viernes, 9 de enero de 2009

Los talleres en palabras de sus "talleristas"

Crónica de un año duro

Hacía 12 meses y moneda que me encontraba a la deriva. Profundamente abatido sentía que todos mis problemas eran responsabilidad de los demás. Mi entorno, mi familia, mis amigos, me decían… estás mal, alguien me propuso… porqué no probas,
los grupos del Pirovano son muy buenos, te va a hacer bien, dale…
Accedí, confieso que me acerqué con desconfianza y poca fe. Me decía, esto no es para mí, que voy a explicar, que saben los demás de lo que me pasa, ir a escuchar problemas ajenos….por favor.
Sin embargo aquí llegué, no eran muchos, recuerdo lo difícil que fue hablar frente a desconocidos, empecé a sentir la vieja sensación de ser juzgado, viste yo sabía, para que vine….
Así y todo seguí asistiendo, al principio lo veía todo mal, puro sacrificio, que salir antes del trabajo, que viajar mal y apurado, que estar cansado, que llegar tarde a casa…que terrible lo mío.
Poco a poco el grupo fue creciendo, empecé a conocer gente como yo, con problemas como o peores que los míos, mi mundo ya no era el único sino que existían muchos más, de los cuales yo era parte. Comencé a olvidar mis quejas, y a sentirme responsable de las ajenas. Quizás algo podía ayudar, el solo estar presente y escuchar ya sería una forma para empezar.
Esto me empezó a fortalecer, comencé a ayudarme de esta forma, asistir con ganas y llevarme a casa lo ajeno me sacó de ese bajón emocional, comencé a mirarme reflejado quizás en los demás. Todo comenzó a cambiar, y hasta llegó el momento en que me di el Alta…. si dije ya estoy bien, me siento nuevo…pero no me voy porque aquí vale la pena seguir creciendo.
El grupo creció, creció y creció…la rutina dejó de ser, atrás quedaron las dudas y los temores y así fui llegando al hoy.
Puedo decir sin dudas que fue un año duro pero muy especial… sobre todo por la gente que conocí. Y es a ellos, y a vos parte de este GRUPO de MIERCOLES (como suelo llamarlo) que quiero agradecerte desde lo más profundo por haber estado ahí, a mi lado y el de todos…
Carlos
Diciembre de 2008

Participante del taller "Mi razón, la tuya y la nuestra"
Miércoles 19hs en Café Soraya

COORDINADORES DESCANSANDO

La llegada del verano trae consigo una merma en el número de talleres que funcionan en el PSMB. Esto se debe a que muchos de los grupos se hacen eco de las vacaciones de sus coordinadores y ayudantes, suspendiendo así sus actividades.
En los meses previos al final del año, circula entre los grupos de coordinadores del programa un listado en el que se solicita que tengan a bien señalar si su taller tendrá o no una suspensión debido a las vacaciones. Esa información se vuelca, luego, al boletín, a la cartelera y a la página web de nuestro programa, con el fin de que los usuarios tengan la información del caso.
Algunos talleres siguen funcionando aún sin su animador y el ayudante. En esos casos, se dice que el taller está en autogestión. Para que eso ocurra el animador de ese taller debe decidir que su grupo seguirá funcionando más allá de su ausencia física, sostenido en los integrantes y según pautas de funcionamiento que el vacacionante deja con claridad establecidas. La duración de la autogestión raramente excede el mes, siendo pocas las excepciones, si es que las hay.
Obviamente puede quedar a cargo del taller el ayudante, siendo varios los casos en los que coordinador y ayudante alternan en forma planificada su ausencia para que el grupo cuente siempre con la presencia física de una de las figuras de autoridad del mismo.
Los talleres que siempre están, y nunca dejan de funcionar, son los talleres de orientación y, sobre todo, los de coordinadores.
Si bien a veces estos últimos grupos quedan algo reducidos en cuanto al número de sus integrantes, están siempre allí ya que son el corazón de nuestro programa, el lugar con el que cuentan los animadores/coordinadores para referenciarse y nutrirse en su rol.
La “movida” del verano pirovanense es siempre diferente cada año. Hay años con veranos más agitados, otros, con franco ritmo de siesta. Siempre, eso sí, son lindos los veranos en el programa porque en los grupos se producen movimientos, cambios, y, en muchas ocasiones, una merma en el número de integrantes que hace que, los que quedan, se solacen en tertulias que tienen un intimismo diferente al del resto del año.
De hecho, esas reuniones con la música de las chicharras como fondo, son siempre recordadas como lindas, cálidas, amables, con una cercanía diferente entre los que no han salido de vacaciones o las pasan gozando en el programa de la compañía de sus vecinos.
Cuando un coordinador informa que se tomará un mes de vacaciones en la playa, por ejemplo, pero que estará ausente de su reunión de pares por dos o hasta tres meses aún cuando estará en la ciudad, siempre focalizamos nuestra atención en él.
Es que, dado que suponemos que nuestro programa es de entre-tenimiento (de “tenernos” entre todos, con disfrute incluido), nos asombra un poco su necesidad de descansar por tanto tiempo. Nos preguntamos, en esos casos, qué puede pasarle al compañero que tiene que descansar tanto de algo que goza, o se supone que goza, al hacer. En otras palabras: si necesita descansar tanto del disfrute, ¿está realmente disfrutando? Explico, para los que se acercan recién al programa, que los animadores de talleres deben gozar su tarea como tales, esa es una condición para estar dentro del programa en lo que hace a la conducción o la ayudantía en la conducción de grupos.
No es que no puedan tomarse esos tiempos de ausencia, pero el que lo hagan ayuda a que su grupo de compañeros explore su estado anímico dentro del mismo. No han sido pocas las veces que este tipo de exploración derivó en sinceramientos y descubrimientos acerca de, por ejemplo, coordinadores que se tomaban de manera excesivamente exigida su tarea, pretendiendo homologar la misma a una práctica profesional, uno de los habituales yerros de los vecinos que olvidan que acá son eso: vecinos, y no psicólogos, médicos o pedagogos matriculados. Al tomarse de esa manera su labor como conductores de sus grupos, se estresaban más de la cuenta. Olvidaban que con ser vecinos, gozar la tarea, ser ordenados con respecto a la misma y tener en cuenta la ética de nuestro programa, alcanza y sobra. No hace falta tanto estrés.
El descanso de los animadores es importante. A veces los animadores, justamente, descansan compartiendo en sus grupos y disfrutando el programa. Otras, se van de vacaciones y la pasan bomba, volviendo luego renovados a sus talleres.
Como se ve, usamos la circunstancia estival para cuidarnos, porque no sirve a nadie tener coordinadores que estén estresados por venir al programa, cuando, justamente, la idea es que la pasen bomba acá también, tanto o más que en la playa o en la montaña.
Utilizo a conciencia la circunstancia que se da en el verano a modo de ejemplo de cómo nos cuidamos unos a otros en el programa. Quienes asisten a los grupos como usuarios y leen esta editorial, percibirán una muestra de cómo nos ocupamos de que los coordinadores de sus grupos estén alimentados emocionalmente, para llevar ese alimento a la mesa del taller que coordinan.
Con el ritmo que marca el calor, el programa sigue su tarea. Nunca se detuvo por “falta de quórum” ni lo hará jamás, porque las personas que están son las que tienen que estar y siempre habrá algún grupo para los que vengan, inclusive para los que elijan venir por vez primera aprovechando el tiempo libre que el verano depara.
Por otra parte, la playa o la montaña son más disfrutables aún, sabiendo que a la vuelta están los compañeros esperando para retomar el camino. El descanso es más descansado cuando nos sentimos unidos a una red que, en verano o en invierno, tiene siempre encendido el fueguito de la buena vecindad.

MIGUEL ESPECHE
Editorial publicado en Boletín del PSMB Nro 118, enero 2009

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Los talleres en palabras de sus animadores


En el taller de Violencia Familiar partimos de algunas ideas rectoras que nos facilitan delinear el trabajo. Estás son: en todo hogar donde hay violencia, en cualquiera de sus formas, todos los integrantes de la familia somos violentos. La diferencia con el integrante que pega, denigra, grita e insulta es que ése no sólo es violento sino que también es un delincuente porque está cometiendo un delito legalmente tipificado.
Trabajar sobre la violencia del otro no nos sirve ya que no lo vamos a poder cambiar e intentarlo es, de por si, un acto de violencia; lo que sí podemos hacer es revisarnos a nosotros mismos y decidir qué queremos hacer con nuestra propia violencia, si es posible transformarla en una energía constructiva.
Revisamos las diferentes formas de violencia que solemos utilizar discriminando cuando un acto o una actitud son violentos o no. Por ejemplo, el silencio puede ser utilizado como una actitud violenta si está dirigido a eliminar al otro con la indiferencia o como una actitud de defensa, cuando el otro está muy agresivo.
Hacemos este trabajo intercambiando nuestras vivencias, escenas violentas de nuestra vida, compartiendo nuestros sentimientos y lo que pensamos, revisándolas en cámara lenta, cuadro por cuadro para poder detectar dónde hubiéramos hecho otra cosa. En este proceso cada integrante del taller funciona como un espejo en el cual mirarnos y, reconocernos nos da la posibilidad de ver la situación de los dos lados del mostrador.
En nuestros talleres el coordinador también está atravesado por la problemática que se trata, lo que le da la posibilidad de coordinar el taller desde adentro y no desde afuera. No vamos a enseñar sino que vamos a aprender compartiendo.

Cristina Szymanski
Jueves 20hs Hall de Pediatría

miércoles, 22 de octubre de 2008

PLAZA CARLOS CAMPELO

INAUGURAMOS LA PLAZA

Es rara la sensación que da pasar por una linda plaza y ver un cartel que dice “Plaza Licenciado Carlos Campelo”. Es raro, también, haber estado allí, junto al Dr. Cuba, director del hospital, y un montón de personas ligadas a Campelo y al Programa de Salud Mental Barrial, para rendir homenaje al fundador de nuestra red de talleres, descubriendo ese cartel en un sencillo y emotivo homenaje, siendo que parece que hace poquito esa plaza estaba sólo habitada por los recuerdos de tantos eventos compartidos con los vecinos del PSMB, en tiempos en los que ni remotamente imaginábamos que “Campelo” sería el nombre del lugar.
Allá en el fondo están los ceibos, bajo los cuales se encuentran las mesas de ajedrez, mientras que, más acá, el área de juegos se llena de pibes del barrio que patinan, pelotean o se mecen en el eterno ir y venir de las hamacas. La vieja estación mira todo el paisaje y seguramente se congratula de tan saludable vecindad. Nunca el Barrio fue para nosotros tan barrio como esa semana en la que honramos, en dos encuentros por demás lindos, el bautismo de la plaza con el nombre de nuestro fundador, quien hoy hace uso de su merecidísima posmortalidad.
El inicio fue la mañana del 15 de septiembre, cuando la actividad fue institucional y el director dijo cosas que, con una sencillez entrañable, nos dejaron percibir lo mucho que ha transitado el programa desde que empezó a existir. Es que en las palabras del Dr. Cuba no sólo había respeto y valoración por la tarea del PSMB y la marca que dejó Campelo en nosotros, sino que hasta afecto y compañerismo había, algo que fue siempre una meta nuestra: la de tener a los trabajadores del Hospital como compañeros de ruta en esto de fortalecer la salud de los vecinos.
Unos pocos días después, el sábado 20, se armó la gran fiesta pirovanense al más tradicional estilo “loco” que nos caracteriza. Fueron palabras de afecto a través de los micrófonos cedidos por el CGP13, baile, anécdotas, canto, orientaciones vía boletín o taller….un mundo compartido para vernos en clave de alegría en esa plaza que hoy se llama “Carlos Campelo”.
Felisa Ch., nuestra consteladora familiar, por un ratito bailó de lo lindo con un señor que un poco la atosigaba. Hube de rescatarla con palabras amables y algo firmes al desubicado caballero del caso, entendiendo que el estado etílico del susodicho ameritaba ese gesto de asistencialismo de mi parte. Felisa agradecida y yo contento de mi buena obra.
Al rato, en el rincón de la plaza en el que Eva C. mostraba fotos y relataba anécdotas de Campelo, fuimos testigos de un encuentro conmovedor. Eva leía un texto biográfico acerca de Carlos y en un momento nombra a un amiguito de la infancia de los Campelo. Se trataba de un tal Carlos Díaz, quien, según el relato, jugaba en la vereda con los Campelo en su barrio de infancia. En el grupo que estaba reunido escuchándola estaba el hermano de Carlos, Osvaldo, y también estaba un señor que, cuando se pronunció la palabra “Díaz” dijo “Ese soy yo”. Era aquel chiquito que jugaba con los Campelo. Percibimos la conmoción del hermano de Carlos y del señor Díaz ante lo que estaba pasando. Osvaldo Campelo, asombrado, se fue acercando a Díaz, asombrado y preguntó: “¿Vos sos algo de Carlitos Díaz?”, “Yo soy Carlitos Díaz”. El abrazo que se dieron todavía me pone la piel de gallina. Los presentes quedamos mudos, sabiéndonos testigos de esas situaciones únicas. ¿Cómo llegó Carlos Díaz allí?, por ahora es un misterio….
Las escenas barriales se sucedieron en la fiesta que hicimos para inaugurar la plaza, y Campelo contento, digo yo, al ver todo eso. Es que la verdad es que nos dimos una panzada de actividad barrial, generando, con nuestro baile a la vera de la estación, envidia en los pasajeros de los trenes sabatinos que pasaban cada tanto, quienes miraban sorprendidos a esos que daban pasos entusiastas al ritmo de bailanta, salsa, cumbia y otros sones de esos que le hacen a uno crujir los huesos si no es costumbre propia el mecerse con tropical entusiasmo.
Cristina Falcón, los miembros del programa que organizaron con tanto amor las actividades, los muchachos del CGP13, los alumnos de escuelas amigas, los vecinos que pasaron y se prendieron, los viejos amigos que vinieron especialmente para la ocasión, los coordinadores y miembros de los talleres que se acercaron a la plaza….todos la pasamos muy bien en ambos encuentros.
Y ahora, encima, es Primavera. La plaza está más verde que nunca. La disfrutaremos como siempre y más aún. Es que ahora se llama “Licenciado Carlos Campelo” y eso le da una vibración bien diferente. El “cachito de Utopía” tiene ceibos, toboganes y hamacas, y será habitado por vecinos que jueguen ajedrez, fútbol, patinen y se paseen por ese rincón luminoso de Coghlan. Si el Ser Humano es un ser simbólico, no puedo imaginar mejor símbolo que la plaza que lleva el nombre del Maestro, transitada por los vecinos del barrio que vio nacer al Programa de Salud Mental Barrial.
Las Bolsas caerán. Las finanzas hablarán de temores y desasosiegos. Pero la plaza está allí, para quienes gusten de disfrutar los aires del Barrio, el capital más fiel con el que contamos, nos percatemos o no de ello.


MIGUEL ESPECHE
Publicado en Boletín del PSMB - Octubre 2008