jueves, 28 de agosto de 2014

Nuevo taller "Salud y crecimiento" invita

Los invito a acompañarme en el nuevo “ Taller de salud y crecimiento ”que comencé a coordinar dentro del Programa.

Un espacio para trabajar con nuestras emociones, para pensarnos y dejarnos habitar por los otros, quienes son nuestros compañeros de ruta.

¿Y de trata un taller de “ salud y crecimiento ”? De trabajar con nosotros mismos, acompañados y acompañando por el grupo , tomando miradas, escuchando distintas historias , resonando con sus relatos, sumando verduras al exquisito caldo de vida.

Octavio Paz , gran escritor mexicano escribió en un poema titulado “Piedra del sol que resume de manera simple pero intensamente bella el porqué de trabajarnos junto a otros:

….“los otros todos que nosotros somos—,
soy otro cuando soy, los actos míos
son más míos si son también de todos,
para que se pueda ser he de ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros,” ...


Versos que hablan mucho más que mil palabras.
Los miércoles a las 17.15 hs en el Bar Lo Di Carlo en Monroe 3499  ( a partir del miércoles 3 de setiembre) .

¡Serán ustedes Bienvenidos!!

Coordina Mariana Chalcoff

El taller de crochet invita.....


lunes, 21 de julio de 2014

LOS TALLERES COMO CEREMONIA

EDITORIAL


LOS TALLERES COMO CEREMONIA


Hace algunas semanas nos dimos cuenta que los talleres son como ceremonias. Nos percatamos de ello en el grupo de animadores de los viernes a la mañana, cuando pensábamos y hablábamos de cómo vivimos esas experiencias que, semanalmente (casi todos los talleres son de frecuencia semanal) nos reúnen en un tiempo y en un espacio determinado para compartir algo de nosotros.

Ocurre que cuando vemos al grupo como una cantidad de gente que se junta cuando logramos “manejar” las cosas de forma tal que “reclutamos” una determinada cantidad de individuos, las cosas se vuelven opacas, “técnicas” ,y todo pareciera abrir las puertas al marketing, al encontrar el título que “pegue”, a percibir la demanda y pretender satisfacerla… todo menos percibir en el grupo un espacio de vida con alma incluida, alma sin la cual no habría razón de ser para toda esta movida de los talleres.

Por eso lo de ceremonia. Es que sin duda hay algo de ritual en nuestros talleres: ubicamos las sillas, nos saludamos, confiamos en que el encuentro se realizará ese día y en ese lugar, tenemos una serie de formas que respetamos… todo en derredor de un propósito bueno, saludable, que sobrevuela por sobre esa reunión de vecinos con ganas de compartir.

 Hay un ritmo en el taller, una cadencia, una suerte de música emocional que se va forjando a medida que el grupo se afianza, las personas se conocen, tanto a sí mismas como a los que acompañan en el viaje grupal. Las ceremonias son así, una alianza entre lo predecible y lo profundo, entre el acto que se repite siempre igual, y la aventura de ahondar en las cosas humanas, compartiendo con otros.

Toda ceremonia tiene su “alma”, ese intangible que le ofrece eje y sentido. Quizás el nuestro sea el deseo de salud, de acompañamiento, de bien común… Hay un sentido profundo que entrelaza, aunque sea por esa hora y media, el destino de quienes están allí, en el taller. De hecho, ya que se confíe en que el taller está allí, en ese horario, en ese lugar, con ese coordinador y perteneciendo a esa red de salud, ya eso, digo, sana, acompaña, sosiega, durante el tiempo en el que no se está en el grupo. Es como el faro, que te guía aun cuando no estés cerca de él, aun cuando por momentos se apaga, vos sabes que existe luz, y eso ya te libera del totalitarismo de la oscuridad.

Mil veces imagino a los talleres como reuniones que se realizan en derredor de un fueguito, o de una mesa en la que se comparten  alimentos…son formas que aparecen en mi mente a la hora de imaginar eso que ocurre en nuestros grupos, aunque a veces hay gente que cree que en ellos tan solo se conversa y se “arreglan problemas”. Los talleres a veces reparan como el taller al que llevamos nuestro auto a arreglar, pero, sobre todo, se parecen más a los talleres de orfebres, aquellos que transforman el metal duro y crudo en una obra que le da a ese metal una forma humanizada.
  
Es verdad que casi todos miran a los talleres de salud mental comunitaria como espacios “técnicos” de reparación de problemas, de resolución de conflictos, de intercambio de consejos o de “contención emocional”. Como dije antes, no digo que los grupos de nuestro programa no actúen de esa manera. Pero esa mirada prescinde de una perspectiva mucho más plena, que es la que entiende a los talleres como ceremonias en donde lo que ocurre tiene una mística que le da otra luz a la experiencia.

Una ceremonia es, reitero, un ritual predecible, rutinario, y, a la vez, una ventana a la trascendencia. Como lo es, por ejemplo, la ceremonia de llevar a dormir al hijo y contarle un cuento antes de darle el beso de las buenas noches. Puede ser el mismo cuento siempre, pero no importa, es, justamente, eso lo que el chico desea: que el cuento sea igual, para sentir, paradojalmente, la plenitud del mundo…pero sin miedo.

A la hora de abrir un nuevo taller, generando toda la movida previa que requiere para descubrir el deseo que lo concibe, y la movida posterior para promoverlo, apostamos a que sea entendida la importancia del aspecto ceremonial del taller.

Esa intimidad de las ceremonias sentidas ilumina el espacio del grupo, y lo hace saludable y poderoso, aun cuando sea un grupo pequeño.

 Por eso, a la hora de andar por allí, en zonas del hospital o alrededores, cuando vea un grupo de los del programa, mírelo bien, con respeto. Es una ceremonia disfrazada de reunión de bar o de pasillo de hospital. Si lo ve así, verá de verdad y entenderá por qué hace tanto tiempo los talleres andan por acá, convocando a los vecinos para crecer en su salud con ganas y en nombre de lo mejor de nuestra comunidad.


                                                                       MIGUEL ESPECHE
                                                                     Coordinador General



martes, 27 de mayo de 2014

Presentación del libro "Al coordinador de grupos, con cariño"


Felisa nos trae en este nuevo libro, una continuación de su pensamiento expresado en su escrito anterior "El arte de la ayuda".   En este texto,  nos invita  a mirarnos cómo estamos en nuestro rol de coordinadores y promueve un camino posible para que seamos mejores coordinadores en el sentido ético-moral que corresponde. Si estamos "abiertos" a lo expresado en este libro, nuestro andar pirovanesco se verá facilitado.

No es un libro de "autoayuda" (no hay recetas) ni pretende ser un "best seller", sino que intenta sugerir caminos posibles de crecimiento de nuestro potencial como coordinadores.

La   personalidad multifacética  de la autora y su vasta experiencia en el escenario grupal nos da un testimonio de su propia "verdad" que podrá ser discutida, cuestionada, pero que debe ser reconocida por su autenticidad en la exposición de la misma a través del desarrollo del libro.

Carlos Amorin

Presentación del libro "Al coordinador de grupos, con cariño"
Autora: Felisa Chalcoff
Sábado 31 de mayo 17hs
Asociación Argentina Programa SAT
Santos Dumont 3752

lunes, 19 de mayo de 2014

EL MALENTENDIDO

EDITORIAL


EL MALENTENDIDO

Es habitual que en toda empresa comunitaria existan malentendidos. Nuestro programa no está exento de ellos, si bien permanentemente propiciamos espacios dentro de los cuales podemos apuntar a lograr claridad, acuerdo y aceptación dentro del intercambio vecinal.

Uno de los malentendidos habituales que surgen dentro de nuestro programa es respecto de sus incumbencias y obligaciones. Es esperable este tipo de circunstancia, ya que claramente nuestro programa es diferente en lo que hace a la labor hospitalaria, mayormente definida hacia el plano de lo asistencial y preventivo, mientras que el PSMB  apunta a una labor de promoción de Salud, es decir, trabaja con población sana y, por lo tanto, potente.

Lo antedicho permite entender por qué muchos vecinos se acercan al programa con una actitud de demanda que es pertinente quizás a otro tipo de tareas de salud, ya que lo que aquí hacemos no es psicoterapia, no es asistencia profesional y no remite a las habituales prácticas atinentes a servicios profesionales, dentro de los cuales se ponen en juego protocolos y obligaciones muy distintos a los que corresponden a una tarea de vecinos que tienen a la conversación como fuente de encuentro.

El  encuadre del PSMB está basado en el entusiasmo, la potencia  y la solidaridad, no en la deuda o la demanda. De allí que todas nuestras actividades apunten al intercambio desde lo que se puede, lo que se tiene, lo que se quiere, y no desde lo que falta, se necesita y se exige a modo de demanda. Por eso, ante el malentendido habitual de demandar al programa cuestiones que no hacen a su abordaje de la salud, siempre es bueno remitirse a los principios que posibilitan la existencia de una acción como la que desplegamos, a la vez que los servicios psicoterapéuticos o de asistencia general (por ejemplo, los que tiene el Servicio de Salud Mental del hospital) se hacen cargo de aquello que requiera asistencia profesional, urgencia, o acción preventiva.

En el texto de bienvenida que figura tanto en el boletín como en nuestra página web, se hace público el siguiente texto en relación a la apertura y cierre de talleres:

El Programa, a través de su  sistema de autoridad, evalúa y apuntala la apertura de los talleres, ofreciendo sostén y referente a los animadores, cuidando rigurosamente el espíritu de la tarea convocante y la ética de la misma. En los casos en los que, a través de la labor con los animadores y la autoridad hospitalaria, se perciba que algún coordinador no cumple con los requisitos éticos y operativos esenciales para ser animador, el PSMB lógicamente retirará la pertenencia a dicho animador y, eventualmente, si no fuera posible su reemplazo, cerrará el taller o lo considerará fuera de la red.  En esos casos, pocos por cierto, se les comunica a los usuarios la razón de dicho cierre y se los orienta a qué talleres dentro del programa pueden concurrir. 

Obviamente lo que decimos es que a los talleres los cuidamos, y que por eso nos podemos llamar “programa” y no somos tan sólo un “rejunte” de talleres sin un eje ético que proteja la calidad de los grupos y los asistentes a los mismos.

El programa considera sanas a las personas que asisten a los talleres, no desvalidas o impotentes. Si así no fuera, si se viera en los vecinos a seres carentes, incapaces, frágiles y tan solo víctimas del destino, no podría existir la red de talleres, ya que todos ellos deberían, en ese hipotético caso, remitirse a los servicios asistenciales que tratan la enfermedad o las de protección al desvalido, algo que, insistimos, no es el área de incumbencia de nuestro programa.

Cuando un taller debe cerrarse, por ejemplo, porque su animador no cumple con alguno de los requisitos de nuestro programa, lamentamos la circunstancia, a la vez que confiamos en que los asistentes a dicho taller podrán apuntalarse en otros grupos del programa, entendiendo que si el Comité de Conducción toma una decisión de tal magnitud (teniendo en cuenta que no es habitual que eso ocurra) buenas razones habrá para que tal determinación se haya tomado.

La tarea comunitaria se basa en la buena fe y la confianza, sin la cual la salud anímica pierde sustento. El programa apunta a garantizar esa buena fe y esa confianza, contando para ello con incontables talleres dentro de los cuales las actitudes de sus miembros se transparentan en el intercambio. Tal el caso de los Talleres de coordinadores, dentro de los cuales aquellos que tienen grupos a su cargo transparentan su deseo, su intención, su afán de integrarse a una red de prójimos o, por el contrario, su deseo de usar egoístamente esa red de prójimos con la idea de generar su propio emprendimiento individual.

Desde hace más de 20 años esta manera de compartir ha rendido excelentes frutos. El espíritu solidario y optimista de los talleres perdura gracias a que cuidamos su ética a través del intercambio permanente dentro de todos los talleres, sumando miradas y abriendo juego a la circulación de la perspectiva de todos.

Por eso, aquel malentendido acerca de lo que debe y no debe hacer el programa merece ser diluido a fuerza de claridad. Aquí no hay empleados que deban obediencia a los usuarios, no hay mala praxis profesional en los talleres porque no hay profesionales en ellos, no hay “abandono de persona” porque siempre hay grupos dispuestos a acompañar a quien lo requiera y no hay conocimiento profesional de lo que es enfermedad, porque los vecinos no tienen conocimiento técnico ni incumbencia en lo que hace a diagnóstico y tratamiento, ya que son eso: vecinos, que acompañan con buena voluntad las circunstancias de otros vecinos que se acercan a los talleres.

Entusiasmo, ganas, solidaridad, paciencia, orden, sentimientos…amor. De eso y más todavía se nutre el programa a la hora de acompañar a los que se acercan. No es poco, por cierto, y de allí que tantos hayan pasado y sigan pasando por los talleres.
Entender lo antedicho hará que se disfrute el paso por el programa, a la vez que, si se desea otro tipo de servicio, se pueda acudir al área pertinente para lograrlo, sin pedir al programa lo que no le corresponde como tal ofrecer.

El malentendido así abre las puertas al disfrutar la compañía de los otros, ofreciendo y recibiendo, en sano intercambio. Ese intercambio que nutre el amor social sin el cual nada seríamos, ya que no somos islas, sino red, y acá en el Pirovano estamos para recordar y poner en práctica esa verdad esencial que nos constituye.


                                                                                            MIGUEL ESPECHE
                                                                                          Coordinador General


VIVIR LA CASA- Presentación del libro

Es una compañera que se animó a escribir sobre "Vivir la Casa" Cómo nos refleja, situaciones vividas, infancias asociadas a algún lugar de la casa, lugares preferidos, vínculos que se tejen bajos sus techos, etc.
Animate  a pensar que  refleja tu casa de vos.


La presentación del libro se realizará conjuntamente con las autoras y la participación de Lic. M.  Espeche y Felisa Chalcoff
 Miércoles 21-05  a las 19:00 hs.
Zabala 1837  Primer Nivel Inferior.   Cap.


viernes, 14 de marzo de 2014

LEALTADES

Editorial
LEALTADES

La lealtad es un hondo y noble valor. Sin él navegaríamos en la desconfianza, sin anclas afectivas que nos permitan hacer una vida que se precie. Se trata de la existencia de  lazos que apuntan al bien recíproco de quienes participan del vínculo, el que es terciado, justamente, por esa buena intención.

Toda lealtad genuina  tiene, insisto,  al bien por intermediario. Al menos, eso ocurre en los casos en que el amor es lo que une y no el espanto. Un padre, por ejemplo,  es leal con su hijo cuando le marca la cancha, le indica cómo se juega el partido, las reglas del mismo. Es leal con ese chico cuando apunta a favorecer su crecimiento y desarrollo, no cuando solamente le cumple los caprichos. Por ejemplo, el padre no es leal cuando le agranda el arco porque el chico no patea bien, le enseña a transgredir con tal de ganar en la competencia o lo endiosa cebándole el ego como si fuera Messi, sin decirle qué es lo que debiera corregir para mejorar en su juego, por más que duelan sus palabras.

La lealtad se da entre dos personas o más, no entre una persona y otros que, más que personas, son sombras del primero. En tal sentido, la lealtad no es hacerse mero eco de alguien a quien el leal se somete a modo de objeto. Es que la lealtad, de hecho, se da entre gente potente, no entre el tirano y su sombra sumisa.

Valen estas reflexiones a la hora de compartir lo que es la lealtad dentro de nuestro programa. Es un tema habitual, muy enriquecedor  e interesante ya que nos enseña qué es lo que sirve para que las experiencias perduren y florezcan, y qué es lo que hace que, esas experiencias, puedan caerse sin más.

La sana lealtad no le puede hacer mal a nadie que juegue con honestidad su juego. En el Programa de Salud Mental Barrial pretendemos ser leales a un espíritu solidario, vecinal, entusiasta y honesto que se encarna en el orden que se propone, dentro del cual cada uno juega su juego.

Un ejemplo de ésto es lo que suele ocurrir con los talleres cuando se encapsulan y pierden su nexo de lealtad con el espíritu que da sentido a nuestro programa. En esos casos, los coordinadores que antes abrevaban en un programa que los legitimaba y ofrecía identidad como tales, se cortan solos y empiezan a necesitar del beneplácito de los miembros de base, algo que está muy bien, salvo cuando dicho beneplácito pasa a ser una suerte de soborno a través del cual se logra una “lealtad” que, a mi gusto, no es tal. En esos casos, aparece un “nosotros” (el grupo del caso) y un “ellos” (el conjunto del programa) antagónico, competitivo, mala onda, que hace aparecer un juego de lealtades contrarias en donde no las hay de verdad.

Claro, para entender de verdad lo antedicho hay que entender, como decíamos antes, que la lealtad  no es  un sometimiento que nos transforma en mera “cosa”. Por el contrario, el ser leal se nutre de la voluntad de abrevar  en valores comunitarios (de común-unión)  que nos hagan ser más nosotros mismos, no transformarnos en una persona diferente a la que somos.

El chupamedias, por ejemplo, no es leal, ya que está buscando acomodo, no salud. El coordinador leal, lo es en esencia consigo mismo y con todos esos valores que tiene dentro de sí, posiblemente acuñados a lo largo de años de vida, aprendidos de sus padres o seres queridos, valores que sintonizan con él, y a partir de los cuales puede, justamente,  sintonizar con aquellos que están en una frecuencia parecida.

 A modo de ejemplo de lo que se vive en relación a la lealtad dentro del programa, digamos que ha ocurrido que algunos coordinadores llevaron amigos personales a sus grupos para que participaran como miembros de base de los mismos. De repente, en ese grupo era menester decirle algo a ese amigo, de ese tipo de cosas algo duras, que se ven cuando uno está coordinando y que son más difíciles de percibir cuando se está en el llano, comiendo un asado o charlando en un café amistosamente. He visto ante ese tipo de situaciones dos tipos de actitud por parte del amigo/miembro de base. La primera,  descalificar el decir del amigo/coordinador, “ninguneándolo” porque ese amigo propio no es “nadie” como para decir lo que dice, descalificando el rol de animador y siendo de esa manera desleal con el espíritu del programa y, por añadidura, el espíritu de la amistad. En esos casos, suele ocurrir que el aludido sienta que la lealtad con el grupo (lealtad que hace que el coordinador diga lo que dice), es, a la vez, una deslealtad para con la amistad. Se vive así una noción mafiosa de lo que es la amistad: una asociación para encubrir defectos y bendecir manejos y cosas de ese orden. Un amigo leal, se diría, no “buchonea” los defectos, no abre el juego en ese sentido, pero…si fuera así, ¿para qué estar en un grupo donde el tema es abrir y no encubrir las cosas?

La segunda actitud que he visto en esos casos en los que hay un vínculo personal por fuera del grupo entre el animador y un miembro de base, es la de aceptar y respetar la voz del animador, teniéndola en cuenta, entendiendo que ser buen amigo en ese caso es ser buen compañero en el grupo, lo que significa dejar entrar la palabra del coordinador (o de cualquier miembro del grupo) para “dejarse habitar” por ella,  para así poder explorar si dicha palabra sirve o no, sin ponerse un impermeable en el alma, que impida un genuino intercambio. Es una lealtad profunda con la verdad de las cosas, con el espíritu de confianza, y con el grupo dentro del cual se está para jugar el juego grupal, no otro.

En el programa nos reunimos en nombre de la Salud y a ella le somos leales. Esa Salud nos ordena, nos ubica, nos permite la mayor honestidad posible, y nos saca de la idea facciosa de lo leal, para ubicarnos en el lugar de una lealtad  que habilita y abre, no que obtura y cierra.

A veces nos sale mejor, otras peor. Pero somos leales con esa valoración del espíritu comunitario. Es una lealtad que nos da referencia, que nos ubica cuando nos perdemos, y que nos hace respetar el buen orden que tiene toda experiencia colectiva en la que, ser buen y leal vecino, nos salva de quedar encarcelados en el ego, por ser leales solamente a nuestros caprichos.


                                                                                  MIGUEL ESPECHE

                                                                                  Coordinador General

martes, 4 de febrero de 2014

El prestigio del Coordinador

EDITORIAL

El prestigio del Coordinador

Siempre es interesante echar a circular con nueva vida a viejas palabras que ya no se usan mucho. Es un lindo “deporte” que permite pensar las cosas a la luz de su significado primordial, despertando del sopor que producen las palabras usadas demasiado comúnmente, esas que, no por culpa de ellas sino por su mal uso, terminan vaciadas de contenido.

Una de esas palabras es “prestigio”, vocablo que me gusta utilizar a la hora de nombrar una de las características que acrecientan la potencia del animador de grupos.
Busqué en el diccionario, a ver si éste me agregaba algún elemento (suele suceder) y acá copio con qué me encontré: prestigio.(Del lat. praestigĭum).1. m. Realce, estimación, renombre, buen crédito.2. m. Ascendiente, influencia, autoridad.3. m. p. us. Fascinación que se atribuye a la magia o es causada por medio de un sortilegio.4. m. p. us. Engaño, ilusión o apariencia con que los prestigiadores emboban y embaucan al pueblo.

En verdad, me encanta que los animadores de nuestro programa puedan sostenerse desde el prestigio. Esto me interesa más que el hecho de que se sostengan a fuerza de normativas y acciones automatizadas para encontrar su fuerza como autoridad del grupo al que coordinan.
Hay cosas que no convienen hacer si el deseo es mantener “realce, estimación, renombre y buen crédito” entre los miembros de un grupo, manera de lograr “ascendiente, influencia y autoridad” a la hora de cumplir con la tarea.

Desear estar allí donde se está, irradiando (cada uno en su estilo) entusiasmo es una de ellas.  Eso acrecienta la noción de que el grupo es querido por su fundador, lo que enaltece la reunión, tornándola rica, potente.

Otra manera de cuidar el prestigio es que el deseo de coordinar no tenga finalidades ulteriores, que el gozo por estar allí sea el pago mismo de la acción, no un “medio mediante el cual” se desea lograr otra cosa, diferente a la enunciada en el título del taller. Esto se notaba mucho, por ejemplo, cuando, en los tiempos primeros del programa, algún coordinador hacía un grupo para llevarse a sus miembros como pacientes, o cuando algún otro generaba la reunión con el fin de “conseguir chicas”, algo de muy mal gusto que ocurrió alguna vez y, transparentado, fue fulminante para el prestigio del señor del caso, quien debió partir no tanto por el hecho de salir con alguna persona del grupo (al no ser profesionales de la salud, las prohibiciones no corren en el PSMB, pero ello no implica que no desaconsejemos fuertemente que eso ocurra) sino porque se hizo visible que no quería a su grupo por lo que el grupo era convocado, sino que lo utilizaba como coto de caza, algo, insisto, letal para el prestigio del señor.

El PSMB pretende no manejarse con muchas reglas, dado que es sabido que a mayor cantidad de reglas, menos fuerza tiene el deseo entusiasta y más el automatismo reglamentarista. Eso sí, las pocas reglas que tenemos deben ser cumplidas a rajatabla.

En tal sentido, tenemos un elemento normativo esencial que hace que sea difícil que el prestigio de un coordinador se sostenga en alguna de las dos últimas acepciones de la palabra según indica el benemérito diccionario de la RAE, ligadas a la fascinación del sortilegio o al Engaño, ilusión o apariencia con que los prestigiadores emboban y embaucan al pueblo.

La norma es que acá, en los talleres del Pirovano, todo es público. La mirada iluminada por la luz del sol impide que se expandan ilusiones “embobantes”, y se nos llene el lugar de mercachifles y prestigitadores vanos.

Cuando decimos que todo es público, señalamos que los movimientos dentro del programa están sujetos a la revisión que se dé a los mismos a la luz de algún grupo.
Al revisar el “para qué” vemos con qué intención se hace lo que se hace, y se evalúa eso, no tanto si se viola o no alguna prohibición.

Y acá vuelvo al inicio, cuando decía que el prestigio del coordinador palpita al son de su entusiasmo por la tarea. Si el animador respeta y valora sus grupos (tanto el que coordina, como el de animadores al que concurre), sin fines ulteriores, su “para qué” será bien diferente de aquel que tenga intenciones espurias. Y eso se ve, se transparenta cuando todo, tarde o temprano,  se hace público.

El prestigio no es una careta, sino un espíritu que se expande en acciones y actitudes. Tiene mil formas, pero todas ligadas al bien comunitario. Es más que una mera imagen, sobre todo, cuando el hacer es lo que genera palabra, y no cuando la palabra, sin el sustrato de la acción real,  genera embobamiento o engaño.

Sostener el prestigio, entonces, es una tarea grata, que nos mantiene despiertos, vivos, y honestos respecto de nuestras intenciones y logros. Vale tenerlo en cuenta, para que nuestros grupos sigan el camino saludable, el camino en el cual lo mejor de nosotros se ofrece a la luz pública.


                                                                MIGUEL ESPECHE
                                                                Coordinador General


Editorial del boletín Enero-Febrero 2014

lunes, 3 de febrero de 2014

Cambiar la actitud negativa y trabajar las potencialidades

El primer paso: cambiar la actitud negativa y trabajar las potencialidades
Un taller gratuito del Pirovano enseña recursos para aprender a disfrutar la vida.

Sin recetas. Escuchar los problemas del otro pone en perspectiva los propios, afirman los participantes./ L.MONACHESI
12/01/14
Un desayuno en la cama. A Patricia Elcovich, docente, le pidieron que recortara una foto de una revista que representara un deseo. “Es muy simple”, casi que se disculpa en la mesa del Bar TV, frente al Hospital Pirovano. Desde hace un par de meses Patricia va todos los jueves a la noche a “Elijo ser feliz”, uno de los casi 200 talleres gratuitos de Salud Mental Barrial del hospital. Patricia llegó sobrepasada. Se enfermó, se separó, su casa se inundó. Hoy, ya recuperada, se sienta, escucha y cuenta, en un ejercicio semanal que la ayuda definir prioridades. Fernando Alabern, vendedor en una casa de decoración y coordinador del taller, lo define como un “service de felicidad”. “Nadie tiene la receta para ser feliz. Ni tampoco hay una vara para medirla. Acá tratamos de corrernos del lugar de víctimas y ponernos en acción”.

Hace un par de años, a Fernando se le ocurrió “abrir” el taller de la felicidad (ver Los temas...) por una propia búsqueda personal. “Venía angustiado por una seguidilla de separaciones que me hacían sentir desgraciado”, cuenta. Cuando se sentó a escuchar las historias de los que venían, le dio vergüenza la suya. “Eran problemas terribles. En comparación, lo mío era nada”. “Eso es lo bueno de venir acá. Uno siempre piensa que lo de uno es lo peor pero te terminás dando cuenta de que todos sufrimos”, interrumpe María del Carmen Lasdica, asistente de obstetricia. “Hasta los 40 tuve una vida normal. De repente me separé con dos hijas chiquitas, mi mamá se murió, atrás falleció mi papá y mi hermana se enfermó. Tenía dos caminos: o me tiraba en la cama o hacía algo”, explica. Eligió hacer: se sumó a los talleres, se puso a estudiar un posgrado y terminó en pareja con Fernando.

“La idea es trabajar nuestras potencialidades. La realidad es dura y hay cosas que no podemos modificar, lo que podemos cambiar es nuestra actitud”, dice María del Carmen Gallupi, ama de casa. Cuando se sumó al programa, sentía que no podía con sus hijos. “Terminé dándome cuenta de que el límite me lo tenía que poner yo”. “A veces es más fácil decir que sí que no”, asegura Viviana Giménez, una docente que gracias al taller pudo terminar con una relación de pareja que le hacía mal.

Patricia López también cambió de actitud. Llegó al grupo con una gran tristeza. “Me había quedado sin trabajo. Mi mamá se enfermó y la tuvimos que internar. Sentía que no podía con todo”, recuerda. Ir cada jueves al taller fue la primera ocupación que tuvo en meses. “Empecé a pensar en otras cosas. Hoy mi mamá sigue internada, pero puedo tomarlo de otra manera”, cuenta.

El cambio empieza por dentro y después rebota afuera: Patricia, además, consiguió trabajo. Miguel Vigliotta, jubilado, resume: “Se trata de tomar la vida con un poco más de humor y darse cuenta de que la felicidad puede ser algo muy simple”. Tan simple como un desayuno en la cama.

http://www.clarin.com/sociedad/cambiar-actitud-negativa-trabajar-potencialidades_0_1064893601.html