La anécdota es en la calle Holmberg, allí cerca del hospital. Volvía un viernes a la tardecita del taller de coordinadores de las 17 horas. Iba en mi auto, que ya había dado algunas muestras de que algo le estaba pasando porque un par de veces, en esa semana, se había plantado por un rato, arrancando luego de manera misteriosa. Esa mañana misma había pasado por lo de un mecánico que me dijo que había que escanear todo el motor o algo así, porque era un tema de computadora bastante complejo por cierto, al menos según pude entender yo, que no soy experto en ese tipo de talleres.
Pues bien, esa tardecita pasó lo mismo que en los días anteriores. Con un tremendo ruido del escape, el motor se detuvo de manera inapelable, mientras los vecinos se asustaban y miraban a un lado y a otro temiendo que ese ruido furibundo fuera algún disparo de esos de los que tanto se habla en los noticieros. Pero no, el ruido era el de mi auto, que, como dije, se detuvo allí, justo en la esquina de la farmacia, en la que estaba la señora con la bolsa de compras y su nieta, y, del otro lado, el hombre de shorts, muy de entrecasa él, arreglando algo de la luz de la entrada de su PH.
Les hice señas de que no eran disparos, sino mi auto. Dejé la máquina a medio estacionar y bajé, maldiciendo el destino. Repuesta del julepe, la señora se me acercó y me preguntó qué pasaba. “Es algo del motor, señora, no sabría decirle más porque de mecánica no se nada”, le dije. El hombre se cruzó y me dijo: “¿qué pasó che?”, le contesté, por decir algo, “quizás sea algo de la combustión o las bujías”, con cara de que al menos conocía esas palabras del léxico mecánico.
“Te lo empujo”, me dijo. Lo hizo, por unos metros, pero nada, el motor estaba muertísimo.
Le agradecí, mientras el hombre me decía que cualquier cosa él estaba allí, en esa casa de enfrente, y que lo llamara si lo necesitaba. Me subí al auto y me puse a pensar qué hacer, dado que me daba mucha pereza tener que llamar al remolque y todo el tramiterío que eso significa.
Mientras pensaba y me iba haciendo la idea de que mi destino era el de llamar y esperar al mencionado auxilio, se volvió a acercar la señora de la nieta y la bolsa de compras.
“Mire señor, ahí a unos metros hay un taller mecánico”, señalando para el lado de las vías. “Gracias señora”, le respondí, pensando que ella era muy gentil, pero que mi auxilio sería más confiable que ese ignoto taller barrial.
Pasé unos minutos más dentro del auto, mientras atendía un llamado telefónico y seguía en vano intentanto resucitar el maldito auto.
Al final, opté por probar. Caminé unos veinte metros y ví el tallercito. Dentro de él, tres muchachos tomando mate y de gran charla. Me acerqué y les dije: “Tengo mi auto muerto ahí en la esquina y una vecina tuya me dijo que acá arreglan coches”. El que tenía las manos engrasadas se rió y dijo “bué, eso intentamos…¿dónde lo tenés?”.
Caminamos los veinte metros y durante unos tres minutos miré cómo el mecánico tomaba una pieza del motor, la abría y cerraba, la limpiaba con los dedos y….
“Listo hermano, ya está, ahora encendelo”.
Lo encendí, y maravilla, el motor sonó como sinfonía. El hombre reía, yo reía, y la vecina del bolso y la nieta, también.
Nada de escanear la computadora como había dicho el otro mecánico, el problema era la tapa de no se qué cosa que se había abierto y se cortaba el flujo eléctrico del motor, según me decía el muy idóneo muchacho.
Feliz y contento, el hombre se me iba. “Pará”, le dije, “dejame que te pague”.
“No hermano, ¿qué me vas a pagar?...fue un gusto”.
Y se fue contento a seguir con el mate y sus amigos. Y yo a mi casa pensando que quería escribir una editorial que se llamara “Es un gusto”.
Un editorial para decir que el programa no es una isla en un mar de miedos y soledades, sino que es una representación de lo que somos como Gran Barrio. Lo que pasa en el Programa de Salud Mental Barrial pasa todo el tiempo en todos lados, no es una excepción.
Si fuera el programa un lugar aislado de lo que somos como comunidad, como país, no valdría mucho la pena jugar a la utopía de los únicos iluminados. Lo lindo es que en muchos lugares, muchas situaciones, muchos momentos, mucha gente dice: “es un gusto”. Y con eso se siente pagada.
Y hay vecinas con bolsas de compras y nieta en mano, y hombres arreglando en musculosa las luces de la entrada de su casa, y mecánicos tomando mate que se levantan a arreglar un auto averiado, y barrios enteros que son felices sin a veces siquiera darse cuenta, entretejidos por la solidaridad. Porque la felicidad es ese “gusto”, el gusto de dar una mano, de sentirse algo más que un engranaje o un mero peón de un ajedrez sin alma.
Los talleres de nuestro programa representan esa dimensión de la vida. Esa vida que da gusto. Y que genera ganas de seguir por allí, silbando bajito una melodía linda y sencilla, que espanta los demonios del desencanto y la desazón que hoy creen dominar al mundo, pero no, no lo dominan.
MIGUEL ESPECHE
Abril 2009, Boletín Nro. 120
lunes, 13 de abril de 2009
martes, 24 de marzo de 2009
TALLER Sensualidad, Erotismo y Fantasías
Nos juntamos todos los martes a las 18.15 hs en Bar TV Monroe 3602 1* piso y durante 1,30 hora hablamos fundamentalmente de nuestras emociones para sentirnos bien o lo mejor que podamos.-
Tener una buena sexualidad o transitar por nuestras fantasías es uno de nuestros propósitos.-
Es diferente la sexualidad del hombre o de la mujer ?
Considero que necesito viagra para tener una pareja ?
Busco un compañero/a ?
Cuando hablamos de sexualidad abordamos dos aspectos: Por placer o para procrear
- Por el placer que nos brinda el vernos acompañados o en búsqueda de ese enamoramiento que nos permita disfrutar de estos hermoso momentos, plenos de erotismo.-
- Para procrear es pensar en dar nuevas vidas. Sentimos el deseo de ser padres.-
Hablamos también de vínculos: Como nos relacionamos con todos nuestros seres queridos.-
Sabemos comunicarnos correctamente o solemos gritar o expresarnos grotesca o violentamente? Muchas veces nos ocurre que de determinados temas no nos animamos a hablar o tenemos vergüenza. Que importante es cuando podemos decir lo que nos gusta o lo que no nos gusta y así la otra persona sabe lo que pensamos y no tiene que estar adivinando.-
Entre todos es más fácil ayudarnos a descubrirnos. Escuchando lo que le pasa al otro solemos aclarar lo que en soledad es mucho mas complicado. Solos pensamos y nos contestamos nosotros mismos; no tenemos la opinión o las experiencias que tuvieron otras personas.-
Los invitamos a acercarse y de esta manera compartir las vivencias, experiencias y fantasías.-
Mario Perfumo, Animador del taller Sensualidad, Erotismo y Fantasías
Martes 18:15hs en Bar TV
Tener una buena sexualidad o transitar por nuestras fantasías es uno de nuestros propósitos.-
Es diferente la sexualidad del hombre o de la mujer ?
Considero que necesito viagra para tener una pareja ?
Busco un compañero/a ?
Cuando hablamos de sexualidad abordamos dos aspectos: Por placer o para procrear
- Por el placer que nos brinda el vernos acompañados o en búsqueda de ese enamoramiento que nos permita disfrutar de estos hermoso momentos, plenos de erotismo.-
- Para procrear es pensar en dar nuevas vidas. Sentimos el deseo de ser padres.-
Hablamos también de vínculos: Como nos relacionamos con todos nuestros seres queridos.-
Sabemos comunicarnos correctamente o solemos gritar o expresarnos grotesca o violentamente? Muchas veces nos ocurre que de determinados temas no nos animamos a hablar o tenemos vergüenza. Que importante es cuando podemos decir lo que nos gusta o lo que no nos gusta y así la otra persona sabe lo que pensamos y no tiene que estar adivinando.-
Entre todos es más fácil ayudarnos a descubrirnos. Escuchando lo que le pasa al otro solemos aclarar lo que en soledad es mucho mas complicado. Solos pensamos y nos contestamos nosotros mismos; no tenemos la opinión o las experiencias que tuvieron otras personas.-
Los invitamos a acercarse y de esta manera compartir las vivencias, experiencias y fantasías.-
Mario Perfumo, Animador del taller Sensualidad, Erotismo y Fantasías
Martes 18:15hs en Bar TV
jueves, 26 de febrero de 2009
VISITAS EN EL COMITÉ DE CONDUCCIÓN
Los coordinadores de los talleres del Programa de Salud Mental Barrial saben que pueden participar como oyentes de las reuniones del Comité de Conducción (también llamado Comité de Ética, ya que el corazón del PSMB es de orden ético y no “físico”) todos los miércoles a las 12.30 horas, en el Guido Bar, frente al hospital.
A su vez, si los coordinadores de los talleres quieren saber algo de lo que pasa en el Comité sin tener que ir hasta allí para averiguarlo, pueden hacer uso de Internet, ya que se hacen circular las crónicas de dichas reuniones vía e-mail para que la mayor parte de las personas tengan acceso a lo que surge en el taller que da referencia al programa en su conjunto.
El hecho de que exista la intención de que la reunión del Comité de Conducción sea abierta a todos los animadores no es menor, ya que representa una idea de autoridad y una manera de construir la vivencia de lo público, que es para nosotros muy importante y esencial.
“Todo en el programa es público” se dice desde los inicios del programa, y la intención de que los coordinadores de los talleres puedan presenciar el Comité de Conducción tiene la intención de honrar esa premisa.
Es sabido que el Comité de Conducción está conformado por el Coordinador General y quienes coordinan los talleres de coordinadores. También forman parte de ese comité los coordinadores de las Orientaciones y los de los talleres –comisión (boletín, prensa, Familia y Justicia, etc.) . Lo que quizás no es tan conocido es que también forman parte del comité los que a veces llamamos “invitados con voz”, es decir, coordinadores que son invitados durante seis semanas a participar en forma plena hablando, participando, diciendo lo suyo como un miembro más del comité.
¿Cómo se invita a esos compañeros?, hasta el momento hubo varios tipos de invitados. Gente interesante y piola, gente que discutía mucho los ordenamientos del programa sin conocer al Comité (quienes a veces igual eran interesantes y piolas), gente que nos caía simpática, gente que nos parecía antipática pero que queríamos conocer por su carisma y también gente que pedía ser invitada porque sí, porque tenía ganas de venir al comité y con esas ganas contagiaba al coordinador de coordinadores quien entonces le decía el consabido “dale, vení”.
A veces hablan mucho (las menos), otras la juegan de callados, a veces dicen cosas piolas, otras burradas…., bueno…nada muy diferente a los miembros “dinosaurios” del comité. Su presencia, sin embargo, y mucho más allá del estilo personal de participación que tengan, nos hace sentir, a los miembros más veteranos del comité, la existencia del “otro”, en el sentido de que hay siempre una ventana abierta a través de la cual nos miran, y a través de la cual entra aire nuevo, aire despojado de rutinas y vejez en la mirada. Para eso, el Comité se muestra y se nutre, para no dormirse o enamorarse de su propia imagen en el espejo, recordando que es parte de un todo mayor que sí mismo.
A la vez, nos interesa que quienes participan del Comité (invitados, sea con voz o sin ella, o los que leen las crónicas) sean muchos y transmitan una vivencia del Comité que tenga un palpitar humano, algo que despoje al mismo del aura extraña y lejana que suele aparecer en derredor de los lugares desde los cuales se referencia la autoridad.
Este procedimiento existe desde hace muchos años y es uno entre muchos usos y costumbres cotidianos del programa. Sin embargo, como digo al inicio, sirve para entender de qué se trata esta comunidad de deseos y de sueños que es el PSMB.
La idea es la circulación de la energía, la vitalidad, la salud. La apertura a lo público es parte de esa circulación, evita quistes en el alma y genera confianza, despejando los temores que lo oculto suele generar.
Todo lo del programa es público. Todos pueden estar (pero no de cualquier manera, claro está) y conectarse con la vitalidad de la buena vecindad. Las visitas en el Comité son tan sólo una muestra de esa manera de ver y hacer las cosas dentro de nuestro programa, para no quedarnos dormidos frente al espejo, mirándonos, aburridos, a nosotros mismos.
MIGUEL ESPECHE
Editorial publicado en Boletín del PSMB Nro 119, febrero 2009
A su vez, si los coordinadores de los talleres quieren saber algo de lo que pasa en el Comité sin tener que ir hasta allí para averiguarlo, pueden hacer uso de Internet, ya que se hacen circular las crónicas de dichas reuniones vía e-mail para que la mayor parte de las personas tengan acceso a lo que surge en el taller que da referencia al programa en su conjunto.
El hecho de que exista la intención de que la reunión del Comité de Conducción sea abierta a todos los animadores no es menor, ya que representa una idea de autoridad y una manera de construir la vivencia de lo público, que es para nosotros muy importante y esencial.
“Todo en el programa es público” se dice desde los inicios del programa, y la intención de que los coordinadores de los talleres puedan presenciar el Comité de Conducción tiene la intención de honrar esa premisa.
Es sabido que el Comité de Conducción está conformado por el Coordinador General y quienes coordinan los talleres de coordinadores. También forman parte de ese comité los coordinadores de las Orientaciones y los de los talleres –comisión (boletín, prensa, Familia y Justicia, etc.) . Lo que quizás no es tan conocido es que también forman parte del comité los que a veces llamamos “invitados con voz”, es decir, coordinadores que son invitados durante seis semanas a participar en forma plena hablando, participando, diciendo lo suyo como un miembro más del comité.
¿Cómo se invita a esos compañeros?, hasta el momento hubo varios tipos de invitados. Gente interesante y piola, gente que discutía mucho los ordenamientos del programa sin conocer al Comité (quienes a veces igual eran interesantes y piolas), gente que nos caía simpática, gente que nos parecía antipática pero que queríamos conocer por su carisma y también gente que pedía ser invitada porque sí, porque tenía ganas de venir al comité y con esas ganas contagiaba al coordinador de coordinadores quien entonces le decía el consabido “dale, vení”.
A veces hablan mucho (las menos), otras la juegan de callados, a veces dicen cosas piolas, otras burradas…., bueno…nada muy diferente a los miembros “dinosaurios” del comité. Su presencia, sin embargo, y mucho más allá del estilo personal de participación que tengan, nos hace sentir, a los miembros más veteranos del comité, la existencia del “otro”, en el sentido de que hay siempre una ventana abierta a través de la cual nos miran, y a través de la cual entra aire nuevo, aire despojado de rutinas y vejez en la mirada. Para eso, el Comité se muestra y se nutre, para no dormirse o enamorarse de su propia imagen en el espejo, recordando que es parte de un todo mayor que sí mismo.
A la vez, nos interesa que quienes participan del Comité (invitados, sea con voz o sin ella, o los que leen las crónicas) sean muchos y transmitan una vivencia del Comité que tenga un palpitar humano, algo que despoje al mismo del aura extraña y lejana que suele aparecer en derredor de los lugares desde los cuales se referencia la autoridad.
Este procedimiento existe desde hace muchos años y es uno entre muchos usos y costumbres cotidianos del programa. Sin embargo, como digo al inicio, sirve para entender de qué se trata esta comunidad de deseos y de sueños que es el PSMB.
La idea es la circulación de la energía, la vitalidad, la salud. La apertura a lo público es parte de esa circulación, evita quistes en el alma y genera confianza, despejando los temores que lo oculto suele generar.
Todo lo del programa es público. Todos pueden estar (pero no de cualquier manera, claro está) y conectarse con la vitalidad de la buena vecindad. Las visitas en el Comité son tan sólo una muestra de esa manera de ver y hacer las cosas dentro de nuestro programa, para no quedarnos dormidos frente al espejo, mirándonos, aburridos, a nosotros mismos.
MIGUEL ESPECHE
Editorial publicado en Boletín del PSMB Nro 119, febrero 2009
viernes, 6 de febrero de 2009
El cuento de Luis
U N CU E N T O
Atribuyo mi gusto por los cuentos a los relatos que de chico me dedicaba mi abuelo, de su boca salían historias atrayentes que le habían sucedido de joven en España. Celebro que entonces no hubiera televisión, ¡lo que me hubiese perdido! Pasados los cuarenta un día empecé a escribir cuentos, más adelante me animé a leerlos en público, y también a contarlos.
¿Le cuento uno?
Había una vez . . . una vieja casa, construida por mi abuelo, cerca de lo que mucho tiempo después se denominó Fuerte Apache. Allí debía quedarme solo, de noche, para cuidarla, hacer de sereno digamos. Cierta vez me decidí a escribir las sensaciones de miedo que sentía. Diré casi terror cuando escuché pasos que parecían venir de la galería o del patio. Por supuesto yo estaba en el interior con las persianas cerradas, y al oír los ruidos apagué todas las luces de adentro y encendí las del exterior; luego espié por las mirillas. No vi a nadie. Habrán sido pasos en la calle que resonaron en la galería, me dije para calmarme. Pero . . . luego de unos minutos oí pasos en la terraza, serán gatos pensé para tranquilizarme. En fin poco pude escribir y para poder dormir me tomé una ginebra.
Por la mañana mientras tomaba unos mates recorrí la casa para observar si había algo distinto de lo habitual, no noté nada diferente, hasta que de pronto un detalle llamo mi atención; junto a la rejilla había un pucho de cigarrillo, yo no fumo ni nadie de la casa, ¿ cómo es esto ? me pregunté.
En eso sonó el timbre, fui hasta la puerta de calle, era el vecino que venía a pedirme prestada una pala, me pareció que tenía ganas de conversar. Yo no, estaba muy preocupado. Luego reflexioné y llegué a tramar una inocente mentira, cuando volviera con la pala para ahuyentar mi temor compartiría con él unas palabras.
Cuando regresó a devolverme la pala le conté: sabe Don Antonio anoche, oí ruidos y esta mañana encontré rota la puerta del galpón - estoy asustado.
Me contesto: peor estoy yo, Don Luis, ¿ Sabe porque le pedí la pala?
Para arreglar el jardín - dije por decir algo.
¡ No ! ¡ No ! para enterrar al perro ¡ anoche me lo degollaron !
¿ Qué le pareció ? ¿ Quiere opinar ? ¿ Qué SINTIÓ ?
Eso me importa. Ahora que coordino el taller “Mi vida es un cuento, contame el tuyo” lo invito a compartir juntos qué sentimos, nada culturoso, ni técnico, no importa si no escribe, algo tiene para contarnos. Dele, anímese y venga a pasar un momento en compañía.-
L U I S J O R G E G A R C Í A, animador
Taller “Mi vida es un cuento, contame el tuyo”
Jueves 20hs en Galeno Restó Bar
Atribuyo mi gusto por los cuentos a los relatos que de chico me dedicaba mi abuelo, de su boca salían historias atrayentes que le habían sucedido de joven en España. Celebro que entonces no hubiera televisión, ¡lo que me hubiese perdido! Pasados los cuarenta un día empecé a escribir cuentos, más adelante me animé a leerlos en público, y también a contarlos.
¿Le cuento uno?
Había una vez . . . una vieja casa, construida por mi abuelo, cerca de lo que mucho tiempo después se denominó Fuerte Apache. Allí debía quedarme solo, de noche, para cuidarla, hacer de sereno digamos. Cierta vez me decidí a escribir las sensaciones de miedo que sentía. Diré casi terror cuando escuché pasos que parecían venir de la galería o del patio. Por supuesto yo estaba en el interior con las persianas cerradas, y al oír los ruidos apagué todas las luces de adentro y encendí las del exterior; luego espié por las mirillas. No vi a nadie. Habrán sido pasos en la calle que resonaron en la galería, me dije para calmarme. Pero . . . luego de unos minutos oí pasos en la terraza, serán gatos pensé para tranquilizarme. En fin poco pude escribir y para poder dormir me tomé una ginebra.
Por la mañana mientras tomaba unos mates recorrí la casa para observar si había algo distinto de lo habitual, no noté nada diferente, hasta que de pronto un detalle llamo mi atención; junto a la rejilla había un pucho de cigarrillo, yo no fumo ni nadie de la casa, ¿ cómo es esto ? me pregunté.
En eso sonó el timbre, fui hasta la puerta de calle, era el vecino que venía a pedirme prestada una pala, me pareció que tenía ganas de conversar. Yo no, estaba muy preocupado. Luego reflexioné y llegué a tramar una inocente mentira, cuando volviera con la pala para ahuyentar mi temor compartiría con él unas palabras.
Cuando regresó a devolverme la pala le conté: sabe Don Antonio anoche, oí ruidos y esta mañana encontré rota la puerta del galpón - estoy asustado.
Me contesto: peor estoy yo, Don Luis, ¿ Sabe porque le pedí la pala?
Para arreglar el jardín - dije por decir algo.
¡ No ! ¡ No ! para enterrar al perro ¡ anoche me lo degollaron !
¿ Qué le pareció ? ¿ Quiere opinar ? ¿ Qué SINTIÓ ?
Eso me importa. Ahora que coordino el taller “Mi vida es un cuento, contame el tuyo” lo invito a compartir juntos qué sentimos, nada culturoso, ni técnico, no importa si no escribe, algo tiene para contarnos. Dele, anímese y venga a pasar un momento en compañía.-
L U I S J O R G E G A R C Í A, animador
Taller “Mi vida es un cuento, contame el tuyo”
Jueves 20hs en Galeno Restó Bar
Tengo el corazón contento..........
Crónica de la fiesta del taller "El placer de cantar" en la plaza Carlos Campelo
¡Hola, queridos compañeros!: ¿Cómo están? Yo, pleno y feliz. Ayer, sábado 6 de diciembre, hicimos el cierre anual del taller en la Plaza Campelo y es-tuvo maravilloso.
Encontramos un lindo lugar, bajo los árboles y a eso de las 19.30, nos juntamos todos, para cantar, comer, tomar y pasarla bien y fue hermoso, porque terminó siendo un real taller de salud mental barrial.
Ni bien llegamos, pelamos la viola y empezamos a cantar canciones viejas, nuevas, de todo un poco y a medida que pasaban los temas, la gente que paseaba por la plaza se empezaba a acercar y a querer participar con nosotros.
Primero fue un muchacho joven, tipo rockero, que nos preguntó de donde éramos y nos dijo que le gustaba mucho lo que hacíamos y si podía tocar el también la guitarra.
Así, que me acompañó en un rock, haciendo los punteos y luego nos pidió algo de folklore y entonces cantamos la zamba, "Zamba y acuarela", que está buenísima. El quedó chocho y le dieron ganas de venir al taller.
Después, un señor mayor pidió si podía cantar una milonga y le arremetió con guitarra y todo a una milonguita hecha y derecha.
Luego llegaron los integrantes del "Dúo Alondra", Nora y Enrique, que ya tienen otro nivel y nos presentaron temas de su último CD.
No parábamos de disfrutar y asombrarnos cuando pasó un cartonero con carro y todo y nos regaló, siendo del sur, una canción que habla de los pueblos indígenas olvidados y nos dijo que estuvo en contacto con ellos y que eso lo llenó de experiencias espirituales, que lo hicieron un "guerrero" y ahora tiene mucha fuerza y nunca se cansa.
También hubo tiempo para los niños, porque el sobrinito de Nora, de nueve años, se cantó "Garufa" con una gracia y una prestancia increíbles.
Hablando de garufa, la pasamos bomba y nos cagamos de risa cuando Armando, un tallerista, cantó, "La corbata rojo punzó", de Hugo Varela.
La gente que estaba sentada en los alrededores, nos aplaudió bastante y nos agradeció mucho el momento vivido.
Y a eso de las 0.30 horas emprendimos la vuelta, para que "no se nos haga de noche".
Tengo el corazón contento, el corazón contento lleno de alegría...
Claudio Sehmsdorf, animador del Programa.
Taller "El placer de cantar"
Viernes 21hs en Guido bar
¡Hola, queridos compañeros!: ¿Cómo están? Yo, pleno y feliz. Ayer, sábado 6 de diciembre, hicimos el cierre anual del taller en la Plaza Campelo y es-tuvo maravilloso.
Encontramos un lindo lugar, bajo los árboles y a eso de las 19.30, nos juntamos todos, para cantar, comer, tomar y pasarla bien y fue hermoso, porque terminó siendo un real taller de salud mental barrial.
Ni bien llegamos, pelamos la viola y empezamos a cantar canciones viejas, nuevas, de todo un poco y a medida que pasaban los temas, la gente que paseaba por la plaza se empezaba a acercar y a querer participar con nosotros.
Primero fue un muchacho joven, tipo rockero, que nos preguntó de donde éramos y nos dijo que le gustaba mucho lo que hacíamos y si podía tocar el también la guitarra.
Así, que me acompañó en un rock, haciendo los punteos y luego nos pidió algo de folklore y entonces cantamos la zamba, "Zamba y acuarela", que está buenísima. El quedó chocho y le dieron ganas de venir al taller.
Después, un señor mayor pidió si podía cantar una milonga y le arremetió con guitarra y todo a una milonguita hecha y derecha.
Luego llegaron los integrantes del "Dúo Alondra", Nora y Enrique, que ya tienen otro nivel y nos presentaron temas de su último CD.
No parábamos de disfrutar y asombrarnos cuando pasó un cartonero con carro y todo y nos regaló, siendo del sur, una canción que habla de los pueblos indígenas olvidados y nos dijo que estuvo en contacto con ellos y que eso lo llenó de experiencias espirituales, que lo hicieron un "guerrero" y ahora tiene mucha fuerza y nunca se cansa.
También hubo tiempo para los niños, porque el sobrinito de Nora, de nueve años, se cantó "Garufa" con una gracia y una prestancia increíbles.
Hablando de garufa, la pasamos bomba y nos cagamos de risa cuando Armando, un tallerista, cantó, "La corbata rojo punzó", de Hugo Varela.
La gente que estaba sentada en los alrededores, nos aplaudió bastante y nos agradeció mucho el momento vivido.
Y a eso de las 0.30 horas emprendimos la vuelta, para que "no se nos haga de noche".
Tengo el corazón contento, el corazón contento lleno de alegría...
Claudio Sehmsdorf, animador del Programa.
Taller "El placer de cantar"
Viernes 21hs en Guido bar
viernes, 9 de enero de 2009
Los talleres en palabras de sus "talleristas"
Crónica de un año duro
Hacía 12 meses y moneda que me encontraba a la deriva. Profundamente abatido sentía que todos mis problemas eran responsabilidad de los demás. Mi entorno, mi familia, mis amigos, me decían… estás mal, alguien me propuso… porqué no probas,
los grupos del Pirovano son muy buenos, te va a hacer bien, dale…
Accedí, confieso que me acerqué con desconfianza y poca fe. Me decía, esto no es para mí, que voy a explicar, que saben los demás de lo que me pasa, ir a escuchar problemas ajenos….por favor.
Sin embargo aquí llegué, no eran muchos, recuerdo lo difícil que fue hablar frente a desconocidos, empecé a sentir la vieja sensación de ser juzgado, viste yo sabía, para que vine….
Así y todo seguí asistiendo, al principio lo veía todo mal, puro sacrificio, que salir antes del trabajo, que viajar mal y apurado, que estar cansado, que llegar tarde a casa…que terrible lo mío.
Poco a poco el grupo fue creciendo, empecé a conocer gente como yo, con problemas como o peores que los míos, mi mundo ya no era el único sino que existían muchos más, de los cuales yo era parte. Comencé a olvidar mis quejas, y a sentirme responsable de las ajenas. Quizás algo podía ayudar, el solo estar presente y escuchar ya sería una forma para empezar.
Esto me empezó a fortalecer, comencé a ayudarme de esta forma, asistir con ganas y llevarme a casa lo ajeno me sacó de ese bajón emocional, comencé a mirarme reflejado quizás en los demás. Todo comenzó a cambiar, y hasta llegó el momento en que me di el Alta…. si dije ya estoy bien, me siento nuevo…pero no me voy porque aquí vale la pena seguir creciendo.
El grupo creció, creció y creció…la rutina dejó de ser, atrás quedaron las dudas y los temores y así fui llegando al hoy.
Puedo decir sin dudas que fue un año duro pero muy especial… sobre todo por la gente que conocí. Y es a ellos, y a vos parte de este GRUPO de MIERCOLES (como suelo llamarlo) que quiero agradecerte desde lo más profundo por haber estado ahí, a mi lado y el de todos…
Carlos
Diciembre de 2008
Participante del taller "Mi razón, la tuya y la nuestra"
Miércoles 19hs en Café Soraya
Hacía 12 meses y moneda que me encontraba a la deriva. Profundamente abatido sentía que todos mis problemas eran responsabilidad de los demás. Mi entorno, mi familia, mis amigos, me decían… estás mal, alguien me propuso… porqué no probas,
los grupos del Pirovano son muy buenos, te va a hacer bien, dale…
Accedí, confieso que me acerqué con desconfianza y poca fe. Me decía, esto no es para mí, que voy a explicar, que saben los demás de lo que me pasa, ir a escuchar problemas ajenos….por favor.
Sin embargo aquí llegué, no eran muchos, recuerdo lo difícil que fue hablar frente a desconocidos, empecé a sentir la vieja sensación de ser juzgado, viste yo sabía, para que vine….
Así y todo seguí asistiendo, al principio lo veía todo mal, puro sacrificio, que salir antes del trabajo, que viajar mal y apurado, que estar cansado, que llegar tarde a casa…que terrible lo mío.
Poco a poco el grupo fue creciendo, empecé a conocer gente como yo, con problemas como o peores que los míos, mi mundo ya no era el único sino que existían muchos más, de los cuales yo era parte. Comencé a olvidar mis quejas, y a sentirme responsable de las ajenas. Quizás algo podía ayudar, el solo estar presente y escuchar ya sería una forma para empezar.
Esto me empezó a fortalecer, comencé a ayudarme de esta forma, asistir con ganas y llevarme a casa lo ajeno me sacó de ese bajón emocional, comencé a mirarme reflejado quizás en los demás. Todo comenzó a cambiar, y hasta llegó el momento en que me di el Alta…. si dije ya estoy bien, me siento nuevo…pero no me voy porque aquí vale la pena seguir creciendo.
El grupo creció, creció y creció…la rutina dejó de ser, atrás quedaron las dudas y los temores y así fui llegando al hoy.
Puedo decir sin dudas que fue un año duro pero muy especial… sobre todo por la gente que conocí. Y es a ellos, y a vos parte de este GRUPO de MIERCOLES (como suelo llamarlo) que quiero agradecerte desde lo más profundo por haber estado ahí, a mi lado y el de todos…
Carlos
Diciembre de 2008
Participante del taller "Mi razón, la tuya y la nuestra"
Miércoles 19hs en Café Soraya
COORDINADORES DESCANSANDO
La llegada del verano trae consigo una merma en el número de talleres que funcionan en el PSMB. Esto se debe a que muchos de los grupos se hacen eco de las vacaciones de sus coordinadores y ayudantes, suspendiendo así sus actividades.
En los meses previos al final del año, circula entre los grupos de coordinadores del programa un listado en el que se solicita que tengan a bien señalar si su taller tendrá o no una suspensión debido a las vacaciones. Esa información se vuelca, luego, al boletín, a la cartelera y a la página web de nuestro programa, con el fin de que los usuarios tengan la información del caso.
Algunos talleres siguen funcionando aún sin su animador y el ayudante. En esos casos, se dice que el taller está en autogestión. Para que eso ocurra el animador de ese taller debe decidir que su grupo seguirá funcionando más allá de su ausencia física, sostenido en los integrantes y según pautas de funcionamiento que el vacacionante deja con claridad establecidas. La duración de la autogestión raramente excede el mes, siendo pocas las excepciones, si es que las hay.
Obviamente puede quedar a cargo del taller el ayudante, siendo varios los casos en los que coordinador y ayudante alternan en forma planificada su ausencia para que el grupo cuente siempre con la presencia física de una de las figuras de autoridad del mismo.
Los talleres que siempre están, y nunca dejan de funcionar, son los talleres de orientación y, sobre todo, los de coordinadores.
Si bien a veces estos últimos grupos quedan algo reducidos en cuanto al número de sus integrantes, están siempre allí ya que son el corazón de nuestro programa, el lugar con el que cuentan los animadores/coordinadores para referenciarse y nutrirse en su rol.
La “movida” del verano pirovanense es siempre diferente cada año. Hay años con veranos más agitados, otros, con franco ritmo de siesta. Siempre, eso sí, son lindos los veranos en el programa porque en los grupos se producen movimientos, cambios, y, en muchas ocasiones, una merma en el número de integrantes que hace que, los que quedan, se solacen en tertulias que tienen un intimismo diferente al del resto del año.
De hecho, esas reuniones con la música de las chicharras como fondo, son siempre recordadas como lindas, cálidas, amables, con una cercanía diferente entre los que no han salido de vacaciones o las pasan gozando en el programa de la compañía de sus vecinos.
Cuando un coordinador informa que se tomará un mes de vacaciones en la playa, por ejemplo, pero que estará ausente de su reunión de pares por dos o hasta tres meses aún cuando estará en la ciudad, siempre focalizamos nuestra atención en él.
Es que, dado que suponemos que nuestro programa es de entre-tenimiento (de “tenernos” entre todos, con disfrute incluido), nos asombra un poco su necesidad de descansar por tanto tiempo. Nos preguntamos, en esos casos, qué puede pasarle al compañero que tiene que descansar tanto de algo que goza, o se supone que goza, al hacer. En otras palabras: si necesita descansar tanto del disfrute, ¿está realmente disfrutando? Explico, para los que se acercan recién al programa, que los animadores de talleres deben gozar su tarea como tales, esa es una condición para estar dentro del programa en lo que hace a la conducción o la ayudantía en la conducción de grupos.
No es que no puedan tomarse esos tiempos de ausencia, pero el que lo hagan ayuda a que su grupo de compañeros explore su estado anímico dentro del mismo. No han sido pocas las veces que este tipo de exploración derivó en sinceramientos y descubrimientos acerca de, por ejemplo, coordinadores que se tomaban de manera excesivamente exigida su tarea, pretendiendo homologar la misma a una práctica profesional, uno de los habituales yerros de los vecinos que olvidan que acá son eso: vecinos, y no psicólogos, médicos o pedagogos matriculados. Al tomarse de esa manera su labor como conductores de sus grupos, se estresaban más de la cuenta. Olvidaban que con ser vecinos, gozar la tarea, ser ordenados con respecto a la misma y tener en cuenta la ética de nuestro programa, alcanza y sobra. No hace falta tanto estrés.
El descanso de los animadores es importante. A veces los animadores, justamente, descansan compartiendo en sus grupos y disfrutando el programa. Otras, se van de vacaciones y la pasan bomba, volviendo luego renovados a sus talleres.
Como se ve, usamos la circunstancia estival para cuidarnos, porque no sirve a nadie tener coordinadores que estén estresados por venir al programa, cuando, justamente, la idea es que la pasen bomba acá también, tanto o más que en la playa o en la montaña.
Utilizo a conciencia la circunstancia que se da en el verano a modo de ejemplo de cómo nos cuidamos unos a otros en el programa. Quienes asisten a los grupos como usuarios y leen esta editorial, percibirán una muestra de cómo nos ocupamos de que los coordinadores de sus grupos estén alimentados emocionalmente, para llevar ese alimento a la mesa del taller que coordinan.
Con el ritmo que marca el calor, el programa sigue su tarea. Nunca se detuvo por “falta de quórum” ni lo hará jamás, porque las personas que están son las que tienen que estar y siempre habrá algún grupo para los que vengan, inclusive para los que elijan venir por vez primera aprovechando el tiempo libre que el verano depara.
Por otra parte, la playa o la montaña son más disfrutables aún, sabiendo que a la vuelta están los compañeros esperando para retomar el camino. El descanso es más descansado cuando nos sentimos unidos a una red que, en verano o en invierno, tiene siempre encendido el fueguito de la buena vecindad.
MIGUEL ESPECHE
Editorial publicado en Boletín del PSMB Nro 118, enero 2009
En los meses previos al final del año, circula entre los grupos de coordinadores del programa un listado en el que se solicita que tengan a bien señalar si su taller tendrá o no una suspensión debido a las vacaciones. Esa información se vuelca, luego, al boletín, a la cartelera y a la página web de nuestro programa, con el fin de que los usuarios tengan la información del caso.
Algunos talleres siguen funcionando aún sin su animador y el ayudante. En esos casos, se dice que el taller está en autogestión. Para que eso ocurra el animador de ese taller debe decidir que su grupo seguirá funcionando más allá de su ausencia física, sostenido en los integrantes y según pautas de funcionamiento que el vacacionante deja con claridad establecidas. La duración de la autogestión raramente excede el mes, siendo pocas las excepciones, si es que las hay.
Obviamente puede quedar a cargo del taller el ayudante, siendo varios los casos en los que coordinador y ayudante alternan en forma planificada su ausencia para que el grupo cuente siempre con la presencia física de una de las figuras de autoridad del mismo.
Los talleres que siempre están, y nunca dejan de funcionar, son los talleres de orientación y, sobre todo, los de coordinadores.
Si bien a veces estos últimos grupos quedan algo reducidos en cuanto al número de sus integrantes, están siempre allí ya que son el corazón de nuestro programa, el lugar con el que cuentan los animadores/coordinadores para referenciarse y nutrirse en su rol.
La “movida” del verano pirovanense es siempre diferente cada año. Hay años con veranos más agitados, otros, con franco ritmo de siesta. Siempre, eso sí, son lindos los veranos en el programa porque en los grupos se producen movimientos, cambios, y, en muchas ocasiones, una merma en el número de integrantes que hace que, los que quedan, se solacen en tertulias que tienen un intimismo diferente al del resto del año.
De hecho, esas reuniones con la música de las chicharras como fondo, son siempre recordadas como lindas, cálidas, amables, con una cercanía diferente entre los que no han salido de vacaciones o las pasan gozando en el programa de la compañía de sus vecinos.
Cuando un coordinador informa que se tomará un mes de vacaciones en la playa, por ejemplo, pero que estará ausente de su reunión de pares por dos o hasta tres meses aún cuando estará en la ciudad, siempre focalizamos nuestra atención en él.
Es que, dado que suponemos que nuestro programa es de entre-tenimiento (de “tenernos” entre todos, con disfrute incluido), nos asombra un poco su necesidad de descansar por tanto tiempo. Nos preguntamos, en esos casos, qué puede pasarle al compañero que tiene que descansar tanto de algo que goza, o se supone que goza, al hacer. En otras palabras: si necesita descansar tanto del disfrute, ¿está realmente disfrutando? Explico, para los que se acercan recién al programa, que los animadores de talleres deben gozar su tarea como tales, esa es una condición para estar dentro del programa en lo que hace a la conducción o la ayudantía en la conducción de grupos.
No es que no puedan tomarse esos tiempos de ausencia, pero el que lo hagan ayuda a que su grupo de compañeros explore su estado anímico dentro del mismo. No han sido pocas las veces que este tipo de exploración derivó en sinceramientos y descubrimientos acerca de, por ejemplo, coordinadores que se tomaban de manera excesivamente exigida su tarea, pretendiendo homologar la misma a una práctica profesional, uno de los habituales yerros de los vecinos que olvidan que acá son eso: vecinos, y no psicólogos, médicos o pedagogos matriculados. Al tomarse de esa manera su labor como conductores de sus grupos, se estresaban más de la cuenta. Olvidaban que con ser vecinos, gozar la tarea, ser ordenados con respecto a la misma y tener en cuenta la ética de nuestro programa, alcanza y sobra. No hace falta tanto estrés.
El descanso de los animadores es importante. A veces los animadores, justamente, descansan compartiendo en sus grupos y disfrutando el programa. Otras, se van de vacaciones y la pasan bomba, volviendo luego renovados a sus talleres.
Como se ve, usamos la circunstancia estival para cuidarnos, porque no sirve a nadie tener coordinadores que estén estresados por venir al programa, cuando, justamente, la idea es que la pasen bomba acá también, tanto o más que en la playa o en la montaña.
Utilizo a conciencia la circunstancia que se da en el verano a modo de ejemplo de cómo nos cuidamos unos a otros en el programa. Quienes asisten a los grupos como usuarios y leen esta editorial, percibirán una muestra de cómo nos ocupamos de que los coordinadores de sus grupos estén alimentados emocionalmente, para llevar ese alimento a la mesa del taller que coordinan.
Con el ritmo que marca el calor, el programa sigue su tarea. Nunca se detuvo por “falta de quórum” ni lo hará jamás, porque las personas que están son las que tienen que estar y siempre habrá algún grupo para los que vengan, inclusive para los que elijan venir por vez primera aprovechando el tiempo libre que el verano depara.
Por otra parte, la playa o la montaña son más disfrutables aún, sabiendo que a la vuelta están los compañeros esperando para retomar el camino. El descanso es más descansado cuando nos sentimos unidos a una red que, en verano o en invierno, tiene siempre encendido el fueguito de la buena vecindad.
MIGUEL ESPECHE
Editorial publicado en Boletín del PSMB Nro 118, enero 2009
miércoles, 19 de noviembre de 2008
Los talleres en palabras de sus animadores
En el taller de Violencia Familiar partimos de algunas ideas rectoras que nos facilitan delinear el trabajo. Estás son: en todo hogar donde hay violencia, en cualquiera de sus formas, todos los integrantes de la familia somos violentos. La diferencia con el integrante que pega, denigra, grita e insulta es que ése no sólo es violento sino que también es un delincuente porque está cometiendo un delito legalmente tipificado.
Trabajar sobre la violencia del otro no nos sirve ya que no lo vamos a poder cambiar e intentarlo es, de por si, un acto de violencia; lo que sí podemos hacer es revisarnos a nosotros mismos y decidir qué queremos hacer con nuestra propia violencia, si es posible transformarla en una energía constructiva.
Revisamos las diferentes formas de violencia que solemos utilizar discriminando cuando un acto o una actitud son violentos o no. Por ejemplo, el silencio puede ser utilizado como una actitud violenta si está dirigido a eliminar al otro con la indiferencia o como una actitud de defensa, cuando el otro está muy agresivo.
Hacemos este trabajo intercambiando nuestras vivencias, escenas violentas de nuestra vida, compartiendo nuestros sentimientos y lo que pensamos, revisándolas en cámara lenta, cuadro por cuadro para poder detectar dónde hubiéramos hecho otra cosa. En este proceso cada integrante del taller funciona como un espejo en el cual mirarnos y, reconocernos nos da la posibilidad de ver la situación de los dos lados del mostrador.
En nuestros talleres el coordinador también está atravesado por la problemática que se trata, lo que le da la posibilidad de coordinar el taller desde adentro y no desde afuera. No vamos a enseñar sino que vamos a aprender compartiendo.
Cristina Szymanski
Jueves 20hs Hall de Pediatría
miércoles, 22 de octubre de 2008
PLAZA CARLOS CAMPELO
INAUGURAMOS LA PLAZA
Es rara la sensación que da pasar por una linda plaza y ver un cartel que dice “Plaza Licenciado Carlos Campelo”. Es raro, también, haber estado allí, junto al Dr. Cuba, director del hospital, y un montón de personas ligadas a Campelo y al Programa de Salud Mental Barrial, para rendir homenaje al fundador de nuestra red de talleres, descubriendo ese cartel en un sencillo y emotivo homenaje, siendo que parece que hace poquito esa plaza estaba sólo habitada por los recuerdos de tantos eventos compartidos con los vecinos del PSMB, en tiempos en los que ni remotamente imaginábamos que “Campelo” sería el nombre del lugar.
Allá en el fondo están los ceibos, bajo los cuales se encuentran las mesas de ajedrez, mientras que, más acá, el área de juegos se llena de pibes del barrio que patinan, pelotean o se mecen en el eterno ir y venir de las hamacas. La vieja estación mira todo el paisaje y seguramente se congratula de tan saludable vecindad. Nunca el Barrio fue para nosotros tan barrio como esa semana en la que honramos, en dos encuentros por demás lindos, el bautismo de la plaza con el nombre de nuestro fundador, quien hoy hace uso de su merecidísima posmortalidad.
El inicio fue la mañana del 15 de septiembre, cuando la actividad fue institucional y el director dijo cosas que, con una sencillez entrañable, nos dejaron percibir lo mucho que ha transitado el programa desde que empezó a existir. Es que en las palabras del Dr. Cuba no sólo había respeto y valoración por la tarea del PSMB y la marca que dejó Campelo en nosotros, sino que hasta afecto y compañerismo había, algo que fue siempre una meta nuestra: la de tener a los trabajadores del Hospital como compañeros de ruta en esto de fortalecer la salud de los vecinos.
Unos pocos días después, el sábado 20, se armó la gran fiesta pirovanense al más tradicional estilo “loco” que nos caracteriza. Fueron palabras de afecto a través de los micrófonos cedidos por el CGP13, baile, anécdotas, canto, orientaciones vía boletín o taller….un mundo compartido para vernos en clave de alegría en esa plaza que hoy se llama “Carlos Campelo”.
Felisa Ch., nuestra consteladora familiar, por un ratito bailó de lo lindo con un señor que un poco la atosigaba. Hube de rescatarla con palabras amables y algo firmes al desubicado caballero del caso, entendiendo que el estado etílico del susodicho ameritaba ese gesto de asistencialismo de mi parte. Felisa agradecida y yo contento de mi buena obra.
Al rato, en el rincón de la plaza en el que Eva C. mostraba fotos y relataba anécdotas de Campelo, fuimos testigos de un encuentro conmovedor. Eva leía un texto biográfico acerca de Carlos y en un momento nombra a un amiguito de la infancia de los Campelo. Se trataba de un tal Carlos Díaz, quien, según el relato, jugaba en la vereda con los Campelo en su barrio de infancia. En el grupo que estaba reunido escuchándola estaba el hermano de Carlos, Osvaldo, y también estaba un señor que, cuando se pronunció la palabra “Díaz” dijo “Ese soy yo”. Era aquel chiquito que jugaba con los Campelo. Percibimos la conmoción del hermano de Carlos y del señor Díaz ante lo que estaba pasando. Osvaldo Campelo, asombrado, se fue acercando a Díaz, asombrado y preguntó: “¿Vos sos algo de Carlitos Díaz?”, “Yo soy Carlitos Díaz”. El abrazo que se dieron todavía me pone la piel de gallina. Los presentes quedamos mudos, sabiéndonos testigos de esas situaciones únicas. ¿Cómo llegó Carlos Díaz allí?, por ahora es un misterio….
Las escenas barriales se sucedieron en la fiesta que hicimos para inaugurar la plaza, y Campelo contento, digo yo, al ver todo eso. Es que la verdad es que nos dimos una panzada de actividad barrial, generando, con nuestro baile a la vera de la estación, envidia en los pasajeros de los trenes sabatinos que pasaban cada tanto, quienes miraban sorprendidos a esos que daban pasos entusiastas al ritmo de bailanta, salsa, cumbia y otros sones de esos que le hacen a uno crujir los huesos si no es costumbre propia el mecerse con tropical entusiasmo.
Cristina Falcón, los miembros del programa que organizaron con tanto amor las actividades, los muchachos del CGP13, los alumnos de escuelas amigas, los vecinos que pasaron y se prendieron, los viejos amigos que vinieron especialmente para la ocasión, los coordinadores y miembros de los talleres que se acercaron a la plaza….todos la pasamos muy bien en ambos encuentros.
Y ahora, encima, es Primavera. La plaza está más verde que nunca. La disfrutaremos como siempre y más aún. Es que ahora se llama “Licenciado Carlos Campelo” y eso le da una vibración bien diferente. El “cachito de Utopía” tiene ceibos, toboganes y hamacas, y será habitado por vecinos que jueguen ajedrez, fútbol, patinen y se paseen por ese rincón luminoso de Coghlan. Si el Ser Humano es un ser simbólico, no puedo imaginar mejor símbolo que la plaza que lleva el nombre del Maestro, transitada por los vecinos del barrio que vio nacer al Programa de Salud Mental Barrial.
Las Bolsas caerán. Las finanzas hablarán de temores y desasosiegos. Pero la plaza está allí, para quienes gusten de disfrutar los aires del Barrio, el capital más fiel con el que contamos, nos percatemos o no de ello.
MIGUEL ESPECHE
Es rara la sensación que da pasar por una linda plaza y ver un cartel que dice “Plaza Licenciado Carlos Campelo”. Es raro, también, haber estado allí, junto al Dr. Cuba, director del hospital, y un montón de personas ligadas a Campelo y al Programa de Salud Mental Barrial, para rendir homenaje al fundador de nuestra red de talleres, descubriendo ese cartel en un sencillo y emotivo homenaje, siendo que parece que hace poquito esa plaza estaba sólo habitada por los recuerdos de tantos eventos compartidos con los vecinos del PSMB, en tiempos en los que ni remotamente imaginábamos que “Campelo” sería el nombre del lugar.
Allá en el fondo están los ceibos, bajo los cuales se encuentran las mesas de ajedrez, mientras que, más acá, el área de juegos se llena de pibes del barrio que patinan, pelotean o se mecen en el eterno ir y venir de las hamacas. La vieja estación mira todo el paisaje y seguramente se congratula de tan saludable vecindad. Nunca el Barrio fue para nosotros tan barrio como esa semana en la que honramos, en dos encuentros por demás lindos, el bautismo de la plaza con el nombre de nuestro fundador, quien hoy hace uso de su merecidísima posmortalidad.
El inicio fue la mañana del 15 de septiembre, cuando la actividad fue institucional y el director dijo cosas que, con una sencillez entrañable, nos dejaron percibir lo mucho que ha transitado el programa desde que empezó a existir. Es que en las palabras del Dr. Cuba no sólo había respeto y valoración por la tarea del PSMB y la marca que dejó Campelo en nosotros, sino que hasta afecto y compañerismo había, algo que fue siempre una meta nuestra: la de tener a los trabajadores del Hospital como compañeros de ruta en esto de fortalecer la salud de los vecinos.
Unos pocos días después, el sábado 20, se armó la gran fiesta pirovanense al más tradicional estilo “loco” que nos caracteriza. Fueron palabras de afecto a través de los micrófonos cedidos por el CGP13, baile, anécdotas, canto, orientaciones vía boletín o taller….un mundo compartido para vernos en clave de alegría en esa plaza que hoy se llama “Carlos Campelo”.
Felisa Ch., nuestra consteladora familiar, por un ratito bailó de lo lindo con un señor que un poco la atosigaba. Hube de rescatarla con palabras amables y algo firmes al desubicado caballero del caso, entendiendo que el estado etílico del susodicho ameritaba ese gesto de asistencialismo de mi parte. Felisa agradecida y yo contento de mi buena obra.
Al rato, en el rincón de la plaza en el que Eva C. mostraba fotos y relataba anécdotas de Campelo, fuimos testigos de un encuentro conmovedor. Eva leía un texto biográfico acerca de Carlos y en un momento nombra a un amiguito de la infancia de los Campelo. Se trataba de un tal Carlos Díaz, quien, según el relato, jugaba en la vereda con los Campelo en su barrio de infancia. En el grupo que estaba reunido escuchándola estaba el hermano de Carlos, Osvaldo, y también estaba un señor que, cuando se pronunció la palabra “Díaz” dijo “Ese soy yo”. Era aquel chiquito que jugaba con los Campelo. Percibimos la conmoción del hermano de Carlos y del señor Díaz ante lo que estaba pasando. Osvaldo Campelo, asombrado, se fue acercando a Díaz, asombrado y preguntó: “¿Vos sos algo de Carlitos Díaz?”, “Yo soy Carlitos Díaz”. El abrazo que se dieron todavía me pone la piel de gallina. Los presentes quedamos mudos, sabiéndonos testigos de esas situaciones únicas. ¿Cómo llegó Carlos Díaz allí?, por ahora es un misterio….
Las escenas barriales se sucedieron en la fiesta que hicimos para inaugurar la plaza, y Campelo contento, digo yo, al ver todo eso. Es que la verdad es que nos dimos una panzada de actividad barrial, generando, con nuestro baile a la vera de la estación, envidia en los pasajeros de los trenes sabatinos que pasaban cada tanto, quienes miraban sorprendidos a esos que daban pasos entusiastas al ritmo de bailanta, salsa, cumbia y otros sones de esos que le hacen a uno crujir los huesos si no es costumbre propia el mecerse con tropical entusiasmo.
Cristina Falcón, los miembros del programa que organizaron con tanto amor las actividades, los muchachos del CGP13, los alumnos de escuelas amigas, los vecinos que pasaron y se prendieron, los viejos amigos que vinieron especialmente para la ocasión, los coordinadores y miembros de los talleres que se acercaron a la plaza….todos la pasamos muy bien en ambos encuentros.
Y ahora, encima, es Primavera. La plaza está más verde que nunca. La disfrutaremos como siempre y más aún. Es que ahora se llama “Licenciado Carlos Campelo” y eso le da una vibración bien diferente. El “cachito de Utopía” tiene ceibos, toboganes y hamacas, y será habitado por vecinos que jueguen ajedrez, fútbol, patinen y se paseen por ese rincón luminoso de Coghlan. Si el Ser Humano es un ser simbólico, no puedo imaginar mejor símbolo que la plaza que lleva el nombre del Maestro, transitada por los vecinos del barrio que vio nacer al Programa de Salud Mental Barrial.
Las Bolsas caerán. Las finanzas hablarán de temores y desasosiegos. Pero la plaza está allí, para quienes gusten de disfrutar los aires del Barrio, el capital más fiel con el que contamos, nos percatemos o no de ello.
MIGUEL ESPECHE
Publicado en Boletín del PSMB - Octubre 2008
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