lunes, 11 de enero de 2016

Nuevo Taller: ALIMENTANDO NUESTRO FUEGO INTERIOR

Los días jueves a las 17,15 hs. nos reunimos en la Sala de Espera del Laboratorio del Hospital Pirovano para darle inicio a un taller que nació con mucho entusiasmo.

Durante los primeros 15 minutos practicamos Chi Kung, arte de hacer circular la energía, a fin de alinearnos física y emocionalmente.

Es un trabajo corporal lento, al ritmo de la respiración, con música suave .......cuya finalidad es lograr que la energía (CHI) sea constante y la mente (YI) esté serena. Aprovecho para contarles que cada mañana lo practico antes de desayunar, si es tempranito mejor. A medida que se lo ejercita le vamos encontrando significados a cada movimiento, por ej. la postura del árbol (que se mueve flexible, enraizado a la tierra, sin quebrarse), remar la vida, poner límites, la lucha cotidiana, mirar el pasado y soltarlo, el vuelo y el retorno, el agradecimiento. . . . . y podríamos seguir.

Al concluir ésta práctica nos encontramos armonizados, dispuestos a reflexionar y observar la vida con una mirada abarcativa, viendo lo externo y lo interno de nosotros, otorgándole importancia al Ser frente al sólo hacer.

Compartimos experiencias y en ocasiones comentamos "eso que nos pasa" o "que nos pasó" siempre que podamos hacerlo sin queja, rescatando la riqueza del aprendizaje que nos deja esa situación vivida (lámina).

Cuando me preguntan el porqué del “no a la queja durante el taller” digo dos cosas que siento:   una es que generalmente en lo cotidiano le llamamos "problema" a situaciones que debemos manejar o aceptar, y lo otro es que echaríamos a perder el equilibrio y la serenidad que nos da el Chi Kung.

Trabajamos con ropa cómoda, de acuerdo a nuestras posibilidades y limitaciones, vinculándonos con respeto, buena fe y amor.

SUMATE: entre todos formamos un TODO.

¡¡¡ Los esperooo ….!!!!

                                                                                                   Animadora: Marta Fazio 

JUNTOS

EDITORIAL

JUNTOS

Hace unos días leí una de esas frases que envían por Internet que decía lo siguiente:  “Estar juntos no es ser lo mismo”.

Como tantas frases que aparecen por ese medio, la dejé pasar sin más. Sin embargo,  a los pocos días, en momentos en los que estábamos en un grupo, esas palabras me vinieron a la memoria cuando  me di cuenta de que se parecían mucho a la frase que usamos en nuestro programa: “juntos, aunque no estemos de acuerdo”, si bien agrega, a la idea de “desacuerdo”, una noción de identidad diferenciada.
Es verdad que, como señala la frase de Internet,  a veces creemos que para estar juntos debemos ser lo mismo, como si el hecho de ser similares  nos garantizara la unión fraterna.

Cuando Campelo,  allá en los orígenes del programa, nos ofreció la frase “juntos aunque no estemos de acuerdo”, nos dio una referencia ética y esencial para salir de los atascamientos grupales que suelen producirse cuando lo que se desea es imponer criterios y ganar en polémicas para “homogeneizar” las cosas. La importancia de esa premisa, con el tiempo, se nos fue haciendo cada vez más clara, así como mayor es la gratitud que sentimos ante la generosidad conceptual de nuestro Coordinador General Honoris Causa.

 Tanto es así que a diario, cuando se “arma despelote” en los grupos,  pronunciamos la frase, y, al hacerlo, solemos serenarnos, saliendo del campo de batalla para atisbar que hay un “ algo”,  mayor que nosotros mismos, que “abraza” las aparentes o reales diferencias, generando un acompañamiento en el que no solamente “toleramos” al otro, sino que, en todo caso, lo valoramos como generador de una oportunidad de crecimiento, siendo que “crecer” sirve para pasarla mejor  en la vida, más allá de las durezas de la misma.

No digo que siempre nos salga bien. A veces la cuestión nos excede, nos “vamos al pasto” y pagamos las consecuencias del caso, pero son muchas las veces en las que la palabra “juntos” nos viene a rescatar de la batalla, para recordarnos nuestra condición de vecinos. Estar juntos es nuestro destino, y es por eso que llevar al máximo las alternativas pacíficas y vecinales para acompañarnos recíprocamente ayuda a la salud social y nos ahorra la mala sangre que solemos hacernos, sobre todo,  cuando  no prima el deseo de concordia por sobre el deseo de tener razón… e imponerla.

“Juntos” es una palabra que, si la sabemos entender, nos permite oler, casi de manera sutil, un aroma de cercanía que se distingue por debajo de las perspectivas disímiles y las identidades diferenciadas.
Esa palabra, que da cuenta del deseo de acompañarnos, se hace eje de referencia, una suerte de “querencia” a la que volvemos cuando nos alejamos demasiado en discusiones  en las que nos podemos perder, como aquel que nada mar adentro, sin darse cuenta de que se va demasiado lejos, corriendo el riesgo de que no le de el resto para retornar a la playa. Me hace recordar eso que suele decirse respecto de que hay frases de las que no se vuelve, lapidarias, imperdonables, absolutas…y el dolor que ese tipo de pronunciamientos suele producir, algo que, si recordamos a tiempo el “juntos”, quizás no debamos vivir porque sabremos parar a tiempo.

Estar juntos genera salud, aunque no sabríamos decir bien porqué. Es el misterio del acompañamiento, eso raro y maravilloso que ocurre cuando dos o más personas se unen para generar un estado de cercanía que involucra el deseo de hacerse bien recíprocamente.  De hecho, siempre señalamos que al sentir la presencia de los otros nos fortalecemos, inclusive cuando no se nos solucionan los problemas de cada día. Eso, a mi gusto, se debe al hecho de que lo que más valoramos es estar con otros, inclusive, por sobre la posibilidad de “tener la vida solucionada” que para muchos sería sinónimo de felicidad, pero no, no lo es.

Por lo antedicho, estar juntos es la clave, porque lo que une es encontrarnos a nosotros mismos a través del compañero de ruta, aun cuando no sea lo mismo que yo. Bueno…sí, es lo mismo, por cuanto es humano y vecino, pero de allí en más, lo que agrega valor es el “ser” diferente, otro, porque eso de andar acompañados por nuestra propia imagen en el espejo es aburrido, salvo que nuestro ego sea de esos grandotes…muy grandotes.

Juntos entonces, con eso que nos une y que no siempre sabemos nombrar, pero que se parece al espíritu de buena vecindad de cada barrio, esa solidaridad que permitió la prosperidad de la especie, más allá de todo. Juntos, en acuerdo o no, diferentes y a mucha honra, para pasarla bien en comunidad. Para eso estamos, existimos y hacemos grupos. Y así seguiremos por mucho tiempo.

MIGUEL ESPECHE
                                                                                 Coordinador General

miércoles, 25 de noviembre de 2015

LA POLÍTICA EN “MODO TALLER”

                                        LA POLÍTICA EN “MODO TALLER”

El presente de nuestro país aparece teñido por la situación política, en medio de un tiempo electoral bastante peculiar.

Los talleres se hacen eco de ésta circunstancia, resonando con las diferentes perspectivas que se presentan en el panorama, al que hoy se le suma la cuestión electoral.

Si bien alguna vez se rumoreó que en los talleres no se podía hablar de política o religión, eso no es así, y queda claro que los temas se abordan aunque, eso sí, no de cualquier manera, si es que queremos que los talleres sean eso: talleres, y no escenarios de tirantez competitiva.

Sabemos por experiencia que los talleres se debilitan cuando se los confunde con un foro de polémica, dado que nos hemos dado cuenta que la polémica (palabra que viene de polemos dios de la guerra) vacía anímicamente los grupos, impidiendo aquello que nos gusta tanto: compartir, agrandar la conciencia, empatizar, sentir en sintonía, aprender, fraternizar.

Siendo que los talleres no son un ámbito de proselitismo partidario, es obvio que no propiciamos que se use el escenario de los grupos para juntar votos o para convencer a nadie, pero eso no significa que el programa sea ascéptico y pasteurizado a la hora de tocar el tema político. No atravesamos con éxito las tormentas de la política en nuestro programa porque evitemos el tema, sino porque lo vivimos de una manera especial: lo vivimos (y compartimos) en “modo taller”.

De hecho, la historia de nuestro programa se enorgullece de un tremendo taller que hizo muchos años atrás su fundador, Carlos Campelo, que se llamaba “Habrá más penas y habrá más olvidos”, en donde compartían hijas de generales el Ejército, ex detenidos desaparecidos, miembros del equipo de Antropología Forense, mezclados con otros vecinos sensibles al tema. Fue en ese taller en donde vi por única vez llorar a Campelo, siendo la intensidad emocional de lo vivido fruto del hecho de agarrar al toro por las astas, y no por pasteurizar las vivencias o los discursos. Se compartió desde las entrañas, no desde los formatos ideológicos despojados de la subjetividad de las personas que a ellos suscribían. Y es así que el taller salió tan bien, aprendimos tanto de aquello, que aun hoy lo evocamos.

Asimismo, en el 2002 hicimos otro taller, “Salud y potencia ciudadana”, en plena crisis y con la sangre que nos hervía. Vinieron como 300 personas durante varias jornadas, en las que compartimos todo lo que experimentábamos ante el quebranto que el país vivía en ese entonces. Fue una experiencia extraordinaria, y recuerdo nuestra emoción al terminar cada reunión cantando nuestro Himno Nacional.

Por eso digo que nuestro programa no le hace feo a lo político, y que  es el “modo taller” lo que permite que las cosas se encaminen, sintonizando con el otro desde el corazón, ahondando en lo que se siente a la hora de expresar una idea (priorizando ese sentir más que la idea), teniendo curiosidad por lo que el otro dice en vez de buscar la manera de


defenestrar sus dichos, buscando lo que Juan Pablo ll llamó la “semilla de verdad” que habita en cualquier perspectiva ideológica que circule por el mundo.

Es así que hemos logrado estar “juntos aunque no estemos de acuerdo” y, digámoslo, hemos logrado querernos más allá de que, a la hora de los votos o las ideologías, las cosas sean aparentemente muy distintas y hasta antagónicas.

Mi opinión es que la beligerancia ocurre cuando ninguneamos el existir del otro y, en tal sentido, defenestramos su decir. El formato de los talleres nos cuida, lo que permite que, sin miedo, desmenucemos los sentimientos que habitan tras los dichos, y nos encarguemos de, en cada taller, generar salud vecinal. No se trata de arreglar el Mundo, no se trata de generar un mapa del Universo, no se trata de tomar el Poder. Se trata de habitar una hora y media con vecinos, tripulantes de un mismo barco, espejo de una parte de lo que somos, compañeros de ruta y, por esa causa, merecedores de nuestra curiosidad. Sin miedo, protegidos por el “modo taller” que nos “obliga” a fraternizar, podemos ahondar en significados y olvidarnos de esa pesadilla que es el tener que “ganar” en pulseadas dialécticas que nos desangran y desgastan.

Así las cosas, la política se honra en una escala no competitiva y no polemizadora. Se honra sí en el contexto de las personas, las que, se sabe, son más importantes que las ideas, sobre todo, aquellas ideas pre diseñadas.

Como siempre decimos, la Verdad es grande, muy grande. Lo es a tal punto que es imposible que uno solo la abarque toda. Por eso, ponemos a la mesa del taller la parte que sí podemos percibir, y la compartimos con la parte que los otros ponen también desde su lugar. Así, armamos el rompecabezas, siendo que cada pieza es amiga de la otra, y no su competidora.

A veces cuesta, sobre todo, cuando no podemos creer que el otro piense lo que piensa, o cuando  ese mismo compañero que minutos antes veíamos con afecto, dice cosas que encontramos aniquilantes o escandalosas, y nos dejamos tentar por el juego de las refutaciones seriales, que van escalando hasta que, de repente, vemos que estamos vacíos, enojados, con ganas de pelear para erradicar aquello que creemos nos produce tamaño enojo.

Ahí viene el “juntos aunque no estemos de acuerdo”, ahí aparece la ética vecinal de nuestro programa, ahí aparece el elemento anímico que nos rescata, el parar para respirar, lograr nueva perspectiva, y…convivir, aprendiendo lo más posible, en un marco en el que el objetivo no es ganar, sino compartir.

Y funciona…, y es lindo, y nos permite atravesar, con mucho menos desgaste y desazón que otras maneras más beligerantes de intercambio, los tiempos de intensidad política que, como éste que hoy nos toca a días del Ballotage, forman parte del Barrio, y nos permiten crecer,  habitando con gozo nuestro “cachito de Utopía” de cada día, sin temerle a nada, porque estamos juntos.

                                                                                                            Miguel Espeche
                                                                       Coordinador General

domingo, 6 de septiembre de 2015

Carlos Campelo, ese solidario y transgresor

Tu solidaridad te permitió esbozar tu sueño, porque sólo desde la solidaridad se puede pensar en  crear un programa como el PSMB.

Y tu capacidad  transgresora ayudó a que este sueño se transformara en realidad.

Cuando rescatamos la solidaridad de Carlos Campelo estamos lejos de  hablar de esa solidaridad mimetizada con el asistencialismo, que con una mano da y con la otra desvaloriza.
La solidaridad campeliana es la contribución diaria a la potencia de los otros, a la integración, a la unión de las fuerza de los vecinos a través de los talleres que integran el PSMB.
 La solidaridad campeliana es una solidaridad selectiva…..si no hay  con qué hacerse cargo, sino hay deseos de hacerse cargo….si no hay compromiso, no hay solidaridad.

Él era un transgresor, sí transgresor del  aplastado orden burocrático, transgresor de las costumbres que limitan y paralizan… y al mismo tiempo un gran respetuoso de la ley, de las instituciones y del orden .

La trasgresión de Carlos Campelo era una trasgresión creativa, era de formas, como lo expresa la frase clásica de nuestro programa….
El que busca la vida encuentra la forma
El que busca la forma encuentra la muerte…

Y había que ser transgresor para que desde un hospital se generaran redes comunitarias entre vecinos, para que desde un simple cargo de psicólogo de planta, como el que él tenía, del Servicio de Psicopatología y Salud Mental del Hospital Pirovano se desplegara  la solidaridad, día a día, construyendo lazos en los bares y espacios que están en el barrio.
Carlos Campelo hizo realidad las palabras de Martin Luther King,  Premio Nobel de La Paz de1964:




Soñar
que tendré la fuerza,
la voluntad
y el coraje
para ayudar
a concretar mis sueños
en lugar de pedir por milagros
que no merecería.

Soñar
que cuando llegue al final
podré decir
que viví soñando
y que mi vida
fue un sueño soñado
en una larga
y plácida noche
de la eternidad

Gracias al sueño de Carlos nosotros aprendimos que el tiempo vale, que nuestra vida está viva y que solo nos queda lo que damos…..

Te entrañamos Carlos.

Coordinadora Elsa Rubbo

                                                                                

Carlos Campelo, sencillo homenaje.

Difícil escribir sobre el Maestro. Se me vienen tantos recuerdos. Se me vienen veinte y tantos años de sensaciones...

Llegué al Programa casi recién salidita del horno de la Facultad de Psicología y habiendo terminado un Curso donde el último día un compañero me cuenta sobre un tal Carlos Campelo que hacía grupos. Al viernes siguiente a las 17.30 hs llegué a la reunión que se hacía en el Primer piso de la "antigua " área de Salud Mental, ahora la nueva Guardia del Hospital.  Participé en silencio, escuchando, observando, un poco asustada debo decir. No entendía nada. Al finalizar llegó el gran momento, me sorprendió un " por favor nos podría decir un comentario sobre la reunión" o algo así. Chan...No recuerdo qué contesté exactamente pero seguramente alguna "humilde interpretación" tirada de los pelos, a lo que Carlos respondió "Gracias, la esperamos el viernes próximo". Y me hizo un lugar. Yo ya tenía un lugar en la reunión. Y lo tomé, y volví, y sigo volviendo.

Él quiso, yo también.

Campelo tenía esa generosidad de hacerte lugar en su mesa. Un lugar, nada más ni nada menos! No cualquiera, uno con tu nombre y apellido en cada una de tus acciones. No fue fácil. En un principio lo sentí raro, ajeno, medio frío,  hasta que se empezó a calentar porque lo fui queriendo, porque fui entendiendo que no era solo un espacio sino que se trataba de ir construyendo un nosotros. Fui descubriendo que más allá de mi nariz había otro (otros) con el que compartir, miradas, sensaciones, emociones, y que la salud estaba ahí.  Recuerdo una vez que llegué a la reunión abrumada en silencio por una discusión que había tenido. Me senté y (como suele pasarme habitualmente) comencé a sentir que lo que se decía tenía tanto que ver con lo que me estaba pasando que me puse a llorar tratando de que no se note. Pero Campelo me vio me propuso contar lo que me pasaba. No quise. Respetó mi decisión y agregó que era un acto de generosidad compartir mis lágrimas. De la vergüenza pasé al alivio. Eso era salud.

Al Maestro lo vi amoroso como en este último gesto, enojado volcando su furia en algún compañero que desafiaba su autoridad (¡y agárrate!), asaltado por un llanto que me permitió ponerle la mano en su brazo sintetizando mi abrazo, y disfrutando como un niño el día que con Fernando Lamas y María Rosa Valle, dos compañeros, vestidos de payasos, haciendo payasadas, le festejamos su cumpleaños en el hall de ginecología del Hospital.

Sí, muchas facetas de un hombre con una sola esencia el amor por el ser humano.
Él me hizo lugar, yo le hice uno en mi corazón y allí vive.

                                                             Coordinadora Mónica Fortuna

Taller de las Fotos

El que aspira a ser fotógrafo no debería subestimar jamás a fotógrafos con más corazón que plata.
La fotografía se hace con amor, pasión sentimiento, no con soberbia. Así lo creemos aquellos que hacemos el Taller de las Fotos.

La fotografía es mucho más que un pasatiempo o una profesión, es un medio para comunicarnos con los demás, para expresar que pensamos, que sentimos, que vimos reflejado en una persona que nos molestó o que nos alegró…

Poder reunir todo esto en una imagen no es fácil, no se logra comprando una buena cámara ni un gran teleobjetivo, se logra desarrollando nuestra sensibilidad y aprendiendo como volcarla en una imagen.





En el Taller de las Fotos nos reunimos los miércoles a las 17:30 hs en el Bar Palacio, Museo Fotográfico Simik, Av. F. Lacroze 3901 y Fraga, para compartir como transmitir lo que nos pasa a través de una foto.


Miguel Vella, Animador

YO DESEO LA LUNA

Hace un par de semanas el Programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano me distinguió obsequiándome el libro TALLERES DEL PIROVANO de su fundador el Dr. Carlos Campelo. Quiero compartir aquí, algunos sentires que me surgen de su lectura atravesada por mi experiencia como Coordinador del Programa de Salud Mental Barrial de los talleres CARPINTERIA DE SUEÑOS: RECUPERANDO ANHELOS, ANHELOS Y DESEOS y 13 LUNAS.

Ya hace más de dos años que coordino mi taller “Carpintería de Sueños. Recuperando anhelos, esperanzas y deseos”, donde trabajamos los deseos. Y 8 Lunas que nos reunimos en el taller “13 LUNAS” a contemplar y compartir la salida de la Luna Llena sobre el Río de la Plata.

Y no puedo dejar de sorprenderme cuando percibo que aún hoy, hay participantes que todavía creen que hay algo mágico en saber cuándo, con precisión al minuto, y por dónde va a salir la Luna Llena.

Desde muy antiguo  magos, sacerdotes, chamanes y astrólogos reconocieron patrones cíclicos en los cielos pasados. Con nuestra mayoría de edad como humanidad esto se convirtió en Ciencia y se formularon leyes universales que permitieron predicciones futuras verificables. Con este pasado y este futuro, la Luna siguió siendo objeto de nuestros sentires y deseos. Alzando nuestra mirada a los cielos desarrollamos una doble perspectiva al reconocer que somos parte de ese Cosmos que contemplamos. El Cosmos participa en nosotros y nosotros participamos en él.

Los aparatos del pensar, dice Campelo, han instalado en nuestra mente que el pasado condiciona y hasta determina los acontecimientos del presente. Así como la historia nos entrenó a pensar el pasado como condición y límite, es también posible creer que el futuro es factor, potencia, posibilidad o camino. No hay futuro pero nos comportamos como sí lo hubiera, como si existiera.

Existen futuros que llegan implacablemente, como la salida de la Luna Llena, aunque algunos todavía lo duden. Y futuros activamente convocados y créanme que este no es el caso de este coordinador con el momento preciso de la salida de la Lunas Llenas pero si en la realización del taller. Hay futuros como predestinación inerte y futuros como manifestación de la capacidad creativa de sus dueños. Pero todavía muchos no se han dado cuenta y transitan impensadamente estas dos perspectivas cósmicas.

De allí derivan cadenas de actos y significados que adquieren y dan sentido. Pasado y futuro, junto con los deseos, son fuentes de sentido. Para aquellos inclinados por el pasado la libertad humana será acotada y restringida. Para  aquellos inclinados hacia el futuro, todo es posible, basta con desearlo.  El antes será pues, la zona en que extendemos nuestras raíces, el después, el lugar hacia a donde crecen nuestras ramas, hacia a donde apuntan nuestras alas al decir de Campelo.

Desear nos remite al querer y al creer. Se cree en el ser siendo. Y se cree en el ser posible. Al creer, construyo la posibilidad de realización de ese ser que todavía no soy, de ese ser futuro. Lo deseado no es del orden del mero ser, pero tampoco del no ser. Lo que deseo están en el orden de lo que todavía no es pero que será. Y lo que será,  será en parte lo que deseo. Y más será  cuanto más lo deseo, cuanto más atento esté yo a mi propio deseo, más me lo afirme, más lo reconozca, más lo funde, más lo legitime, más lo haga acto.

Cuando ese creer acciona en el sujeto, eso es la esperanza. Cuando ese creer acciona en el otro,  en los otros o en acontecimientos, eso es espera. La esperanza tiene más posibilidades de realización que la espera además de los beneficios derivados del esfuerzo orientado a lo que se desea. Un mundo de actos que instalan nuestro deseo en el proceso de constitución de lo real.

El entorno dentro del cual vivimos es, parcialmente, el resultado de nuestras decisiones y preferencias. La única manera de dar sentido a nuestras vidas empieza por definir un límite posible a nuestra experiencia donde nuestro propio deseo acciona. El deseo es un plus del sujeto. Nos moviliza y nos amplía. Nos afirma. Así crezco, multiplicando el mundo con la capacidad de acción prospectiva organizada sobre mi deseo. Sostenido por nuestro deseo va la posibilidad de sentido.

Yo deseo un mundo con sentido.
Yo deseo la Luna.

Jorge Crom
Coordinador de los talleres 13 LUNAS y CARPINTERIA DE SUEÑOS
Programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano.

PD: Si querés ser ayudante de alguno de estos talleres asistí a ellos (Ver horarios y lugares en el boletín del Programa).

CARLOS CAMPELO NOS SIGUE ACOMPAÑANDO

Editorial
CARLOS CAMPELO NOS SIGUE ACOMPAÑANDO

Otro año más ha pasado desde aquel 15 de septiembre de 1997, cuando nos dejaba Carlos Campelo.
Es extraño, parece que fue hace tanto, y a la vez son tan vívidos los recuerdos de la parte de su vida que  compartió con nosotros, allá por los tiempos iníciales del Programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano.  

Desde aquel día, hace ya 18 años,  muchísimas personas se integraron a nuestro programa sin saber quién era aquel hombre que se nombra tanto en los talleres  y cuyas frases reales, y a veces apócrifas, nos tutelan cada día generando esa sensación  que nos sigue acompañando tras tanto tiempo de fallecido.

En general hemos sido sobrios en el recuerdo de su persona. Es que creo que es un deber priorizar la vitalidad de su legado expresado en actos, por sobre la noción “bronce” de su personalidad. A Carlos le gustaba ser reconocido, pero más le gustaba saber que su legado era una red comunitaria sustentable, que marcó y sigue marcando época dentro de lo que es la Salud Mental Pública de nuestro país. Por eso creo que la más noble y genuina memoria de Carlos Campelo se expresa en el hecho de que la red que fundó sigue vigente y saludable, en sintonía con su ética, la que ve al ser humano como un ser potente y deseante, unido a los otros de manera esencial a través de la “buena vecindad”.

Todavía cuesta imaginar desde dónde pudo sacar Carlos las fuerzas para ser tan original en su enfoque y en la puesta en práctica del mismo, dentro del paisaje de las instituciones ligadas a la salud mental en la órbita comunitaria. Para quienes nos interesa el trabajo desde la potencia ciudadana en clave de salud mental, es apasionante entender que, en un medio en el que lo comunitario muchas veces se asocia a la victimización y a la carencia, Carlos Campelo propuso hablar de lo que se puede, de lo que se tiene y, sobre todo, de lo que se quiere, a la hora de describir a una población que, aunque con problemas, no deja de ser saludable. Menos lucha, más gestación, civismo, ética, ganas, presencia, ley, amor… con esas u otras palabras similares en espíritu, Campelo generó una red que navega aun hoy  en esos valores, acumulando décadas con  gran entusiasmo.

Campelo en aquellos tiempos se las tuvo que ver también con el paradigma privatista de la Salud Mental, que veía en toda acción comunitaria un potencial  “filón” para derivar pacientes hacia consultorios individuales y pagos, como si esos nichos fueran la única manera de lograr salud. Él fue de los que prestigió el trabajo grupal y vecinal, promoviendo la salud desde un enfoque mucho más integral y abarcativo que el meramente asistencialista y profesionalista.
Demoraron los profesionales en darse cuenta de que promover la salud a través de una gesta solidaria de acompañamiento y ayuda recíproca no atenta contra nada, simplemente sintoniza con la esencia de la red anímica de cualquier pueblo, y desde allí, si alguien quiere hacer terapia, pues la hará, sin que jamás su participación en un grupo lo impida.
A la vez, como digo arriba, Carlos  navegó sin ahogarse entre voces que clamaban por lo popular, pero viendo en este concepto una lucha desde la queja y la descripción minuciosa de la impotencia, más que una acción ciudadana de solidaridad y afecto que pone en el compartir anímico la esencia de la salud comunitaria.

Campelo habló siempre de “gente pudiente”, lo que lo hizo sospechoso en los medios habituados a la condescendencia y a la victimización como rasgo de identidad de todo lo popular. Descubría el poder de la gente, ese poder cotidiano, franco, íntimo, básico, rotundo, que se ve en los grupos, en las acciones y afectos compartidos, y en la capacidad de potenciar el deseo de todos, que es lo mismo que potenciar las ganas de vivir, de crecer, de amar y trabajar para desplegar el alma en acción.
Describir a una persona o a un pueblo no es describir sus impedimentos y flaquezas solamente, sino sus deseos y posibilidades,  aun en medio del más adverso de los escenarios. Por eso creo que Carlos Campelo está todavía en vías de ser descubierto en su real dimensión, y será valorado del todo cuando no solamente se lo conozca por aquel que hizo los “talleres del Pirovano” sino como alguien que fue y sigue siendo uno de los pocos que, décadas atrás y cuando nadie promovía ese tipo de miradas, salió del discurso inteligente pero agobiado de la impotencia, para descubrir, aun dentro del dolor y la dificultad,  la semilla de salud que nos constituye.
Los que no lo conocieron, ven su obra y en ella descubren su espíritu. Lo ven también en la red de talleres, y en la vida misma, cuando ésta es percibida con los ojos del optimismo, la solidaridad, la capacidad de autocritica y la buena fe, valores del compartir que nos permiten estar juntos con entusiasmo.

Los años transcurridos nos corroboran que en ese estar juntos encontramos el sentido profundo de todo, sentido que no es una idea, sino una experiencia llena de vitalidad, sencilla, honda, cotidiana, trascendente y….linda, como un taller,  creado para compartir, pasarla bien, y oxigenar el alma al salir de la soledad,  junto a nuestros vecinos.

 MIGUEL ESPECHE
 Coordinador General

TALLERES DEL ALMA. (síntesis del reportaje a Carlos Campelo en la Revista Viva)

Por primera vez en un Hospital público funcionan más de doscientos Talleres de Autoayuda.
El mal de amores, La depresión del Domingo por la tarde, El suicidio, Talleres para Abuelos, para Padres con Hijos adultos o a la vejez son apenas algunos de los títulos de los talleres que en forma gratuita funcionan de Lunes a Lunes en el Hospital Pirovano. Su creador es el Licenciado Carlos Campelo, un polémico profesional que define estos encuentros grupales como un camino de recuperación.
Los grupos del Programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano buscan el crecimiento y desarrollo personal de sus miembros, a través del intercambio de experiencias y opiniones alternativas. Como lo expresó el Lic. Carlos Campelo, “cada uno de nosotros puede hacer de sus nanas, dificultades y temores, un buen motivo para enriquecer la vida”.
 Los talleres del Programa de Salud Mental Barrial funcionan en bares de alrededor  al Pirovano y en otras zonas.
Son tantos que el hospital no puede albergar a todos.
Hay talleres por la mañana, la tarde y la noche, todos los días de la semana, todos los meses del año. El programa comenzó en 1986 con un taller de orientación vocacional.
Los talleristas, por lo general, son vecinos de los barrios de Saavedra, Belgrano, Coghlan y Colegiales. Actualmente vienen de otros barrios.

La penas de amor tienen alivio en el Hospital Pirovano
- Programa de Salud Mental Barrial-


Nadie paga ni cobra por asistir a los Talleres. El creador de estos grupos de autoayuda el Psicólogo Carlos Campelo  falleció en 15 de Septiembre de 1997 y desde entonces el Lic. Miguel Espeche es el Coordinador General del Programa.

Leer a Carlos Campelo

       Leer a Carlos Campelo es disfrutar de ser humano, de ser-con-otros. Es mirarse en el espejo y no ver la propia imagen, sino la imagen de una comunidad viva trabajando y trabajándose con intensidad, valorando todos los espacios, las presencias, las ausencias. Significa vencer los miedos propios y comunitarios para vernos  completos, capaces de vencer nuestros propios límites, abriendo fronteras, derribando muros, dando la palabra a los silencios y a las sombras que anidan, ignorados, en nuestro interior, sin prisa pero sin pausa, con los tiempos del espíritu.
Leer a Carlos Campelo es dejarlo acercarse a nosotros, abrir los pliegues del corazón para que su presencia nos hable en libros, en la web, en los que tuvieron el privilegio y la alegría de conocerlo. Escucharlos es sentir vibrar la pasión de Campelo por un camino en el amor de una comunidad que sigue avanzando hacia un horizonte donde no faltan los obstáculos, los recodos, las contradicciones, pero también, la paciencia atenta, la persistencia renovada, la escucha inteligente, la risa compartida, la mirada que va más allá de las palabras. Por eso es tan valiosa la presencia de aquellos que compartieron esa etapa fundante del Programa, porque en ellos habitan los genes espirituales de Carlos Campelo.
Leer a Carlos Campelo es sentir nuestras potencias como personas y como comunidad, esa que él soñó, construyéndola-con-otros y que sus propias palabras la definen: “Una comunidad bien habida no es un coro homogéneo, no es un regimiento que desfila de a cuatro en fondo, un dos, un dos. Una comunidad es uno de esos mejunjes de ir y volver, de disentir y unirse, de acordar y estar enfrentados, que nos ha llevado a decir, desde aquel doloroso 18 de julio del 94, "Sigamos juntos, aunque no estemos de acuerdo". (Porque acordar, de a-cordis, significa juntar los corazones, y nosotros, en el Programa Salud Mental Barrial, si no podemos juntar los corazones juntaremos las manos, o las voces, los movimientos, o el deseo – que es uno solo siempre: crecer, y ser feliz, que es la única razón para filosofar, dice San Agustín – o las almas, que no pueden estar sino juntas, y "al sol". (Alma que no se junta con sus prójimos, y prójimos que inventan enemigos y rivales, no son almas, no son prójimos,).
       Para nosotros, "todo es común" (…)una comunidad, un lugar de comunes, un lugar en donde para ser hay que ser con otros, más allá de las cuatro paredes de mi living, un lugar en donde, cuando decimos nosotros, nosotros es nuestra mejor forma de decir yo, un lugar en el que sabemos por propia experiencia, que nadie puede ser feliz en un pueblo que no se realiza, un lugar en el que cuando alguien llora, por ese dolor sin fin que le ocupa casi toda la vida, llora para su bienestar, y con él, produce bienestar a quienes la vemos llorar, y algunos, hasta desconocidos, ya listos para acompañarla, preparan los pañuelos”.(..) Por eso reclamamos que nuestro programa de salud mental barrial sea entendido como un programa de salud y crecimiento comunitario, o de animación barrial, por eso del ánima, o el alma, ¿recuerdan?, o de cultura barrial, por lo que de cultivo y cuidado tiene la cultura. Bueno; pero lo que yo quería es decir que, contrariamente a lo que piensan muchos "trabajadores comunitarios", que creen que pueden ir a algún lugar a "hacer comunidad", la comunidad bien entendida empieza por casa, que nadie puede hacer "comunidad" desde otro si no la hace desde sí, y que no es un requisito sine qua non ser pobre de toda pobreza para hacer un proyecto comunitario. Las familias de barrios "acomodados", o de clases medias, o de buen pasar, o de "si hay pobreza que no se note", algunas de esas familias, decimos que somos una comunidad, casi tanto como los vecinos sensibles de Flores o de Palermo, esos compañeros”.

Coordinadora Elvi Palacios
Taller de Coordinadores de V.Pugnali-M.Couriel