa a cualquiera de nuestros talleres, debe saber que en esa reunión el que tiene la última palabra es el coordinador.
Deberá saber que es algo muy bueno que eso así sea, porque sino todo sería un lío.
La autoridad del coordinador lo habilita, entre otras cosas,  a marcar rumbo de las temáticas del grupo, ejercer el derecho de admisión y vincularse con las autoridades del lugar con el fin de contribuir a que se guarde el buen orden dentro del grupo, el que, se sabe, es una representación de todo un programa esencialmente solidario y bastante grande e interesante, como lo es el Programa de Salud Mental Barrial.
En esa línea, la palabra del coordinador es la última. Y lo es en el sentido de que marca el punto desde el cual las cosas van a seguir dentro de la dinámica del grupo, priorizando algunos elementos por sobre otros, según el saber y su entender del que conduce la experiencia.
Nosotros en el Pirovano valoramos mucho el “saber y entender” de los coordinadores. El mismo es importantísimo, porque es la medida del éxito o fracaso (si es que el fracaso existe) de un taller. Sin un coordinador que sepa algo y entienda también algo, no iríamos a ningún lado y, si existiese un grupo con un coordinador que no se afirmara en su saber y entender para, desde allí, conectarse con la experiencia compartida, dicho grupo en breve quedaría diluído y estéril.
A veces ocurre que alguien (coordinador o participante de algún taller) confunde aquello de la última palabra con la única palabra. Cuando eso ocurre, se arma jaleo, en versión altisonante,  o versión calladita pero corrosiva.
En realidad, la última palabra es una palabra habitada, en cuyo ADN se percibe rastros inconfundibles de las palabras precedentes pronunciadas por los miembros del taller, incluyendo al coordinador mismo. Es decir: en la última palabra habita la penúltima, la antepenúltima, y así sucesivamente, en dosis y proporciones que son decididas por el coordinador.
En la única palabra, lo que se percibe en el ADN es que nada de lo que los otros han dicho habita en ella, por lo que es una palabra que suelen preferir los tiranos, los tontos y los malos, para jorobar a la gente y dominarla cual objetos que sean una extensión de sí mismos. Es que la única palabra es la palabra que no tiene prójimo, es una palabra desolada y vampírica que no tiene vecino, y es propia de aquellos que usan a los demás para tener una pared en blanco sobre la cual descargar sus pensamientos, los que se tornan estériles al no tener deseo de ser fecundados por lo que los otros tengan para decir.
La única palabra está vacía de toda curiosidad, solo quiere afirmarse a sí misma, por lo que suele ser insufrible o, en algunos casos, seductora cuando lo que se desea es que otro se haga cargo de las escenas para así evitar la propia responsabilidad de protagonía.
Por suerte, acá en el programa valoramos la última y no la única palabra. Cuando un coordinador apunta a tener la única palabra su taller se vacía de sentido y, generalmente, de gente. Cuando un participante apunta él a su vez a la única palabra, su participación es precaria, tensa y aburrida, cuando no violenta.
La última palabra,  bien pronunciada por el coordinador de un grupo, puede ser rotunda y cortar de cuajo alguna situación desmadrada. De hecho, cuando eso ocurre lo que sentimos es una sensación importante de paz, como cuando en una reunión de consorcio alguien, en uso de sus facultades, decide algo de una buena vez de manera nítida; o cuando vamos a un restaurante y vemos que un padre o madre en la mesa de al lado corta de cuajo algún llanto histérico de un hijo díscolo. En este terreno de lo metafórico, también podemos decir que la última palabra es como cuando por fin llueve, tras horas y más horas de calor, nubes y mortal humedad. Esa lluvia, generalmente precedida por un trueno de aquellos, alivia y ordena el mundo tanto como el “¡basta!” bien dicho de una madre a su alterada prole.
A no dudarlo, cuando alguien quiere licuar la autoridad de un coordinador, lo acusará de tirano. Pasa bastante. En general, los acusadores son personas que quieren tener ellos la última palabra (en realidad, la única), como cuando los hijos adolescentes nos quieren complicar la vida pero, a diferencia de éstos, que lo hacen para crecer poniéndonos a prueba, los que quieren adueñarse de la última palabra de un grupo sin ser los habilitados para ello, son los que en épocas de Campelo se llamaban “personas con problemas con la autoridad”.
Ni qué decir cuando en un grupo se arma una puja por imponer la única palabra....el clima se pone denso y dan ganas de irse: muchos argumentos en batalla silogística, pero nada de vínculo y común-unión, ausencia que, sabemos, mata el entusiasmo y las ganas de estar, y llena de bostezos las reuniones.
A los fines de ayudar a los coordinadores y, a su través, a los miembros de los grupos, lo que ocurre en el animador dentro de su grupo es revisado con sus compañeros animadores en las reuniones de coordinadores. Allí la última palabra de un taller de ayer, puede ser la palabra inicial del taller de mañana, fertilizada por el intermedio de los compañeros-pares de ese animador, quien retornará  la semana siguiente al taller que coordina nutrido por sus propias reflexiones y las de sus compañeros.
Es así que, si lo pensamos bien, la última palabra absoluta al fin de cuentas no existe, aunque podemos imaginar que en el final de los tiempos la encontraremos. Bueno, mientras esos tiempos finales van llegando (para lo cual en lo personal no tengo ningún apuro), las palabras circulan y circulan, en un juego fértil de intercambio.
En lo que a talleres respecta queda claro: la palabra final a ser dicha en ese espacio definido, es del coordinador, quien asume esa responsabilidad, ayudado por un programa que lo respalda y acompaña en su proceso.
Ordenados por esa premisa, todas las palabras tendrán su lugar correspondiente y, ¡maravilla! se abrirán las posibilidades de escuchar las palabras de otros, algo muy aconsejable por cierto, ya que no todo es decir en esta vida, sino también lo es escuchar el decir del otro que nos acompaña y nos nutre con el lenguaje de su vivencia.


                                                                            MIGUEL ESPECHE
                                                                            Coordinador General

Editorial del Coordinador General publicada en el Boletin del PSMB de Enero 2011

En el mes del cumpleaños.....

sábado, 8 de enero de 2011

Mi primer taller

“Compañeros de la red” : les comento que abro mi primer taller, y además, fuera de este ámbito que bien nos acoge,  que es nuestro Hospital y alrededores del Pirovano, así que,... me encomiendo a todos y cada uno de ustedes, porque si yo me siento bien, ustedes también lo estarán y viceversa, así lo pienso porque creo que es un sentimiento valiosísimo para toda apertura, ah!,...además, quiero  contarles un secreto que creo haber descubierto hace muy poco,....: para sentirse jóvenes y vitales, saben que...:HAY QUE ABRIR TALLERES” ..observe que varias compañeras, abren y abren talleres, y se las ve cada día mas vitales!!!.....cuantos?.. no sé, y si les pasa a los hombres, tampoco,…. eso habrá que averiguarlo cada uno, peroo , lo que es seguro  :” HAY QUE ABRIR TALLERES “( en esto no estoy a la deriva, eh?),...jajaja ,... una pequeña chanza, …para encarar seguramente, temas profundos, …y que mejor? que... llevar un buen bagaje de humor y risas, es saludable , por cierto, ...después de enero , les cuento.
En lo estrictamente personal en cuanto a la lámina que presento, me observo que en esa carrera de prepararme para la vida, formar una familia, tener un lugar, criar los hijos , despedir a seres queridos,……. en cada etapa cumplida,….luego, me siento tremendamente como a la deriva, sin saber bien como llegue hasta aquí, donde me encuentro realmente?, para que rumbo tomar,  en fin ,…..es  como estar en el medio de un océano,… de la nada (muy feo para mi), olvidándome incluso de mi propio timón.
Hay algo que siempre me alivia bastante,  y que muchas veces olvido, que es realizar tareas solidarias, y en esta etapa , sobre todo después de los 50,  siento que si no estamos en alguna red o emprendimiento solidario, ( ya sea con personas , fauna ,ecología o planeta), realmente , “no se ni para que se vive”, hayas hecho y formado (familia mediante), lo  que se haya hecho  anteriormente”,…….no hay dudas que debo trabajar este sentimiento, y doy gracias al Pirovano , al creador de esta red y a todos ustedes por permitirme hacerlo, gracias.
Un abrazo a todos, felices fiestas,....hasta la victoria siempre y hasta el sentimiento siempre.

Hugo Moccia.
Animador  taller  “Me siento a la deriva” (..tomando el timón)
Lugar  :  Club “25 de Mayo”  -  Rodríguez Peña  941  -  Martínez
Comienza  :  Miércoles   05/01/2011  -  18hs.

Caminatas veraniegas.......

domingo, 19 de diciembre de 2010

El poder del Ahora (inicia 5 de enero)

MI EXPERIENCIA EN EL TALLER "APADRINANDO UNA ESCUELA”

La decisión de viajar fue vertiginosa, no había estado en mis planes visitar el Paraje San Juan, ese lugarcito en Santiago tan querido por mis compañeros. Escuché en los encuentros con atención
las  experiencias que contaban y no dudé en imitarlos.
Entonces… la postal de la calle Monroe escoltada por semáforos y abarrotada de autos la cambié por otra,  con un camino salitroso y custodiado  a lo largo de kilómetros por imponentes cactus.
No me imaginaba que esos pequeños de la escuela 1066 me ayudarían tanto a ampliar mi conciencia y mi contacto con la naturaleza árida de ese suelo,  hasta llegar a  descubrir juntos un ramillete de color rosado que no eran ni más ni menos,  que huevitos de sapo.
Me encantó acompañarlos y  disfrutar de su presencia.  Jugar al  “Veo Veo”  y percibir con  fuerza la capacidad de asombro que aún los envuelve. Sentir el calor de esos besos dobles en los cachetes me estremeció y me obligaron a ubicarme con rapidez a sus costumbres,  para que nadie me mirara reclamando el beso que faltaba.
Sentí la camaradería de la directora y los maestros dándome la bienvenida y  permitiéndome ayudarlos a recortar letras, pegar brillitos y hasta armar el telón para participar del cierre del
Ciclo Lectivo 2010.
El Taller del Pirovano estuvo presente siempre  con todos sus integrantes, con la presencia física de Eleni, Luis, Cecilia, Mirta y a la distancia  con cada una de las acciones generadas por Miguel, María Emilia, Omar, Juan, Silvia T. Horacio y Silvia A. porque así funciona un equipo.
 Le doy gracias a Dios que nos acompañó en todo momento y nos permitió ver su mano en aquel Paraje.
                                                               
                                                                           Mirta Cataldi 
                                   Integrante del Taller Apadrinando una Escuela                                  

jueves, 16 de diciembre de 2010

LA "COORDINACIÓN PARALELA"

Con certeza todos lo hemos hecho alguna vez: cumplir una función en determinado lugar y querer ejercer la función de otro, que no es la  propia ni mucho menos.
 Puede ocurrir en una cancha de fútbol a la que concurrimos como expectadores, cuando, pasado cierto tiempo del partido, estamos pensando como entrenadores y, desde esa perspectiva (que no ejercemos, pero imaginamos ejercer) ya estamos queriendo hacer los planteos de juego o los cambios que el verdadero técnico no hace. En la oficina, también, suele ocurrir que pensamos como si fuéramos el jefe, algo que no somos. El problema del caso es que nos perdemos de ser expectadores plenos (en el caso de fútbol) y subalternos también plenos, en el caso del trabajo de oficina.
En el programa a eso lo llamamos "coordinación paralela". Ésta ocurre cuando alguien mira demasiado fijamente al coordinador y se la pasa pensando acerca de qué haría si ocupara el lugar de quien está a cargo de la animación del grupo. Son situaciones en las que, de una manera u otra, un integrante del grupo, miembro de base o ayudante, se la pasa haciendo y diciendo todo, pero todo, desde "lo que yo haría si fuera coordinador" y no "lo que yo hago desde mi rol en el grupo".
Este tipo de situaciones son de las más ingratas a la hora de animar un taller. Es que quien como coordinador debe vérselas con un "coordinador paralelo" no sólo debe soportar el embate de un pensamiento en eco sumamente molesto, sino que, a la vez, se pierde de tener la voz de un compañero que ocupe su lugar y, desde allí, haga un aporte que puede ser significativo y útil. Ese compañero, al querer ser imágen de lo que no es,  pierde consistencia cuando su palabra  y su sentir emerjen con el fin de superponerse a la función de conducción.
Digamos que cuando en una familia un hijo ya mayor de edad empieza a "auditar" la gestión paterna, juzgando la comida de cada día, los criterios con los que se hacen las compras, el tipo de orden que se impone a los hermanos menores de edad y cómo se están planchando las camisas, es signo de que la tarea de los padres ha llegado a buen y exitoso destino: el nene creció, ya es todo un hombre, y debe partir para ejercer esa función de conducción, (que tanto juzga en lo de sus padres), en el hogar que él se sepa conseguir. Para un padre de ley no habrá mayor placer que ver cómo ese hijo en su casa (una vez que la haya constituido) mejora lo que  sus padres supieron hacer, optimizando la gestión a partir de sus propios y lúcidos criterios. Eso sí, y se reitera: el hijo debe hacerlo en su propia casa, porque en un hogar que se precie no se podrá sostener una "paternidad paralela", sobre todo, porque  el lío que se armaría haría inviable cualquier organización mínimamente eficaz.
La analogía es obvia. En los grupos, cuando alguien se focaliza mucho en "lo que yo haría si fuera coordinador" es hora de que haga su propio taller, gestionando los pasos pertinentes para la procura de tal fin. Esos pasos pertinentes ( que sí ha realizado el coordinador del caso) tienen su mérito, y vemos que a veces, quien pretende dirigir la batuta, ni ganas de conseguirse una batuta tiene, lo que demuestra aquello de que muchos envidian lo que otros tienen, pero pocos lo que esos otros hicieron para tener lo que tienen (algo así como envidiar un título universitario, pero no querer estudiar para obtenerlo).
Ser animador de un grupo no ofrece una superioridad personal a quien tiene dicha función. Es una función diferente, pero no superior "ontológicamente". El coordinador de un taller para padres no es mejor padre que quien no es coordinador pero va a dicha reunión como integrante. Sin embargo, mucha gente cree que ser animador es "más" que no serlo, lo que explica que se pierdan el disfrute de ser un "indio" en la reunión. Como si manejar un auto fuera "más" que ir como pasajero, lo que transformaría a todos los taxistas en seres superiores a los pasajeros que llevan en el asiento de atrás.
Ha ocurrido que algunos procesos conflictivos, bien llevados, derivaron en que los "coordinadores paralelos" hicieran su propio taller, tras darse cuenta de que emergía en ellos la voluntad de tener un grupo a cargo. Sin embargo, hay ocasiones en las que ocurre que la vocación es la del "paralelismo" y no la de ser realmente protagonista de una coordinación. Algo como le ocurre al "DT tribunero" que, puesto en el campo de juego a dirigir, "arruga" y demuestra que lo que importa  es honrar el lugar que uno ocupa, en vez de andar jorobando a los otros queriendo ser una suerte de imagen en el espejo, sin la responsabilidad que implica "poner el cuerpo", dejando de imaginar ser otro para abrir juego a ser lo que uno es, en todo momento y lugar, para ofrecer lo mejor en cada situación compartida con los compañeros de ruta.

MUGUEL ESPECHE
Coordinador General del PSMB

Editorial publicado en Boletin Nro 133 de diciembre 2010